Reconstruyendo a Gabo: cuatro escritores dan su versión del Nobel

Reconstruyendo a Gabo: cuatro escritores dan su versión del Nobel

Aída García Márquez, Plinio Apuleyo, Gustavo Castro Caycedo y Óscar Pantoja hablan sobre Gabo.

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17 de abril 2013 , 10:28 p.m.

Sus brillantes narraciones, su magia y la vitalidad de una pluma que permanece, han hecho de Gabriel García Márquez un escritor más que entrañable. Cada lector tiene su versión sobre él, lo siente cerca de una manera distinta. Por eso invitamos a cuatro escritores -que han tenido una relación directa con él o que han estudiado su obra- para que nos cuenten su percepción particular del Nobel.

'Gabo, el mago', por Plinio Apuleyo Mendoza.

'La novela de Gabo en Zipaquirá, donde lo hicieron escritor', por Gustavo Castro Caycedo.

‘No conozco a García Márquez’: por Óscar Pantoja

'Las fuentes de su magia', por Aída García Márquez

Cierro los ojos para ver claramente a mi hermano mayor en el centro de aquel patio de su infancia. Y pensar qué factores influyeron en su personalidad y en su inagotable imaginación de escritor.

Una de las influencias en su formación, sin duda, fue el método utilizado en el Colegio Montessori en donde cursó sus años infantiles; este le dio oportunidad al desarrollo de sus sentidos.

Con los ejercicios de silencio se educaba el oído; el tacto palpando superficies lisas y ásperas; el desarrollo de la vista utilizando loterías, rompecabezas y figuras con ausencia de detalles para distinción de cuál faltaba; el sentido del gusto se educaba diferenciando sabores de frutas.

El orden de las aulas llevaba a la educación del gusto estético. La disciplina bien utilizada lleva a la puntualidad, exactitud, al control del tiempo, al orden, a la buena presentación, a la limpieza.

La revisión diaria de limpieza personal: oídos, manos, uñas, vestido, etc.

El elemento principal del aula era el profesor. Su pulcritud, su modo de actuar en todas las acciones, su ternura, su delicadeza y sumado todo esto a la belleza y el cariño para tratar infantes, hacen de la escuela el paraíso y la alegría para nunca olvidar el aprendizaje.

Todo lo anterior logró en Gabito un modelo perfecto para aprender y estimular su mente infantil, agregando a esto la presencia de la profesora en la casa de los abuelos en los cumpleaños, visitas y fiestas.

El entorno familiar: Gabito recibió a plenitud la influencia positiva de los abuelos. El abuelo Nicolás lo escuchaba, lo atendía, le aclaraba dudas, le enriquecía su vocabulario con explicaciones claras a la medida de sus inquietudes de niño que iba descubriendo la realidad con pasos avanzados, llenándole la mente con ideas claras que le quedaban latentes para enriquecer su futuro y para que no le quedaran inquietudes.

Las historias de la Guerra de los Mil Días colmaban su curiosidad y las fue almacenando en su extraordinaria memoria, y sobre todo que le eran interesantes porque fueron acontecimientos vividos por su propio abuelo.

Los cuentos representados por tantas mujeres que lo rodearon con verdades y mentiras y otras con fundamento, como las lecturas de las tiras cómicas, que además de despertarle el deseo de leer, le ayudaban a razonar el contenido. Las lecturas de libros como Las mil y una noches y las fábulas llenas de realidades y fantasías que contenían los cuentos de los Hermanos Grimm, que daban la oportunidad de soñar, de sentirse reyes, príncipes, héroes, y de todo aquello que tenía a la mano en el cuarto de los baúles donde Sara Márquez, la prima, había dejado cuando estudiaba en el Colegio de la Presentación de Ciénaga.

La alimentación al cuidado de mi abuela Tranquilina: pollito asado al carbón, huevo tibio blando con un poco de sal, sopas de fideos con pedazos de guineo verde y ñame. La cocoa o chocolate en leche acompañado con galletas fabricadas en la propia casa, que nos servían a las cuatro o cinco de la tarde cuando sonaba el trueno en la Sierra Nevada.

La atención esmerada de mi tía Elvira, tía Pa, que bordaba en su máquina de coser rodeada de sobrinos preguntando: "¿De dónde sale el hilo que sale debajo de la máquina? ¿Por qué cuando pasas el hilo no te pinchas el dedo con la aguja? ¿Cómo se llama la muñeca que está pintada en el librito donde están las partecitas de la máquina? Y ¿por qué? Y ¿por qué?". En esos momentos entraba Wenefrida, Nana, que tenía un gran sentido del humor, a burlarse de todo cuanto preguntábamos y a distraernos y dejar en paz a la pobre tía Elvira de tanta preguntadera.

Luisa Santiaga pechichaba a toda hora a Gabito cantándole las canciones de la época: "este es el fado, fadillo, fadeiro tan colosal y original, lleva en sus notas canciones del alma, brisas de Portugal". Y a veces lo dormía con cantos inventados: "El pollito asadito me lo como con Gabito".

Cuando Gabito ya era considerado como el mayor, se lo hacían sentir, y se notaba porque daba órdenes como lo hacía con sus compañeros en la escuela primaria donde ya estaba estudiando.

Cuando pedía dinero a mi mamá para comprar cualquier golosina decía: "Dame dinero para comprar, para que veas que se te quintuplica". Y realmente se le cumplió, porque cuando creció siempre tenía para darle a mamá lo que le pedía.

La abuela Tranquilina influyó en la parte supersticiosa y sobrenatural, propia de sus ancestros guajiros. Creía en fantasmas, brujas, seres del otro mundo. Todas esas historias que creía se las contaba a Gabito, con su cara de palo como si todo este mundo fantástico e irreal fuera de verdad.

La influencia de mi papá con respecto a Gabito, no la recibió con trato personal porque su infancia fue en la casa de los abuelos. Su amor a nosotros lo demostró con su ejemplo, nunca lo vimos embriagado, ni fumando. Se preocupó por darnos siempre una casa para vivir. Le gustaba referirnos cuentos, inventados muchas veces por él. Nos dejó también el sentido del humor, la lealtad y la honradez en el manejo del dinero. Fue un lector asiduo y también le gustaba escribir y lo hacía muy bien. Tocaba el violín, le gustaba el piano, la poesía y las artes. Poseía una gran visión del futuro, quería que todos estudiáramos inglés y decía que las gaseosas y los jabones serían las empresas que más florecerían. Le encantaba que todos estudiáramos y decía: "La verdadera aristocracia es la del talento". Aun cuando quería que Gabito estudiara Derecho, fue feliz y se sintió orgulloso de los triunfos de sus hijos, de sus capacidades y se llenaba de orgullo hablando de su hijo Gabriel José, y tuvo la dicha de disfrutar la felicidad del Premio Nobel de Literatura que ganó Gabito.

Tomado del libro Gabito, el niño que soñó a Macondo.

Hablando de Gabo en la Feria del libro

Mañana, de 7:00 a 9:30 p.m. en el auditorio José Asunción Silva, en Corferias, Aída García Márquez, hermana de Gabo y autora de Gabito, el niño que soñó a Macondo; Plinio Apuleyo Mendoza, amigo del Nobel y autor de Gabo, Cartas y recuerdos; Gustavo Castro Caycedo, autor de Gabo: cuatro años de soledad, y Óscar Pantoja, guionista de la novela gráfica Gabo: memorias de una vida mágica, conversarán sobre la vida y obra del escritor. La tertulia será moderada por Fernando Quiroz, e invitamos a nuestros lectores a que no se pierdan este encuentro en el que se homenajeará a uno de los más grandes de la literatura.

REDACCIÓN CARRUSEL

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