El hambre de gloria de los hermanos Cuero, luchadores olímpicos

El hambre de gloria de los hermanos Cuero, luchadores olímpicos

Aidé, Jaír y Úber pasaron días sin comer, pero ya suman más de 80 medallas en lucha olímpica.

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03 de abril 2013 , 09:58 p.m.

En sus primeros campeonatos nacionales, hace 9 años, a la bogotana Aidé Maryory Cuero Muñoz la sorprendía más la abundancia de la comida que sus contrincantes. “Me sentía rara por las comodidades de los hoteles, viendo las limitadas condiciones en las que crecí. Como no estaba acostumbrada a ver tantos alimentos, al principio les regalaba comida a mis compañeros”, cuenta.

Esta joven, de 21 años, junto con sus corpulentos hermanos, Jaír Alexis, de 19, y Úber Euclides, de 18, se crió en medio de necesidades. La comida escaseaba.

Los hijos de Carlos Segundo y Luz Estela llegaron hace 13 años a Bucaramanga. Salieron de Pereira donde Carlos Segundo, un fornido tumaqueño, se echaba a la espalda elementos de construcción, luego de haber cargado troncos en un aserradero en Medellín. También probó suerte en Bogotá, donde las cosas no resultaron.

Con muy poco dinero, los Cuero Muñoz se instalaron en una pequeña habitación en la capital santandereana, donde dormían en dos camas. Estaba en un barrio en el norte de la ciudad, donde pululaban delincuentes y se formaban las primeras pandillas de jóvenes, que eran ‘reclutados’ para delinquir.

Jaír, nacido en Medellín, el más alto de los tres, recuerda que la situación era tan complicada que sus padres no los dejaban salir a la calle y los encerraban mientras ellos buscaban “unos pesitos” para sobrevivir.

“El ambiente era muy pesado y aun así caminábamos hasta la escuela. Hace poco me enteré de que dos vecinos de infancia fueron asesinados y otros están detenidos. Pese a nuestra difícil situación nunca caímos en malos pasos”, relata Jaír, de marcados abdominales, brazos largos y espalda ancha, herencia de su padre.

Recuerda que cuando su papá conseguía trabajó como albañil podían comer una o dos veces al día. Cuando no había trabajo, pasaban días sin probar bocado.

Cita con el destino

En 2004, cuando el mercado de los Cuero se componía de salchichón, arroz, huevos y lentejas, la vida les dio un respiro. Sergio Arias Herrera, curtido entrenador de lucha olímpica, con 17 años de experiencia, pasó por varias escuelas oficiales de la ciudad buscando prospectos para los equipos locales.

El santandereano distribuyó volantes para un selectivo de lucha olímpica. Jaír encontró uno de esos papeles en el piso de su escuela y se animó. La falta de dinero para llegar a la cita lo frenó inicialmente, pero el entonces niño de 9 años caminó dos horas para llegar a la Unidad Deportiva Alfonso López, en el oriente de Bucaramanga.

Allí, con más de 200 niños, tuvo su evaluación frente al ‘profe’ Arias.

“Jaír, un niño tímido, sobresalió por la contextura física que, al igual que sus hermanos, heredó de su padre. Aunque flaco, era ‘pastudo’, alto y con buena fibra muscular, elementos esenciales en la lucha”, recuerda el entrenador.

Fue seleccionado y, además de su alegría, contagió a sus hermanos, Aidé y Úber, para que probaran suerte. Arias, sin dudar, los escogió para su equipo.

Desafiando la inseguridad donde vivían y sin dinero siquiera para una bolsa de agua, los Cuero caminaban todos los días cuatro horas para ir al coliseo a aprender técnicas de lucha olímpica. Luego, regresaban a la habitación donde, apretados, vivían con sus padres y su hermana menor.

“Cuando los conocí, su comida después de entrenamientos era aguadepanela con maíz pira (crispetas) porque rendía más y reemplazaba el pan, que no podían comprar. Los fines de semana se iban para las plazas a cargar mercados a los taxis, en busca de algunas moneditas”, apunta Arias.

Triunfos con hambre

Alentados por la disciplina de sus hijos, Carlos Segundo y Luz Estela abandonaron el norte de la ciudad y se mudaron al barrio Comuneros. Su nueva casa era un garaje, acondicionado con incómodas habitaciones. El atraso con el pago de los arriendos los hizo salir de allí al poco tiempo. “Por sus condiciones los incluimos en las delegaciones departamentales que viajaban a torneos nacionales y me sorprendió que en los primeros hoteles no se comían la carne y la regalaban porque no estaban acostumbrados a consumirla todos los días”, agrega el ‘profe’ Arias.

Con sus recursos, el entrenador les consiguió trusas y zapatos para integrar los equipos de Santander. “De entrada ‘pegaron’ con triunfos y de ahí en adelante oro, oro y oro”, celebra Arias.

Tras ganar de manera consecutiva cuatro Juegos Intercolegiados Nacionales, entre el 2009 y el 2012, los tres han triunfado en las categorías infantil, cadetes, júnior y mayores de todos los torneos en los que han participado en el país.

Aidé, con un cuerpo tonificado que cualquier modelo envidiaría, fue campeona de un torneo internacional en Venezuela, en el 2010, y en el 2012 subcampeona suramericana en Perú. Jaír logró plata en los Intercolegiados Centroamericanos y del Caribe, en el 2007; bronce en los Panamericanos del 2012 en Guatemala, y ese mismo año representó a Colombia en el Mundial de Lucha en España.

Úber, pereirano, se impuso con preseas de bronce en los Intercolegiados Centroamericanos y Panamericanos Juveniles, en los que participaron sus hermanos, en el 2007 y el 2012.

Ayuda interrumpida

Su talento y sus triunfos les abrieron las puertas, hace dos años, del Programa de Apoyados, categoría Élite, del Instituto Departamental de Recreación y Deportes de Santander (Indersantander). Reciben como estímulo dos salarios mínimos, efectivos mientras esté vigente el programa.

Pero la alegría que trajo esa ayuda se opacó con la muerte del mayor de los luchadores: su padre. La fortaleza de Carlos Segundo, que dejó en el ADN a sus hijos, se vio superada por un paro cardiaco, en octubre pasado.

Para los Cuero reapareció sobre el tapiz su más viejo rival: el dinero. Desde diciembre no reciben apoyo económico porque el convenio aún no está vigente este año.

“A la tristeza de perder de manera repentina a su padre, de apenas 54 años, se suma la tensión por deber tres meses de arriendo donde viven, en un apartamento en el barrio San Francisco, y donde hasta hace dos años dormían en el suelo”, se lamenta el ‘profe’ Arias.

William García, director de Indersantander, que hace un mes asumió el cargo, asegura que este mes se reanudaría el programa que se hace efectivo con recursos provenientes de la Gobernación de Santander.

Ante esta nueva adversidad, el entrenador Arias, quien considera a los Cuero como sus hijos, sigue siendo su ‘ángel guardián’.

Muy puntuales, los tres hermanos intensifican sus entrenamientos, dos veces al día, entre las 7 y las 10 a.m. y las 4 y las 7 p.m. Son los primeros en llegar a un viejo y vetusto coliseo donde el deteriorado escenario lo comparten con yudocas, en espacios separados por mallas rotas.

Así como las competencias sobre el tapiz, Aidé, Jaír y Úber comparten el sueño de estudiar. Hasta ahora, ella ha sido la única que reunió dinero para matricularse en las Unidades Tecnológicas de Santander (UTS), donde estudia Tecnología Deportiva. Jaír y Úber quieren seguir sus pasos y esperan ingresar en el segundo semestre de este año, a esa carrera.

Un obstáculo más les salió en el camino: la posibilidad de que la lucha deje de ser deporte olímpico. Aun así, los Cuero rezan por representar al país en estas justas.

La menor de la familia, Elsy Katherine, de 18 años, como sus hermanos, espera ser figura en el deporte. Por eso, desde el 2012 entrena para aprender a luchar no solo en el tapiz sino por su supervivencia, como lo hacen a diario Aidé, Jaír y Úber.

FÉLIX LEONARDO QUINTERO
Corresponsal El Tiempo.

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