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Evangelio para un homosexual

Evangelio para un homosexual

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de abril 2013 , 04:31 p. m.

"Porque nos creemos capaces de condenar a nuestros hermanos, perdónanos Señor", dijo en voz alta el sacerdote católico el Viernes Santo en el templo, ante un pequeño grupo de feligreses que iniciaron con él la procesión del viacrucis.

Yo observaba desde el balcón y recordaba aquellos años de mi niñez y juventud cuando en mi católica ciudad era tradición estrenar de pies a cabeza para salir a acompañar al Crucificado en su recorrido. Multitudes humanas caminábamos por nuestra parroquia, bajo el sol o la lluvia, en una actitud de recogimiento. Hoy, tres décadas más tarde, la población ha crecido, pero los peregrinos que van por las calles, tras la cruz, son menos.  Sin embargo, el sacerdote sigue levantando la voz, esta vez para decir: "Reciban a Dios en su corazón, conozcan su Evangelio y háganlo vida; verán entonces qué feliz y productiva se hace la existencia".

Entonces yo tomo la Biblia en mis manos y busco alguna cita donde el Dios del catolicismo diga: "Apedread a las personas homosexuales, condenadlos, son los enemigos de la fe y de la sociedad". En vano. En cambio, leo sobre el perdón a la mujer adúltera y sobre el repudio a los fariseos, a los sepulcros blanqueados, a los que "miran la paja en el ojo ajeno y no descubren que tienen una estaca en sus ojos".
Por las calles se escucha a los lejos el cántico de las letanías de Semana Santa y más mensajes evangélicos del sacerdote: "Ayudad a nuestros hermanos necesitados de amor y de consuelo... Padre Nuestro que estás en los cielos, hágase en mi tu voluntad...".

Mi hijo adolescente se despierta para preguntar cuál es el escándalo que se escucha afuera. Y la procesión se aleja, como se alejan de su vida aquellos ritos y aquellos cánticos que no le llegan porque pertenecen, dice él, a un mundo que no es el suyo. En su cuarto, los pregones de Semana Santa son reemplazados por los titulares de las noticias: "Si antes del 20 de julio el Congreso no legisla sobre el tema, se aplica el mandato de la Corte Constitucional de declarar como Vínculo Contractual Solemne a las uniones gay ante los notarios".  Bendita sea la Corte Constitucional porque, ante la oposición de la Iglesia católica, buscar aplicar en Colombia ese Evangelio que el sacerdote de mi parroquia acaba de proclamar pero no practica: "Porque nos creemos capaces de condenar a nuestros hermanos, perdónanos Señor".

El rechazo a los matrimonios homosexuales tiene nombre propio: Iglesia católica. Sobre el tema hay debate en el mundo. "El papa Francisco acaba de besar los pies a unos jóvenes infractores, en Roma", anuncia otro titular en la televisión. Muy bien. ¡Qué feliz me siento! ¡Una nueva mirada ante estos muchachos que no son victimarios, son víctimas de una sociedad que les niega todo! Pero, esta noche, cuando lleguen las tradicionales Siete Palabras, el papa, allá en Roma, y el sacerdote, acá en mi Iglesia, ¿dirán por fin que los hermanos y hermanas homosexuales merecen que sean respetados todos sus derechos, incluso el de unirse en matrimonio y amarse y heredarse? Necesitamos la espiritualidad, amo la espiritualidad, pero busco en vano una Semana Santa donde en la puerta de la Iglesia, la procesión que acaba de regresar termine con mensajes más coherentes, más acordes con la verdadera hermandad y justicia. Aquella que aplica el evangelio de amor también a las personas homosexuales.  Perdona Señor a los hipócritas porque no saben el mal que hacen.

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