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Francisco, el papa de la esperanza

Francisco, el papa de la esperanza

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
01 de abril 2013 , 11:34 a. m.

Desde el mismo día en que resultó elegido para ocupar la sede vacante dejada por  Benedicto XVI, el papa Francisco ha dado muestras de humildad que le han permitido conquistar el corazón de millones de católicos en todo el mundo. Su aparición en el emblemático balcón de la basílica de San Pedro, que se produjo casi una hora después de su escogencia en el cónclave, fue una oportunidad para exhibirse como un pontífice alejado de la pompa que caracteriza los actos en el Vaticano. En tres palabras que expresó con sinceridad: "Recen por mí",  el nuevo papa demostró que va a ser un pontífice sencillo, muy de nuestra época, centrado en su misión espiritual. Un papa consciente de la enorme responsabilidad que tiene como guía de una iglesia que está llamada a renovarse si no quiere seguir perdiendo seguidores.

En esa primera aparición en público del papa Francisco, llamó la atención de los observadores el hecho de que el romano pontífice apareciera en el balcón de la basílica de San Pedro sin tres elementos que son característicos en la indumentaria papal: la esclavina sobre los hombros, la estola alrededor del cuello y el crucifijo de oro que pende sobre el pecho. Este último lo cambió por una simple cruz metálica. En la ceremonia de ascenso al papado, celebrada el martes siguiente a su elección, el Santo Padre volvió a mostrar su rechazo a las vanidades del poder. Esa mañana apareció ante las cámaras del mundo luciendo unos zapatos negros, de cordones, no las tradicionales sandalias rojas con bordes dorados que siempre lució Benedicto XVI.

Son muchas las demostraciones de humildad que durante los primeros días de su papado ha dado el que durante muchos años fuera, con la investidura de cardenal,  el arzobispo de Buenos Aires. Pero el detalle que más llamó la atención fue renunciar a que el anillo del Pescador, símbolo de su poder en la Iglesia, fuera elaborado en oro macizo. A cambio, le fue impuesto un anillo hecho en plata dorada. ¿No habla bien este gesto de un papa que quiere acomodarse a lo que pregonó Jesucristo en el sentido de que la Iglesia no necesita de tanto boato para pregonar su evangelio? El papa Francisco está demostrando, con sus actitudes,  que quiere devolverle a la Iglesia católica la austeridad perdida. Es decir, le está enviando al mundo un mensaje inequívoco de identidad con los más necesitados.

Nunca en la historia del Vaticano se había visto un sumo pontífice que rompiera el protocolo. El papa Francisco lo ha hecho en varias oportunidades. La que más impresión causó fue la del momento en que, al salir de una celebración eucarística en una iglesia de Roma, se acercó a la multitud para saludarla. Esta fue una demostración de sencillez. Como lo fue el que, durante su recorrido por la Plaza de San Pedro el día de su primera bendición 'Urbi et Orbi', descendiera del papamóvil para besar a un inválido, o para alzar en sus brazos a un niño. ¿No es este un acercamiento formal hacia la feligresía, que muestra a un papa más humano, consciente de que la Iglesia debe acercarse más a los fieles? Un papa así, alejado de toda pompa, le devuelve a la Iglesia la confianza de los creyentes.

Los medios de comunicación han hablado sobre la forma austera como vivía en Buenos Aires el cardenal Jorge Mario Bergoglio. El diario 'La Nación', de Argentina, publicó una excelente crónica sobre el nuevo papa, donde destaca la sencillez que lo caracterizó como cardenal. Según el relato, Jorge Mario Bergoglio residía en una vivienda sencilla, sin ostentaciones; se transportaba en el metro, no tenía carro y mantenía un bajo perfil. No hacía alarde de su dignidad. Y como cualquier ciudadano, cruzaba las calles bonaerenses caminando, ante la sorpresa de quienes lo saludaban al verlo pasar. Una ciudadana anónima contó cómo una vez le cedió el paso cuando, en un semáforo, el prelado esperaba para cruzar la calle. Ella se sorprendió al verlo entrar a una droguería.

Lo que ha venido ocurriendo alrededor del nuevo pontífice es sintomático del revolcón que el papa Francisco le va a dar a la Iglesia católica. El catolicismo ha encontrado, por fin, un papa que despierte la esperanza. Porque ha hablado en un lenguaje sencillo sobre la necesidad de que la Iglesia ponga su mirada en las causas sociales. Porque está pregonando que hay que combatir la pobreza extrema. Porque está enviándole a los gobiernos del mundo un mensaje donde exige que debe haber una distribución más equitativa de la riqueza. Por todas estas razones es que el papa Francisco merece el título de Papa de la Esperanza. Porque en su labor como líder espiritual están cifradas las esperanzas de que la Iglesia esté del lado de los desamparados, como lo estuvo Jesucristo. 

 

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