'Uribe es una amenaza para la paz': Mininterior

'Uribe es una amenaza para la paz': Mininterior

Fernando Carrillo dice que Pastrana no tiene credenciales para dar lecciones de paz.

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30 de marzo 2013 , 09:36 p.m.

El ministro de la política, Fernando Carrillo, se consagró esta semana como el más aguerrido escudero del presidente Juan Manuel Santos, pero por cuenta de ese papel terminó enfrentado, casi solo, a los expresidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, los contradictores más feroces del actual gobierno.

A Carrillo, que irrumpió imberbe en la política en la década del 90 como promotor de la Séptima Papeleta que desembocó en la nueva Constitución, no se le conocían esos dotes, pero esta semana mostró su casta.

En esta entrevista con EL TIEMPO Carrillo aseguró que sobre Pastrana va a pesar más su equivocación que terminó con la pérdida de una porción de mar en el Caribe que el engaño del Caguán; y sobre Uribe dijo que es una amenaza para la paz colombiana.

¿Por qué el expresidente Pastrana lo señaló a usted de haber sido el camarero de Pablo Escobar?

El ex presidente Pastrana ha hecho de la mentira una forma de reencaucharse políticamente. Quiere superar su baja popularidad, que es de las más altas del país, atacando el proceso de paz y a quienes lo defendemos.

¿Es solo un insulto o tuvo usted alguna atención con el capo, para que Pastrana diga eso?

En absoluto. Cuando asumí el Ministerio, Pablo Escobar estaba en la cárcel y hasta cuando salí del Ministerio, Escobar seguía en la cárcel. No tengo nada de qué avergonzarme, ni nada que esconder. En lo que sí tuve que ver con Escobar es que como Ministro de Justicia presidí el Consejo Nacional de Estupefacientes que diseñó el primer plan integral contra el narcotráfico y con el que se logró dar de baja al capo.

El expresidente Pastrana no se halla y anda cazando peleas a diestra y siniestra. Él aplica esa famosa frase de los años de la violencia: calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda. No admito que la política descienda a niveles tan bajos que ya lo que configuran es una violencia verbal.

¿Qué participación tuvo usted como ministro de César Gaviria en la creación de la llamada ‘Catedral’, la cárcel de Pablo Escobar?

La política de sometimiento a la justicia fue considerada por propios y extraños, como una estrategia clave para ponerle fin a una de las peores olas de terrorismo que hemos vivido. Como dijo García Márquez, en Noticia de un secuestro: “Gaviria con un sólo decreto inteligente logró someter a muchos”. El país conoce la historia. Ahí no hay nada oculto. Aquí se ha querido armar una telenovela con una decisión política que buscaba proteger muchas vidas, defender la institucionalidad y salvaguardar la democracia, pero sobre todo, frenar el terrorismo de comienzos de los años 90. Es que criticar y novelar fantasiosamente la realidad, 20 años después, es muy fácil, sobre todo cuando ya no se escuchan las bombas de Pablo Escobar, que mataron tantas personas inocentes. Fue el propio Gobierno el que aniquiló al capo después de una fuga que a mí no me tocó como Ministro.

¿El nivel de controversia que se está dando, sobre todo con los expresidentes, es una cuenta de cobro o un anticipo de lo que será el debate presidencial?

Bienvenida la controversia política, lo que no se puede tolerar son las calumnias y los golpes bajos contra el Presidente Santos ni contra su política de paz o las relaciones internacionales, menos viniendo de un expresidente que no tiene credenciales para darnos lecciones de paz y que sabe que cometió gravísimos errores frente al proceso de La Haya que el mismo ya reconoció. La historia ya emitió un juicio en relación con lo primero y va a ser implacable con lo segundo. El fardo de La Haya ya le pesa más que el Caguán.

¿Usted sugiere que Pastrana es el directo responsable de la pérdida en La haya?

Fue él mismo quien le confesó a María Isabel Rueda a finales de 2012 que no había tenido los pantalones para denunciar el Pacto de Bogotá pese a que su Canciller se lo recomendaba como solución. Esa era competencia típica de un Jefe de Estado no sujeta a que otros se la autorizaran.

¿Este tipo de acusaciones lo debilita como ministro para enfrentar el duro debate político que se avecina?

Nada lo fortalece a uno más que el debate. Me debilitaría más quedarme sentado en la oficina y no hacer nada mientras atacan la dignidad del Presidente y le ponen minas al proceso de paz, que es el máximo anhelo de los colombianos.

Que los presidentes Pastrana y Uribe estén ahora en la misma orilla, contra el proceso de paz, ¿es una derechización del país o qué lectura hace de esta situación?

Colombia se derechizó después de los gobiernos de Pastrana y Uribe. Sin el primero, no hubiera existido el segundo. Y cambiaron la cartilla de la paz por la de la guerra. El presidente Santos ha recuperado la iniciativa política y ha cogido el toro por los cuernos, enfrentándose a los sectores más reaccionarios para sacar adelante políticas sociales de un gran progresismo, y defender la Constitución Política, que consagra la paz como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Lo más fácil hubiera sido continuar negando el conflicto armado interno y darle la espalda a las víctimas y a los menos favorecidos. El Presidente Santos demostró su liderazgo y hoy tenemos un país mejor que hace dos años.

¿Terminarán unidos políticamente?

Se han unido los egos y los trinos de quienes antes parecían diferentes, pero que ante los avances del proceso de paz han borrado sus fronteras ideológicas y proclaman sus mismas diatribas.

¿Por qué cree el Gobierno que le estén saliendo tantos enemigos al proceso de paz?

Nunca hacer la paz ha sido sencillo. La guerra es una vía exprés para destruir la democracia y subir en las encuestas. Todos sabemos qué pasa cuando el nacionalismo y los discursos militaristas se apoderan de la opinión pública. El camino de la paz es muy complejo, tiene sus riesgos y está siempre bajo la amenaza de los extremistas y los discursos incendiarios o deslegitimadores. Pero este es un Gobierno decente y tolerante que sabe que está haciendo las cosas bien, por eso se han despertado tantos celos y tantas bajas pasiones. Sabemos que al final del proceso seremos más quienes abrazaremos los acuerdos que quienes los criticarán a toda costa. Pero de eso se trata la democracia, hay consensos y disensos, lo que pasa es que mientras nos ponemos de acuerdo en La Habana seguirá habiendo muchos muertos y millones de víctimas reclamando soluciones.

Usted dijo hace un par de semanas que la ola de paros era una estrategia contra el proceso de La Habana, ahora ocurre la arremetida de los ex presidentes, ¿ve más amenazas en contra de este propósito?

Sí, la paz tiene muchos enemigos y siempre cuando menos piensa uno salta la liebre. Los enemigos de la paz harán lo que sea para tratar de abortar este proceso. Por eso lo estamos protegiendo. Es un proceso que no tiene reversa y en el que hay grandes avances. Antes de fines de 2013 podríamos estar poniendo punto final a más de 50 años de Violencia. Nadie puede negar la dimensión histórica que tendría ese hecho.

¿Tiene Pastrana autoridad política y moral para criticar este proceso de paz, tras el fracaso de su gobierno con el Caguán?

El país sabe que el proceso del Caguán fue un hoyo negro en la historia de Colombia. Ninguno de los errores cometidos en esa época ha sido repetido en La Habana. Lo peor del Caguán es que dio origen a la derechización del país y al surgimiento de doctrinas criollas de negación del conflicto armado. Todos esos errores han sido pagados con millones de víctimas, destrucción de la riqueza colectiva y amenazas a la democracia y la Constitución. En esa época, Colombia fue el mayor campo de concentración de secuestrados gracias al Caguán.

Según las encuestas, el país quiere la paz, pero no cree en las Farc y tiene incertidumbre sobre el proceso. ¿No cree que hay que ventilar mejor los resultados de la negociación?

Es absurdo pretender que el gobierno revele los acuerdos parciales de paz y regresen los episodios fallidos de negociar en medio de los micrófonos, como antaño. La confidencialidad ha salvado el proceso de malinterpretaciones, lagartos de la paz y otras especies destructoras. A su debido momento se conocerán los acuerdos y el país pasará del escepticismo al optimismo. Ese día nacerá otra Colombia si logramos una paz sostenible.

¿No cree, como dicen algunos, que es un error amarrar la reelección de Santos al proceso de paz? ¿No cree que el Presidente debería resolver ese asunto antes para quitarle presión a La Habana y argumentos a sus enemigos?

El Presidente no ha tomado una decisión frente a una eventual reelección. Él no está obsesionado con la idea, pero sus enemigos sí. Esperemos que llegue noviembre para que él nos cuente qué decisión toma. Por ahora solo los especuladores están relacionando una cosa con otra. Los más perversos quieren dañar el proceso de paz, pensando en que ello impediría la reelección del Presidente. Son dos cosas independientes.

¿Noviembre? ¿No había dicho el Presidente que a mitad de año?

El anuncio será un acto autónomo del Presidente. Es un derecho que tiene y el decidirá cuándo lo juzgue conveniente. No creo que nadie pueda presionarlo. Los plazos fijados por la ley son el límite que debemos respetar.

¿No cree que la confusión que se origina por la concurrencia de paz y reelección termine amenazando la reelección del Presidente?

No, no lo creo. Aquí lo que quieren es amenazar el proceso de paz y condenar al país a otros 50 años de guerra.

A la reelección del Presidente no le va bien en las encuestas. ¿Cree que el Presidente debería repensar esa posibilidad y anunciar que no va por el segundo mandato? ¿No cree que es un riesgo ir en estas condiciones?

Las encuestas son la foto de un momento determinado. Toman el pulso de un momento. Esperemos a ver qué nos muestra esa foto al finalizar el 2013. Mientras tanto todo serán especulaciones y fantasmas creados para asustar incautos.

¿Acepta usted que el uribismo ha ido creciendo, según las encuestas, y sobre todo en las regiones? ¿Uribe es una amenaza para la tranquilidad del Gobierno y para la reelección de Santos?

El expresidente Uribe es una amenaza para el proceso de paz, pero no es tema que no deje dormir ni gobernar al Presidente Santos. El proceso está blindado contra extremistas y descalificaciones permanentes. Mientras él trina, nosotros gobernamos. Mientras se le hace daño a la imagen de Colombia en el exterior, nosotros fortalecemos las relaciones con el vecindario y debatimos TLC con todo el mundo. Mientras ellos recorren el país intentado desmoralizar a la opinión pública, nosotros vamos a las regiones a cumplir con el Plan de Desarrollo. Mientras ellos quieren quemar la casa, nosotros entregamos casas a los más pobres.

El país lo comienza a ver a usted como escudero del Presidente. ¿Qué instrucciones le ha dado el Presidente para enfrentar esa arremetida?

La única instrucción es defender la Constitución Política, que sigue siendo un tratado de paz. Mi obligación moral es defender al presidente Santos, que está gobernando para la gente y construyendo un nuevo país que conozca la justicia social y la paz, fortalezca la democracia, sea tolerante e incluyente, y supere para siempre la pesadilla de la guerra.

¿Se siente solo en esa tarea? ¿No deberían acompañarlo otros ministros en la labor de enfrentar a los enemigos del Gobierno?

Somos un solo equipo. No todos podemos jugar de defensas. Hay delanteros, arqueros, laterales y mediocampistas. Todos defendemos al Presidente con diferentes acciones. La mejor defensa del Presidente es cumplirle a la gente y transformar realmente sus condiciones de vida. En eso estamos y las encuestas ya comenzaran a reconocerlo.

¿Trata de ignorar el Gobierno el malestar que hay en las bases parlamentarias en su contra, o no conoce esa situación?

La Mesa de Unidad Nacional tiene las patas bien puestas en la realidad política y no está desnivelada. Nada se cae de ahí. Hemos demostrado que los problemas del país se pueden solucionar cuando hay voluntad colectiva para salir adelante. Tenemos las mejores relaciones con los partidos políticos. Incluso con el Polo, el Mira y otras organizaciones que no son de la Unidad Nacional. Hemos cumplido con una agenda legislativa que nos hace sentir orgullosos. En esta nueva etapa son pocos los proyectos, pero de un enorme impacto social.

¿Sabe el gobierno que como signo de ese malestar está en peligro la elección de un Presidente liberal en el Senado?

El Gobierno respeta la autonomía del Congreso y los partidos políticos. Sin embargo, no dudamos que los acuerdos políticos serán respetados.

¿Por qué hay tantos bandazos en la priorización de los proyectos de la agenda legislativa del Gobierno?

La política hace cambiar las cosas con frecuencia. No hay bandazos sino ajuste de prioridades. No vamos a gobernar contra los intereses de los más débiles. Tampoco somos suicidas para llevar proyectos crudos que indigesten a la opinión pública.

¿Crudos? ¿Por qué no los cocinaron antes?

El proyecto de salud tuvo su etapa de divulgación y construcción de consensos y se presentó cuando estuvo listo. La reforma pensional no ha sido presentada todavía precisamente porque le faltan algunos de los elementos que he señalado.

Usted dijo que no habría mensaje de urgencia para la reforma a la salud. El Presidente dijo luego que no, pero ahora piensa que de pronto sí, ¿qué va a pasar con la reforma a la salud?

Es un tema prioritario. El sistema de salud no aguanta más aspirinas. Se necesita una alta cirugía. Tenemos que construir ese consenso. No dudo que la Mesa de Unidad Nacional impulsará el proyecto y del Congreso saldrá una ley que cambie drásticamente el sistema de salud y beneficie a todos los colombianos. Respecto de su pregunta, tal vez un proyecto - el de ley estatutaria- irá con mensaje de urgencia y el otro no.

Sobre la reforma pensional el Gobierno dijo al principio que no la presentaría, luego el ministro de Trabajo dijo que sí, ahora no se sabe cuál es la prioridad para ese tema, ¿finalmente qué va a pasar con ese proyecto?

El Presidente ha sido enfático en que faltan aún consensos para impulsar esa iniciativa. Se está midiendo también su impacto fiscal. Cada día trae su afán.

¿Quién es el peor enemigo del proceso de paz?

El pesimismo, la desesperanza, las lecciones negativas que han dejado otros procesos, la desconfianza. El Papa Francisco en una homilía dijo que "el rencor, la envidia y la soberbia ensucian la vida". Y sí que ensucian un proceso de construcción de paz. Créame que es más difícil hacer la paz que hacer la guerra.

REDACCIÓN POLÍTICA

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