El exfuncionario 'estrella' que terminó preso en La Picota

El exfuncionario 'estrella' que terminó preso en La Picota

Héctor Zambrano es señalado de recibir una comisión de 6.000 millones por contrato de ambulancias.

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23 de marzo 2013 , 08:21 p.m.

Hasta hace un año y tres meses, cuando salió de la Alcaldía, Héctor Zambrano era considerado uno de los funcionarios con mayor proyección en Bogotá. El antiguo vendedor de cremalleras entró al Distrito en un cargo básico profesional, gracias a un concurso de méritos, y terminó siendo secretario de Salud, de Hacienda y hasta alcalde encargado de la capital del país.

Pero esa imagen de funcionario ‘estrella’ a lo largo de 25 años cambió drásticamente esta semana, cuando muchos se asombraron al ver a Zambrano, derrumbado, con las manos en la cabeza, en una sala de audiencias.

En la noche del martes, en Paloquemao, la Fiscalía lo calificó como un “peligro para la sociedad” y le imputó cargos por cohecho, peculado, interés indebido en la celebración de contratos y contratación sin el cumplimiento de los requisitos legales. (Lea más información sobre las revelaciones de Emilio Tapia que salpicaron a Zambrano).

Desde ese día, por orden de un juez, este administrador público de la Esap está preso en La Picota, señalado de haber recibido –en cajas de cartón– una comisión de 6.000 millones de pesos por cuenta del polémico contrato de ambulancias, adjudicado el 30 de septiembre del 2009.

Bajo sospechas, las firmas de construcción Suárez y Silva Ltda. y JA Asociados S.A., junto con Transporte Ambulatorio Médico Ltda., se ganaron dicha licitación por 67.000 millones de pesos.

Hoy, algunos se declaran “extrañados” de la suerte que corrió este antiguo estudiante de antropología de la Universidad Nacional, y que ha sido salpicado por el contratista Emilio Tapia en las investigaciones del ‘carrusel’ de la contratación. (Lea: Las pruebas de la Fiscalía que enviaron a Héctor Zambrano a prisión).

Las autoridades también están indagando presuntas irregularidades en la construcción del hospital El Tintal y las ampliaciones de Meissen y Kennedy, que podrían comprometer a Zambrano.

Una carrera ascendente

 “Lo recuerdo como un hombre con una capacidad gerencial importante y como un excelente miembro del gabinete –asegura Clara López Obregón, exalcaldesa designada de Bogotá–. Me duele mucho saber que ha sido llamado por la justicia a responder por unos temas con indicios fuertes que nos sorprenden”.

Tímido y discreto, Zambrano adquirió fama de experto en números desde que se inició en la vida pública como asesor administrativo en la Alcaldía de Puerto Boyacá, en los convulsionados años 90. Allí conoció a Yolanda, su esposa, con quien forjó un hogar de cuatro hijos.

Luego, en Bogotá, en la Secretaría de Hacienda, fue director de presupuesto, subdirector de consolidación y subsecretario. En octubre del 2005, el entonces alcalde Luis Eduardo Garzón lo nombró secretario de Salud y, a partir de ahí, adquirió protagonismo.

Aunque a simple vista no sabía del tema, Garzón necesitaba a alguien versado en finanzas para enfrentar la crisis económica del sector. Al poco tiempo, Zambrano, capacitado en Chile, España, Cuba y Estados Unidos, ya hablaba como un médico y cuentan que se llevaba un radioteléfono para su casa –al salir de su oficina de “puertas abiertas”–, para monitorear personalmente las llamadas a la línea de emergencias 123.

“Era muy bueno defendiéndose en los debates porque sabía mucho de salud”, afirma la concejal María Victoria Vargas, del Partido Liberal. En las encuestas que se hacen en Bogotá entre los periodistas, Zambrano fue seleccionado varias veces como el mejor funcionario.

De hecho, durante el mandato de Samuel Moreno, en ciertas ocasiones, quedó al frente del Palacio Liévano como alcalde encargado. A las personas más cercanas, el entonces secretario les comentaba sus épocas de juventud y les hablaba de su familia, con raíces en Boyacá.

“Nos decía que venía de un hogar muy pobre y, en conversatorios, lloraba contando eso”, relata alguien que lo conoció. Zambrano pasó de vivir en una casa del tradicional barrio Modelia a una vivienda en los exclusivos cerros de Suba, según fuentes de su círculo laboral.

En los últimos meses, había optado por un bajo perfil y prestaba asesorías en algunos municipios del país. Además, comentaba que se sentía “sin amigos” y muy mal emocionalmente.

¿En qué momento su vida dio un dramático giro de 180 grados? Nadie lo sabe. Lo cierto, por ahora, es que la Fiscalía asegura tener evidencias que lo enredan en el contrato de las ambulancias, duramente cuestionado por el actual secretario de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo. (Lea: Perdidos 17 mil millones que eran para sueldos).

“La vulnerabilidad económica de mi familia es muy dura. El único que ha trabajado soy yo, y esto me entristece”, manifestó Zambrano, el día de la audiencia. “Me están achacando cosas que no corresponden y tengo cómo defenderme, me he hecho a pulso”, agregó.

“Discúlpenme por llorar, pero soy un ser humano”, fue lo último que se le oyó decir, con la voz quebrada por el llanto, antes de ser trasladado a la cárcel La Picota.

YESID LANCHEROS
Redactor de EL TIEMPO
yeslan@eltiempo.com

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