El dinosaurio

El dinosaurio

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15 de marzo 2013 , 03:38 p.m.

En la galería Casas Riegner hay un concierto de Sex Pistols -con un Sid Vicius en estado de gracia y un Johnny Rotten listo para patear traseros-; hay un trío de músicos con dos contrabajos y un chelo con tentáculos de calamar; hay discos de Ismael Rivera, partituras de Chopin y la gloriosa música de las aves. Y hay un dinosaurio.

La exposición no podía tener otro nombre: 'Música'. Y hay artistas como Mateo López, Ícaro Zorbar, Bernardo Ortiz, Luis Roldán, Antonio Caro y Johanna Calle. Y hay piezas como los retratos de José Antonio Suárez -tal vez el dibujante colombiano más virtuoso de los últimos tiempos: un verdadero músico prodigio con el lápiz y el papel- de Sex Pistols, Brian Eno, Bach, Agustín Lara, Peter Gabriel, Mahler, Biolag, Marianne Faithfull y Gardel. Y hay discos de acetato del puertorriqueño Tony Cruz: ver sus dibujos es remontarse a la era en que los músicos -entre ellos, su amado Ismael Rivera- celebraban sus éxitos con una pared llena de discos de oro, solo que los discos de Tony son de papel y las vetas de sus vinilos están hechas con grafito. Y hay otras obras, como las inquietantes jaulas de Angélica Teuta, de donde sale la música de las aves. Y el cuaderno de partituras de Chopin, de Álex Rodríguez, que hace que en algunas páginas del cuaderno las notas desaparezcan y les den lugar a los inmensos espacios vacíos del colegio en el que estudió. Y las imágenes surrealistas de Teresa Currea, como sus músicos con violoncelos de pescado o los Beatles con instrumentos de exterminadores de cucarachas o de buzos. Y claro: hay un dinosaurio.

Y su tamaño es tan monstruoso como el de un tiranosaurio. Mide, tal vez, 3 o 4 metros de altura. Y está hecho de papel. Y su creador se llama Pedro Gómez-Egaña. Es colombiano y vive en Noruega. Y su obra estremece. Los huesos de cartón de su maravilla empiezan a temblar. Porque el dinosaurio está controlado por una partitura secreta. Y cuando su mecanismo entra en funcionamiento, cuando los hilos de nailon que lo mantienen en pie empiezan a soltarse, el animal empieza a derrumbarse. Y sus brazos empiezan a caer. Su columna se sacude. Y su cráneo se desploma ante una realidad que su mente de cartón no puede comprender. Y la bestia termina en el piso. Y su inmenso poder queda reducido a una maqueta desordenada; toda la acción tiene algo conmovedor y trascendental. Y las palabras no sirven para explicar su grandeza.

Puntilla: el nuevo papa, Francisco, en sus tiempos de arzobispo de Buenos Aires fue el líder de una protesta que finalizó con el cierre de la retrospectiva de León Ferrari en 2004. Bergoglio dijo que la obra Ferrari -uno de los más famosos de su país- era una blasfemia que avergonzaba a la ciudad.

@LaFeriaDelArte

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