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La importancia de la reunión entre Congreso y Farc

La importancia de la reunión entre Congreso y Farc

Visita de delegación de legisladores a Cuba fue capital, por envergadura de mensajes transmitidos.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de marzo 2013 , 11:02 p. m.

Aunque políticamente desató críticas, porque apenas se supo muchos hablaron de La Habana como el nuevo Caguán, la visita que una comisión del Congreso hizo esta semana a los delegados de las Farc en Cuba se había convertido en una necesidad. (Lea: Participación política de Farc, un gran desafío).

La marcha acelerada de los críticos del proceso de paz hacia las elecciones del 2014, frente al camino sin prisa de los guerrilleros en la negociación, ha comenzado a sentirse como una amenaza para el éxito de los diálogos.

Y la visita a los jefes guerrilleros, que no estaba pensada para un momento tan incipiente del proceso de paz, aunque venía siendo buscada por el presidente del Congreso, Roy Barreras, terminó siendo útil para ponerlos al tanto.

Quedó claro que las leyes para abrirles camino en una vida sin angustias judiciales y con la posibilidad de hacer política no se tramitarán antes de la firma de un acuerdo de paz. Y la única posibilidad de que sea este Congreso el que haga esas leyes es que haya acuerdo antes de agosto. (Lea: Ya hay textos acordados con las Farc, confirma Santos).

Más allá de que las Farc hayan sentido este mensaje como una presión para que apuren el paso en la negociación, como lo dejaron ver en el comunicado que sacaron después de la visita de los congresistas, es real que la marcha hacia el próximo Congreso del mayor crítico del proceso de paz, el expresidente Álvaro Uribe, pondría en un camino incierto los acuerdos de paz.

La guerrilla ha dicho que los medios, y hasta el Gobierno, sobredimensionan a Uribe, pero olvidan que el expresidente tiene arraigo popular. Las encuestas lo han mostrado. La mayoría votaría por él si se lanzara al Senado.

“Si llegara a sacar 20 congresistas, el escenario para el proceso de paz sería difícil”. Lo dice Guillermo Rivera, el representante liberal que viajó a Cuba.

Como contó el presidente Juan Manuel Santos, los jefes guerrilleros habían pedido la visita del Congreso. Les interesaba el detalle del marco para la paz, que definirá la sanción que tendrán por los delitos de lesa humanidad y la licencia para participar en política. Pero, claro está, la interlocución pública con el Legislativo les ayuda a reforzar el estatus político que les ha dado el proceso de paz.

Una de las cosas que más parece preocuparles, según quienes hablan con frecuencia con los jefes guerrilleros, es su seguridad jurídica.

Han asumido que solo la tendrán si los acuerdos finales de paz hacen parte de la Constitución, a través de una asamblea constituyente. Y se sabe que un viajero silencioso y frecuente a La Habana, el exministro Álvaro Leyva, es quien les ha vendido la idea.

Sentirse seguros

En la práctica, la Constitución es la única que está por encima de tratados internacionales, como la extradición. Pero, aun si solo fuera esa la salida para refrendar los acuerdos de paz –que no es la que contempla el Gobierno–, hacerla no es cuestión de un decreto. Necesita una ley, y por lo tanto, los tiempos que también demanda la reglamentación del marco para la paz.

En últimas, lo que pretendían dejarles claro a las Farc Roy Barreras, los senadores Gloria Inés Ramírez y Juan Mario Laserna, y los representantes Guillermo Rivera, Iván Cepeda y Alfonso Prada, era que, por más que el Gobierno quiera el proceso de paz, no depende solo de él.

Que así como una opinión pública inconforme puede hacer insostenible el proceso de paz, la división de poderes implica procesos. Y que estos pueden ser difíciles con un Congreso adverso.

En lo inmediato, este esfuerzo no parece haber hecho mella en las Farc. Cerraron la visita de los congresistas diciendo: “La paz no puede supeditarse a necesidades electorales ni a los tiempos de una legislatura… Su construcción serena y su refrendación más idónea y legitimadora está en el camino de la asamblea nacional constituyente”.

Hacia delante, solo esta guerrilla sabe si por ella misma, y no por ayudar a la reelección de Santos –que no lo haría–, decide apostarle al proceso de paz con la certeza de un Gobierno y un Congreso que lo quieren. O si se lanzan a la incertidumbre de una nueva composición en el Legislativo.

Que el mensaje de urgencia haya llegado de un conjunto tan variopinto de congresistas –un liberal, un conservador, dos de izquierda, uno de ‘la U’ y uno del Partido Verde– podría significar algo para las Farc.

Sin embargo, la pregunta hoy es si debe interpretarse como señal del camino que tomarán que el exministro Leyva haya tenido encuentros con el expresidente Uribe para hablar de la asamblea constituyente. Quedaron en evidencia tras la publicación esta semana, en El Nuevo Siglo, de los diálogos entre los dos.

No es claro qué buscan Uribe y Leyva hablando de un tema que está obsesionando a las Farc, aunque según El Nuevo Siglo, el exministro le dio al expresidente el ‘reconocimiento’ como verdadera “contraparte” de la guerrilla.

EL TIEMPO intentó comunicarse con Leyva, pero no estaba disponible en las líneas telefónicas.

En medio de esta confusa situación, se sabe que la decisión del presidente Santos es mantenerse firme en la oportunidad de paz que se dio con las Farc. Obviamente, hasta donde ellas lo hagan posible.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO
margir@eltiempo.com
@margogir

Desarrollo agrario, según las Farc

Las Farc les entregaron a los seis congresistas que estuvieron en La Habana un documento de 37 páginas que contiene la síntesis de sus propuestas sobre el tema agrario, primer punto de la agenda. La Redacción Política de EL TIEMPO lo conoció en su totalidad y en él se afirma que es necesario implementar planes de “reparación integral de víctimas”, que les aseguren “a las comunidades la restitución de los bienes y el acceso a la tierra, de manera que se les proporcione estabilidad y mejoramiento”. Otro punto sobre el que se hace énfasis es en la conformación de “territorios interétnicos e interculturales”, que “representarán una de las formas de organización territorial del Estado”. La intención es que en algunas regiones se puedan asociar campesinos, indígenas y afrodescendientes para trabajar la tierra a partir de proyectos productivos que promoverá el propio Estado.

REDACCIÓN POLÍTICA

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