Pilar Castaño habla de las cosas que han marcado su vida

Pilar Castaño habla de las cosas que han marcado su vida

La periodista y crítica de moda más importante del país habla de su mamá tras dos años de su muerte.

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06 de marzo 2013 , 04:39 p.m.

En su oficina hay más cosas de su mamá que de ella. Un reloj de escritorio, fotos, un candelabro, fotos, una mesita de madera, más fotos. Pilar Castaño está acostumbrada a entrar a un restaurante y que el mesero le diga "siga, por favor, doña Gloria"; a subirse a un taxi y que el conductor le pregunte "¿doña Gloria, a dónde va?". No corrige a nadie. Para ella esto es su orgullo: que al verla recuerden a Gloria Valencia de Castaño, su mamá, la señora que se ganó el título de 'primera dama de la televisión colombiana'. Su muerte, hace dos años, ha sido para Pilar el golpe más fuerte que ha recibido. "Hasta entonces me habían pasado cosas maravillosas -dice-. Pero su ausencia me movió el piso. Me quedé absolutamente sola. Casi me enloquezco".

Pilar habla, y si uno mira hacia otro lado, puede llegar a pensar que quien habla es Gloria Valencia (su tono, la velocidad que les impone a las frases, son igualitos). Tanto así estaban unidas. Hoy su oficina es la que antes ocupaba su madre, ampliada, para que quepan los cientos de revistas de moda de todas partes del mundo que tiene en cada esquina. Lo primero que hace al llegar es pedirle a su secretaria que le ponga su música. (Es decir, música clásica, que la alimentó desde bebé. Cuando nació, su papá, Álvaro Castaño, ya dirigía la emisora HJCK). Lo segundo es prender una vela.

Es miércoles. El día empezó con un desayuno de trabajo en una agencia creativa donde la contrataron para asesorar un proyecto que presentará a una tarjeta de crédito; siguió con una reunión en una firma de automóviles con la que trabaja en un proyecto de uniformes para sus empleados; después hubo tiempo para preparar la presentación que hará al día siguiente ante mil personas que confeccionan jeans en San Victorino. Claro, abrió espacio -inevitable- para ir a la iglesia Santa María de los Ángeles (va todos los domingos a misa de seis) y ponerse la cruz de ceniza.

- Viví en una especie de fábrica de ideas.

Eso responde cuando se le pregunta por lo primero que recuerda de su niñez. Se acostumbró a una mamá que aparecía en la televisión y que, muchas noches, le ponía una ruana encima y la metía en el Morris azul que manejaba para llevarla con ella a los estudios de grabación. Mientras doña Gloria hacía su trabajo ante cámaras, Pilar paseaba las escenografías de las telenovelas. Le gustaba raspar las cartulinas que tenían escarcha pegada y meter lo que pudiera en un frasco de mermelada. Al día siguiente ese sería su tesoro en el colegio. "Era como vivir con una maga", dice sobre su madre. Mientras tanto, siempre al lado, su papá (el único que le dice por su nombre completo: María del Pilar) se dedicaba a los libros y a la promoción de la cultura.

Todas las tardes -estudió en el Marymount- llegaba a casa, dejaba los libros, se quitaba el uniforme y salía a las clases de ballet que tomaba en la academia Anna Pavlova. Fueron años de entrenamiento físico que iban a servirle después, cuando tuvo un accidente que la mantuvo un año en silla de ruedas. Sucedió cuando Pilar ya había regresado de sus estudios de periodismo en París y conocido a Felipe López Caballero (el dueño y fundador de la revista Semana), su primer marido. Recién casados, su casa fue el Palacio de Nariño. Felipe, hijo del entonces recién elegido presidente de la República, Alfonso López Michelsen, era el secretario privado de su papá. Así que el primer hogar de la pareja fue la casa presidencial. Una noche salían de una reunión e iban de regreso a casa en el Renault 4 que manejaba ella. Otro carro los embistió. A Pilar se le quebró la cadera. El fémur quedó en pedazos. Necesitó decenas de operaciones, y el temor de los médicos era que quedara coja. Sin embargo, según ella gracias al ejercicio de ballet, los huesos cedieron y volvió a caminar bien.

Desde entonces la moda era parte de sus días. En realidad lo fue desde niña, cuando se sentaba en el suelo a ver a su abuela Eloísa (mamá de Gloria) pedalear en su máquina de coser alemana. Nació con el ADN de las telas, los cortes, los estilos, los colores. En su primer trabajo unió sus dos pasiones, el periodismo y la moda. Recién llegada de París recibió una invitación de su mamá para que trabajara con ella. Gloria Valencia dirigía la primera revista de moda del país, Laura. "Tuana", como llamó siempre a Pilar sin explicación alguna del apodo, sería su editora. Después vinieron otros trabajos, como parte del equipo de las mañanas en RCN Radio, con Juan Gossaín y la presentación del Noticiero de las 7, donde decía las noticias sin necesidad del teleprónter. Tiene una memoria buena que heredó de su papá. Y una capacidad de improvisación que vino de su mamá. Pilar puede estar horas hablándole a una cámara con una facilidad de expresión que asombra a sus colegas. Ha aprendido cuatro idiomas de solo oído:francés, italiano, inglés y portugués.

Su matrimonio con López duró 15 años. "Las cosas se acaban", dice Pilar, pero lo recuerda como una buena época de la que quedó una gran amistad. Fueron años maravillosos, recuerda, durante los cuales participó en el nacimiento de la revista Semana y la creación de películas que Felipe producía, como El taxista millonario, Los elegidos, El niño y el papa y Crónica de una muerte anunciada. Pilar se divorció y se fue a vivir con su hija María, que en ese momento tenía 5 años. "Quien diga que una separación no es traumática, está mintiendo. María y yo nos quedamos solitas. Por eso las dos tenemos una relación tan sólida hoy. Volver a empezar es difícil".

Su nuevo arranque llegó en 1990. Pilar volvió a abrirse al mundo, sintió de nuevo el equilibrio, entró a su vida su actual esposo, Guillermo Uribe-Holguín, quien luego de un escándalo financiero debió pasar un largo tiempo en la cárcel. Pese a todo lo que en el país se hablaba, Pilar estuvo a su lado. "No me tembló la mano. Fue una situación difícil, pero tuvo mi apoyo", dice. Con Guillermo tiene dos hijos, Alejandro, que nació en 1993, y Bárbara, un año después. Los nombres elegidos para ellos no han sido por azar. De María le gustaba que sonaba a bailaora de flamenco: "María López". Bárbara le parecía un nombre fuerte, aunque le puso otro de compañía porque los astros se lo recomendaron. Pilar cree mucho en lo esotérico (otra herencia de su madre, que visitaba brujas), sobre todo en el poder que tienen las piedras.

Lo ha comprobado, dice: hace dos años tuvo otro accidente, en moto, iba de pasajero de su esposo y un perro se les atravesó. Su rodilla se volvió nada. La operaron siete veces, pero la piel no cedía para cicatrizar. Tenía mucha inflamación. En el hospital, una noche en que iba a haber un eclipse, le pidió a Guillermo que le llevara las piedras que tenía en su casa. "No las toques, Guillo; tráelas en una funda", le explicó y luego las puso en el marco de la ventana. Subió la pierna y pasó así la noche. Al día siguiente la rodilla estaba desinflamada y mejoró el tratamiento. "Cada vez que hay Luna llena, saco mis piedras (cuarzos, lapislázuli, marmaja, etc.) a la terraza para cargarlas. Así soy: si una persona me da mala energía, no hay nada qué hacer", dice. Otra cosa en la que cree es en la alimentación sana, natural, casi llevada al extremo. Tal vez eso es lo que la mantiene en 45 kilos de peso, que nunca sube, y que pueden parecer poco para sus 1.68 metros de estatura.

Volver al tema de la moda, después de pasar por noticias trágicas y difíciles en radio y televisión, fue, entre otras cosas, consejo de su mamá. "No sigas con eso que te pone mal. Escribe sobre moda". Y lo hizo. De 2009 a hoy, Pilar ha publicado cinco libros de moda que han tenido muy buenas ventas en el país (Señor espejo, por ejemplo, ya va para la quinta edición). Está a punto de terminar el sexto, que tendrá que ver con las inseguridades de la mujer en la moda desde que tiene 5 años hasta los 80. Escribe en la oficina, mezclando su tiempo con otros proyectos, entre ellos el contrato que desde hace cinco años la une a Éxito, donde coordina las colecciones Arkitect, que han llevado grandes nombres del diseño internacional a las casas de mujeres de clase media colombiana. Pilar trabaja sola y es casera. El mundo externo le atrae, pero no la seduce. Prefiere su casa, "mis castas cobijas boyacenses, como decía mamá". El tiempo con su esposo, con sus tres hijos, con sus dos nietos, Felipe y Pedro (hijos de María). Contrario a la Pilar Castaño de cocteles que uno se imagina, ella se queda con una noche en su finca, en contacto con el pasto y los animales. Lleva el campo en su sangre, como también lo llevaban doña Eloísa y doña Gloria.

MARÍA PAULINA ORTIZ

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