Editorial: Adiós a las zorras

Editorial: Adiós a las zorras

27 de febrero 2013 , 07:06 p. m.

Aunque con más de un año de retraso, esta semana comenzó oficialmente el que se anuncia como el fin de las zorras o carretas en las vías de Bogotá. Medio centenar de caballos y yeguas, de 2.800, fueron entregados por sus propietarios a las autoridades distritales y se espera que pasen a gozar de una vida más sosegada en el campo, gracias a la generosidad de padrinos. O, en el peor de los casos, para que sean sacrificados si sus condiciones de salud son muy precarias.

Desde tiempos inmemoriales, estos fieles corceles han hecho parte de la escena bogotana y son tan auténticos como el ajiaco. Acompañaron a las tropas libertadoras; de vez en vez, deambulaban con sus jinetes al lomo para recordarnos que la urbe de hoy fue terruño de campesinos de ruana y alpargata ayer, y que ir del centro a Chapinero también se hacía en estos cuadrúpedos.

Cuando las cosas se pusieron difíciles, y ante la ausencia de alternativas para subsistir, los caballos se convirtieron en medio ideal para conseguir el sustento de centenares de bogotanos y no bogotanos. Hoy se calcula que al menos 2.000 familias viven de las carretas jaladas por estos animales: el 90 por ciento de ellas, dedicadas al reciclaje y el resto, a trasteos.

La parte complicada de todo, y que motivó a los gobiernos de turno a eliminar las carretas de las calles, fueron los problemas de movilidad, sin duda. En tiempos de TransMilenio, con 1,5 millones de carros, 300.000 motos, camiones y buses que se disputan el estrecho espacio disponible, las zorras a lo único que contribuyen es a empeorar tal estado de cosas.

Adicionalmente -y a pesar de que los equinos han sido fieles servidores de humildes ciudadanos-, también es verdad que han pagado un alto precio por sus aportes: maltrato, extensas jornadas de trabajo, mala alimentación, pésima atención médica y abandono. Los defensores de animales se han hecho sentir, como ya ocurrió con los toros. Es la realidad de los nuevos tiempos. Medellín ya probó que es posible sustituir las carretas por vehículos eléctricos. Bogotá apunta en la misma dirección. Solo cabe esperar que las alternativas que se ofrecen a los exzorreros -carros- mejoren sus condiciones de vida, contribuyan efectivamente al medio ambiente y no se trate de una estrategia temporal.

editorial@eltiempo.com.co

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