Aventuras de la naturaleza

Aventuras de la naturaleza

Presentación de nuevos libros 'El futuro del planeta' y 'El gran libro de la selva amazónica'.

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27 de febrero 2013 , 06:59 p.m.

Tengo la suerte de ser un abuelo muy feliz. Mi familia es maravillosa y mis nietos encantadores. Una niña y un niño aún muy pequeños, pero que ya enfrentan con mucha inteligencia y habilidad estos momentos de vida caracterizados por el surgimiento de tecnologías siempre cambiantes. Me agrada verlos actuar, veo en ellos reflejado el espíritu de las nuevas generaciones. Las que viajarán a Marte o realizarán otras hazañas en el espacio; manifestación de esta civilización que actúa sin límites, descubriendo siempre algo, buscando, enfrentando retos.

Pero esta realidad tan brillante, tiene así mismo una cara muy oscura, peligrosa y esto como abuelo, me preocupa. Nuestra maravillosa humanidad, la que ha sido capaz de alcanzar logros en todos los campos técnicos y científicos, que le han permitido conquistar el espacio abriendo aparentemente el camino a las estrellas, la que ha logrado comprender los fenómenos más intrincados de la naturaleza, ha desarrollado al mismo tiempo una nueva forma de vida, unos modelos de sociedad, en los cuales la relación con los demás seres humanos, con nuestro planeta y nuestro medio ambiente, es totalmente irracional, basada en la injusticia, en la destrucción. Un modelo así no tiene futuro y en algún momento inevitablemente se derrumbará.

Podríamos afirmar que además del adelanto, la tecnología y la ciencia, a nuestros niños, les heredamos una humanidad enferma, llena de confusión y un planeta considerablemente deteriorado. Si un viajero del espacio visitara nuestro mundo, en su informe tal vez diría que los terrestres parecen actuar llevados por un impulso autodestructivo; y agregaría: “Irracionalmente están dañando su Planeta, sin darse cuenta de que realmente es una nave espacial que los transporta por el espacio. Fuera de la cual la vida de este mundo no tiene posibilidad de sobrevivir”.

Mientras escribo, leo sobre los estragos que causó Sandy la supertormenta sobre la costa este de los Estados Unidos y específicamente en Nueva York; la ciudad vivió una verdadera pesadilla. Inundaciones, cortes de energía, destrucción, transportes públicos suspendidos y varios de sus puentes y túneles cerrados. Catástrofes como esta, son noticias cada vez más frecuentes. Manifestaciones de las profundas y destructivas perturbaciones que afectan el medio ambiente, caracterizando nuestra época por lo que muchos han denominado efectos del calentamiento global. Un grave fenómeno ambiental que nació como consecuencia del incremento de gases en las capas bajas de la atmósfera, emitidos por la industria, vehículos, deforestación y quema de las selvas, impidiendo el flujo del calor solar e incrementando la temperatura del planeta. Como consecuencia todo empieza a cambiar: la temperatura aumenta sobre la atmósfera, continentes y océanos. Violentos huracanes se desencadenan, los fenómenos de la niña y el niño transforman el clima, generando lluvias torrenciales inundaciones, sequías; plagas y enfermedades conquistan otros territorios.

El 1 de enero de 2013, se inició el segundo periodo del Protocolo de Kioto, un acuerdo firmado en 1997, por numerosos países, para tratar de mitigar la emisión de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento global. Uno de los principales contaminadores como es los Estados Unidos, que se negó a firmar el acuerdo original, continúa con su posición y ahora, Japón, Rusia y Canadá, se retiran; países como China y la India, otros de los grandes contaminadores, no están sometidos a esta normativa. Como países emergentes, no están obligados a reducir emisiones y pueden seguir aumentándolas en línea con los patrones de desarrollo económico que ellos establezcan. Son malas noticias. Todo señala que el calentamiento global se incrementará sin control, un detonante que está despertando una realidad ambiental distinta sobre nuestro planeta, en el cual será muy difícil sobrevivir.

Una respuesta a la destrucción de millones de hectáreas de selva, a la extinción de miles de especies animales o a las masacres sin sentido como la que padecieron las ballenas, al envenenamiento de los mares, a las explosiones atómicas que han contaminado la atmósfera, a las guerras interminables, al hambre que padecen más de 3 500 millones de personas. Se que son palabras duras, que francamente quisiera no decir. Pero es la realidad que enfrentamos y el mundo que lamentablemente estamos heredando a las nuevas generaciones. Es una situación difícil, que solo nos deja un camino: debemos cambiar. Nuestra existencia y el futuro de la vida están condicionados, al momento en que se logre que los 7 mil millones de humanos grandes y pequeños, piensen en el bienestar de la humanidad y en el futuro de su planeta. En ese momento estaremos salvados. Un reto gigantesco, en el cual todos debemos participar. Es una batalla que ya comenzó y en la que miles de personas y grupos por todo el planeta están involucrados. Tenemos a nuestro favor, además, el adelanto científico y técnico alcanzado por la humanidad. Es el momento de lograr que sea empleado para esos fines y no para la destrucción.

Los libros que he escrito, sobre la naturaleza y que ha publicado Panamericana Editorial son granos de arena que aportamos para esa lucha. Los empecé a escribí pensando en mis hijos, ahora en mis nietos y sobrinos, que como los demás niños, están heredando este planeta, y sus dificultades. Son libros que nacieron de mis recuerdos, alimentados por una hermosa niñez que junto a mis hermanos me permitió relacionarme con la naturaleza, estableciendo con ella un vínculo eterno. Siempre sentí al escribir el llamado de los grandes árboles, nuestros amigos; de los ríos que conocimos, algunos de aguas oscuras y violentas, otros anchos y gigantescos, de aguas que se perdían, entrando en el misterio. De las montañas lejanas, con picos coronados por la nieve, que brillaban al ser tocados por el sol. De las tormentas, relámpagos y lluvias. De las aves y sus cantos. De los sonidos de las noches. Ese llamado, el llamado de la naturaleza, me hizo comprender que debía compartir esos recuerdos y sembrar otros sueños, enfrentando la ceguera en que se nos pretende meter, redescubriendo nuestro hermoso planeta, de cielos azules y océanos hermosos. Son libros escritos pensando en los niños pero también en sus padres y abuelos, buscando que estos temas puedan estimular sus cuentos de las noches. No olviden que sus palabras son muy importantes pues el vínculo con la naturaleza debe comenzar en el corazón.

Por Alonso Restrepo*

 

* Alonso Restrepo Gómez: Es escritor, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional, radicado en Nicaragua desde 1976 donde ha trabajado con la FAO –Programa de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación- con las comunidades campesinas en proyectos de desarrollo, en programas de protección de la naturaleza y como profesor universitario. También ha sido consultor de UNICEF –Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia-. Participará de charlas y talleres en la 26ª. Feria del Libro de Bogotá.

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