El trágico final de una mujer con coraje

El trágico final de una mujer con coraje

Angélica Bello defendió los derechos humanos a partir de su experiencia como víctima.

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23 de febrero 2013 , 08:14 p.m.

El sepelio de la activista Angélica Bello fue discreto, como ella lo habría querido. Y habría sido más discreto si ese mismo día el presidente Santos no la hubiera nombrado en uno de sus actos públicos: “Angélica, presionada por su dolor o por amenazas, no sé por qué, no pudo más. Todo parece indicar que se quitó la vida”.

Esta defensora de derechos humanos de 45 años murió en Codazzi (Cesar) el 16 de febrero, a las 11:45 de la noche. Ese sábado estaba con una de sus tres hijas en el estanco Sandunga, acompañada por uno de sus dos escoltas. Según la versión de una mesera, Bello se fue del lugar ofuscada, luego de lo que pareció una discusión con su hija; ésta y su guardaespaldas la siguieron. Cinco minutos después, ya en casa, se escuchó una detonación. Al parecer, la mujer se disparó en la boca con el arma de su otro escolta, que pidió permiso ese día. (Lea: La Corte pide a Fiscalía esclarecer muerte de líder de desplazadas).

Pero la tragedia de Angélica Bello comenzó mucho antes. En 1996 tuvo que huir de su natal Saravena (Arauca), junto con sus cuatro hijos (tres mujeres y un hombre), víctima de amenazas por militar en la Unión Patriótica. Como desplazada llegó a Casanare, donde dos de sus hijas fueron reclutadas por las autodefensas de ‘Martín Llanos’. Bello contaba cómo tuvo que arrodillársele al temido jefe paramilitar, para rogarle que le devolviera a sus niñas.

Dos días después del encuentro, los ‘paras’ se las entregaron, pero le dieron una hora para dejar el pueblo. Huyó entonces a Villavicencio, a donde llegaron sin nada. Su desesperación era tan grande que, como se lo confesó a la revista Semana, pensó en acabar con su vida y las de sus hijos. Finalmente, con el apoyo de un párroco, se recuperó.

Poco tiempo después retomó su vocación política y se convirtió en líder de las desplazadas. En el 2003 sufrió un atentado, pero eso no impidió que, en el 2006, creara la Fundación Nacional de los Derechos Humanos de la Mujer, para atender a las víctimas de violencia sexual dentro del conflicto.

Las amenazas arreciaron y tocaron techo el 29 de noviembre del 2009, en Bogotá. Ese día, al salir del Ministerio del Interior, a donde fue para pedir que revaluaran el nivel de riesgo que enfrentaba, dos hombres la obligaron a abordar un taxi. Tras desplazarse por la Circunvalar, la hicieron bajar cerca de la universidad Manuela Beltrán.

“Abusaron sexualmente de mí –afirmó en la entrevista con María Jimena Duzán–. Yo digo que fue una violación oral. Me tocaron los senos y luego me hicieron (practicar) sexo oral, mientras uno de ellos ponía una pistola en mi cabeza. Según ellos, no me iban a matar para no hacerme mártir (...) Luego cogieron una botella de agua y me limpiaron. Me hicieron tomar mucha agua (...) Uno de ellos estaba tan confiado que se me puso enfrente y me dijo: ‘Mire esta cara, porque se va a acordar de ella toda su vida’”.

Sus hijas se enteraron de este episodio por EL TIEMPO, donde ella contó su historia por primera vez. Días después de la publicación, la mayor le confesó que los paramilitares la habían violado.

Pero su voluntad era imparable. Seguramente así lo percibió el presidente Santos, que en enero compartió mesa con ella, en un comité creado por el Gobierno para atender a las víctimas del conflicto.

La última amenaza le llegó pocos días antes de su muerte. Debía abandonar Codazzi antes del viernes pasado. Según Paula Gaviria, directora de la Unidad de Víctimas, en los próximos días iba a ser reubicada y su esquema de seguridad sería discutido.

El esfuerzo de las autoridades tendrá que enfocarse ahora en esclarecer los hechos en los que murió una de las primeras mujeres en ponerle rostro al drama del abuso sexual en medio de la guerra.

Familia necesita protección

La Corte Constitucional le pidió el viernes al Gobierno mayor información sobre la muerte de Angélica Bello y lo instó a implementar medidas de seguridad para su familia. Pidió su reubicación urgente ante la Unidad Nacional de Protección.

Su lucha continúa

‘La fundación no cerrará’

Álex Villalobos, pareja de Luisa Fernanda, la hija mayor de Angélica Bello, dice que la persecución de que fue víctima esta durante toda su vida (amenazas y atentados) siempre buscó detenerla y frenar su lucha. Por eso “decidimos que la Fundación debe continuar. Por ella, porque sabemos lo que significó en su vida”, afirma. La Fundación Defensora de los Derechos Humanos de la Mujer (Fundhefem) nació en marzo del 2006. Desde esta ONG se propuso liderar y promover los derechos de las mujeres que, como ella, fueron víctimas de todo tipo de abusos en medio del conflicto armado en el país. Y lo logró. Su trabajo lo continuarán sus hijas.

SALLY PALOMINO
Redactora de ELTIEMPO.COM

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