Persiste el drama de los quemados con pólvora en Antioquia

Persiste el drama de los quemados con pólvora en Antioquia

Víctimas de la pólvora en diciembre, siguen una recuperación que tarda mínimo dos años.

23 de febrero 2013 , 12:40 a. m.

Andrés* lloró en silencio al saber que los próximos dos años tendrá que usar una media velada gruesa que apretará su cuerpo y le impedirá jugar como solía. La mamá, conteniendo su tristeza, le dio un abrazo y le dijo que no estaría solo.

Aunque ya casi termina febrero, en ellos aún está vivo el 24 de diciembre del 2012. Ese día unos chorrillos le estallaron en el bolsillo y le quemaron la pierna derecha.

“Donde yo salga caminando después de eso me la tienen que cortar”, dice este niño de 11 años que espera en la unidad de quemados del San Vicente Fundación a que le enseñen a manejar el elástico, esa media ceñida que no permitirá que la piel crezca de más y le haga montañas en el muslo (queloides).

Casi un mes en la unidad, cirugía plástica en enero y secuelas de por vida en su piel –y si se descuida también en su movilidad– tendrá que cargar este chico que, aún después de quemado, cumplió su anhelo de jugar fútbol.
Y es que el drama de los quemados por pólvora, protagonistas de la temporada decembrina, pasa al olvido durante el resto del año.

Lo que no olvidará Andrés, porque lo lleva en su cuerpo, es esa mancha que se extiende sobre la piel como un manto de bordes blancuzcos, rosáceos y rojos, y esa urdimbre de rayas marrones donde estaba la herida más profunda.

“Eso no es que se quemó y ya. Ahí apenas comienza el proceso, que es lento”, dice la mamá de Andrés que mira a su hijo sin recriminarlo, doliéndose con él, pensando en lo que terminó la mentira de ir a comprar helado.

Ella nunca puso la denuncia contra los vendedores de pólvora: más demoraba en hacerlo que en estar muerta. Los que la presionaron hasta el límite fueron la policía y algunos trabajadores sociales que amenazaron con quitarle el niño que, de la preocupación, dejó de dormir y comer bien por varios días.

“Me tocó decirles que no amenazaran más porque ya lo tenían con depresión”, recuerda la madre.

En todo el tiempo que estuvieron en la unidad pudieron darse cuenta que su historia no era la más difícil. Andrés aún recuerda la niña de dos años que murió calcinada por la explosión que dejó una fuga de gas en su casa.

Al salir, la mamá, que siempre mira con ojos tristes y aire de lejanía la quema dura de su hijo, le reiteró que juntos iban a salir adelante. “Todavía me parece mentira que esto pasó”, dice.

*Nombre cambiado por petición de la fuente

Quemados por pólvora son minoría

Según el doctor Marco Hoyos, jefe de las unidades de quemados del Hospital San Vicente Fundación, los quemados por pólvora solo representan un dos por ciento de los 750 pacientes que tratan al año.

Además, según su experiencia durante más de 17 años en esta especialidad, si bien el número de quemados durante las fiestas decembrinas en Antioquia (205) resulta alarmante, la gran mayoría tienen bajo grado de quemadura y manejo ambulatorio.

“Otras quemaduras, que son muy graves, son traumas por explosión y esos no son quemados en realidad sino pacientes que sufrieron traumas mutilantes”, precisó Hoyos.

Para la enfermera jefe de la unidad de adultos, Paula Cárdenas, la pólvora en sí como explosivo estalla y genera amputaciones o quemaduras de tercer grado.

“Las zonas de articulación son las de más difícil rehabilitación porque la piel se contrae”, subrayó Cárdenas quien dijo que los elásticos son fundamentales en la recuperaciones de los pacientes pues evitan la cicatriz en queloides.

“Cada historia de quemado es un absurdo, y no es una situación que solo ocurre en diciembre, esto ocurre todo el año y los quemados no tendrían por qué ser invisibles”, reclamó Hoyos.

De hecho, según los casos que llegan al San Vicente, las quemaduras más recurrentes se deben a la no prevención de accidentes con llamas y electricidad. En los niños la que más afecta es la mala manipulación de líquidos calientes en el hogar.

Lo más preocupante, según el director de la unidad de quemados, es que esta problemática de líquidos calientes es difícil de prevenir porque está íntimamente relacionada con las condiciones socioeconómicas de las familias.

“Impactar sobre la incidencia de líquidos calientes es bastante difícil porque es un problema social: la mayoría de los niños que se queman por estos son de estratos socioeconómicos bajos, niños a los que con frecuencia dejan solos en sus casas y se encargan de cuidar a otros más pequeños”, concluyó Hoyos

CARLOS MARIO CANO R.
Redactor de EL TIEMPO
Medellín

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