Benny Moré sigue haciendo bailar 50 años después

Benny Moré sigue haciendo bailar 50 años después

La muerte temprana del cantante cubano de sones, mambos y boleros no apagó la magia de su voz.

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21 de febrero 2013 , 09:15 p. m.

Medio siglo de persistencia de su música y de la influencia de su creatividad demuestra la vigencia de Benny Moré, el cantante más completo, fascinante, y carismático, del siglo XX en Cuba.

Le bastaron menos de 30 años de actividad profesional para recorrer los géneros musicales de su país, y aún le sobró versatilidad para interpretar aires de México, Colombia, República Dominicana, Panamá, Venezuela, Perú y Puerto Rico.

Bartolomé Maximiliano Moré nació en la barriada de Pueblo Nuevo, en Santa Isabel de las Lajas, el 24 de agosto de 1919. Su muerte ocurrió el l9 de febrero de 1963. "Los dioses mueren jóvenes", dijo Nicolás Guillén.

Desde pequeño -ha contado su mamá, Virginia Moré, lavandera, planchadora y madre de 18 hijos-, este niño jugaba a construir instrumentos de cuerda y percusión. De adolescente ya estaba en el Trío Avance, con su primo Enrique el 'Conde Negro' Benítez y su amigo Cheo Casanova, alegrando las noches en Santa Isabel y en el Central (ingenio) Vertientes.

Después de cuatro duros años en La Habana, donde fue lustrabotas, cargador y vendedor en plazas de mercado, boxeador novato, logró afincarse. Intuitivamente se definió como cantante en tabernas, bares, restaurantes, malecones y balcones de serenata.

"Para un guajiro (campesino), pensar en La Habana es la ambición más grande. Nada supera la emoción de estar en ella. La pasaba muy mal, es la verdad. Había noches que me acostaba con más hambre que sueño. Pero estaba en La Habana. Yo tenía una fe tremenda en mi voz y mis canciones", relataba.

Empezó a pisar firme cuando fue invitado al Septeto Cauto, que dirigía el tresero Manuel 'Mozo' Borgellá, que a su vez lo presentó, con el apoyo de Siro Rodríguez (del Conjunto Matamoros, con Cueto y Miguel), a Miguel Matamoros, que necesitaba una primera voz que le aligerara la faena.

"Benny era muy buen cantante, porque pronunciaba muy bien y tenía una voz muy clara, y sobre todo muy arriba, subía como nadie. Benny era mejor cantante que yo. Con eso te lo digo todo", le contó Miguel al musicógrafo Alberto Murguecia.

A su partida para México, en 1945, con el Conjunto Matamoros, Bartolomé se cambió el nombre por Benny.

En seis años de permanencia en ese país, después de superar líos de visa, le surgieron ofertas en cabarés, teatros y en la RCA Victor; descubrió agrupaciones musicales y, sobre todo, grandes orquestas con influencia norteamericana.

Allí conoció y grabó con Rafael de Paz, Chucho Rodríguez y Memo Salamanca, pero también con cubanos afincados en ese país que tenían excelentes grupos, como Arturo Núñez, Mariano Mercerón y en especial con Dámaso Pérez Prado.

Con él lanzó dos docenas de bombas que quedaron para la historia, entre los que se recuerdan Batiri, barabatiri, Pachito Eché, El suave, e incluso Rabo y oreja, de Justi Barreto, quien me aseguró en Nueva York que fue él quien logró que Benny grabara por primera vez con estas grandes orquestas.

Desde su regreso en 1951 a Cuba, se dedicó a preparar sus propias agrupaciones y para ello se consolidó en las escuelas de consagrados maestros, tales como Ernesto Duarte y Bebo Valdés.

Los tambores, cantos y danzas de las ceremonias de congos y yorubas en Santa Isabel le dieron sentido del ritmo, y esa pasmosa seguridad en el espectáculo que cautivaría a innumerables públicos.

Con esos elementos y lo aprendido en La Habana y en México, se dio a la tarea, con la ayuda de Enrique Benítez y Alfredo 'Chocolate' Armenteros, de reclutar diestros músicos para formar su orquesta (su Tribu, fundada en abril de 1953, según 'Puri' Faget). Los cantantes eran Miguelito Cuní, Fernando Álvarez, Rolando Laserie y Pacho Alonso. Tuvo media docena de arreglistas, pero la orquesta sonó siempre con unidad de estilo, debido al sello personal que Moré le imprimía.

Benny fue el artista cubano más cotizado en el decenio de 1950, pero pronto sus flaquezas aparecieron y adquirió fama de incumplidor, borracho e irreverente en sus presentaciones, lo cual era cierto. Pero también hubo calumnias, como en 1955, cuando dijeron que ya no cantaba con la maestría de antes.

Fue entonces cuando grabó excelsos temas, entre los que se destacan Oh vida y Hoy como ayer, que hicieron exclamar a uno de sus críticos: "Pues estábamos equivocados, lo que vimos hace dos noches nos hizo recapacitar. Benny tiene una garganta de corcho y su voz, su estilo, sus simpatías no han decaído en lo más mínimo... Es grande este Benny Moré".

Después viajó con su tribu a Panamá, en 1955; de allí vino a Colombia, Perú, Venezuela y Haití.

En Colombia -según Sergio Santana- se presentó en agosto de 1955. René Cabel hizo que lo contrataran en La Voz de Antioquia y en el Club Campestre. Alternó con Lucho Bermúdez y con Pacho Galán. También actuó en Cartagena y en Barranquilla.

En 1956 y 1957 viajó a Puerto Rico, donde tocó con el Combo de Rafael Cortijo y se conoció con Ismael Rivera. Luego, alternó en Nueva York con las orquestas de Machito y Tito Puente. Y con la orquesta mexicana de Luis Arcaraz estuvo en la entrega de los premios Óscar, en Los Ángeles, con gran éxito.

A raíz del descubrimiento de la cirrosis hepática que lo mató, en febrero de 1963, no volvió a viajar sino dentro de Cuba. Falleció en el Hospital de Emergencia de La Habana, y su cadáver fue llevado en peregrinación de pueblo en pueblo hasta llegar a Santa Isabel de las Lajas, donde sus restos reposan.

El Benny vivió 43 años, 5 meses y 19 días.

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