Editorial: La tragedia de Pistorius

Editorial: La tragedia de Pistorius

21 de febrero 2013 , 09:00 p. m.

Cuando los ídolos se desploman se conmueve el mundo. Y ello ocurre de cuando en vez, por distintas razones y circunstancias. Es, además de grave, asombroso el tremendo episodio protagonizado por el famoso atleta sudafricano Óscar Pistorius, pues está de por medio el asesinato de su joven novia, de 29 años, la hermosa modelo y compatriota suya, Reeva Steenkamp, en la fatídica noche del 13 de febrero.

Por ahora, aparte de tristeza, todo es drama y misterio. Además del natural escándalo y el despliegue mediático en torno de un hecho judicial que trae a la mente aquel largo y traumático caso de O. J. Simpson, el actor y exjugador de fútbol americano, quien fue acusado del asesinato de su exesposa Nicole Brown.

Pero el de Pistorius, hoy de 26 años, quien llora su tragedia, es un suceso con matices muy singulares que llevan a innumerables reflexiones y conjeturas. Él vino al mundo marcado por la propia naturaleza, pues nació con una malformación en sus dos piernas, lo que obligó a su amputación desde muy niño. Pero en un admirable y descomunal esfuerzo personal y científico llegó a ser, o parecer, un hombre con todas sus facultades físicas. Y sin duda, un ser que ha dado los máximos ejemplos de superación y de coraje.

Todo en su vida ha sido casi que una increíble paradoja. Empezando porque es un hombre sin piernas nacido para el atletismo. Deporte que abrazó desde sus primeros pasos, para ser más paradójicos. Con ayuda de sus piernas artificiales, llegó a maravillar a la humanidad, que lo vio competir con los mejores atletas del mundo en los 400 metros planos en los Juegos Olímpicos de Londres.

No es claro si disparó en cuatro oportunidades en un momento de ira o en un acto de temor a los ladrones, como él dice. Lo cierto es que está acusado de asesinato premeditado. Ayer, el juez aplazó para hoy y por cuarta vez la decisión de ponerlo en libertad bajo fianza.

Duele que después de todo lo superado por Pistorius, de ser un ejemplo, esté en este trance. Con todo lo cruel que puede ser a veces el destino, a este ser singular que encontró unas piernas con las que asombró, el diablo puede estar a punto de cortarle las alas. Que podría ser una cadena perpetua. Pero dura lex, sed lex, dice la máxima. Que ella resuelva.

editorial@eltiempo.com.co

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