Rosa Rodríguez, sobreviviente de cáncer de mama, cuenta su historia

Rosa Rodríguez, sobreviviente de cáncer de mama, cuenta su historia

Luego de dos años de lucha, mastectomía y quimioterapia, esta mujer le ganó a la enfermedad.

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20 de febrero 2013 , 07:08 p.m.

La mujer, con la mano derecha señaló su seno izquierdo. Tenía un buzo de lana con hilos dorados que cubría esa parte del cuerpo, estaba sentada, con las manos en las rodillas y una sonrisa nerviosa. El índice dibujó dos círculos sobre ese lugar de su anatomía. El fin era didáctico: quería mostrar esa parte en la que, mientras se duchaba, encontró una protuberancia. Usó la palabra 'garbanzo' para explicar su tamaño. No dejó de sonreír.

Hace tres años, Rosa Rodríguez halló un pequeño tumor y le diagnosticaron erróneamente mastitis. "Un año después cambié de médico y me encontraron el cáncer. Y ya había avanzado, porque ya estaba en estadio dos llegando a tres. Donde el diagnóstico se hubiese hecho bien un año antes, las cosas hubiesen sido más fáciles", dijo Rosa.

Cáncer. La palabra desde la medicina "describe una situación biológica que consiste en que las células pierden su programación de nacer, dividirse y finalmente morir", dice Carlos Castro, oncólogo y director científico de la Liga Colombiana Contra el Cáncer. "Estas células (las cancerosas) se perpetúan de una forma anómala y finalmente se traducen en la formación de tumores", explica Javier Pacheco, hemato-oncólogo integrante de la Fundación Simmon y de Achop. Pero Rosa describe la enfermedad con una emoción: miedo.

Miedo al tratamiento, a dejar a los suyos, a perder eso que llamamos vida. El miedo que reta a dar una batalla que Rosa libró con intensidad durante dos años. Se trató de una guerra contra una parte de ella misma, contra sus propias células que se negaban a morir, en la que la victoria dependía de la voluntad, la pericia médica y qué tanto ha avanzado una enfermedad que se clasifica en cuatro estadios, que el oncólogo Castro explica así: "El estadio cuatro es cuando hay metástasis y ya es incurable, pero se le puede prolongar la sobrevida incluso por varios años y con una muy aceptable calidad de vida. En el estadio tres también se puede tener un desenlace fatal, pero tiene más chance y hay un 20 por ciento de posibilidades de curarlo. En el dos ese porcentaje aumenta al 70 y en el estadio uno al 90". Rosa lo repite: "Estaba en estadio dos llegando a tres". El cáncer también es un asunto de números, de probabilidades.

Y en esa guerra las cosas cambian, adquieren nuevos significados. Cambia, por ejemplo, el significado de la vanidad y de la tenacidad. Rosa fue sometida a una mastectomía en la que se le extrajo el 70 por ciento del seno -y también se le reconstruyó con su propia piel- y el tratamiento tuvo efectos sobre su cuerpo: "Con la quimioterapia yo no me podía ni mover, se me cayó el pelo, las uñas. Mi cáncer era demasiado agresivo y así tocaba atacarlo; duro. Llegué a pesar cien kilos, se me cayeron los dientes".

Cambia la memoria. El registro de la vida se mide en citas, en diagnósticos y tratamientos. Rosa recita las fechas y horas con precisión suiza: "Fue un jueves cuando me hicieron la biopsia"; "un martes a la una de la tarde me llamaron y me dijeron que el examen había salido mal"; "empecé tratamiento el 4 de abril del 2011"; "entré a cirugía a las siete de la mañana y desperté a las dos de la tarde conectada a un mundo de cosas".

Cambia la familia, los que se quieren. Mientras que a algunas las acompañan sus esposos, a otras las dejan. "Suele pasar que ante un cáncer los hombres dejen a sus mujeres, pero eso también depende del nivel cultural de la gente y de la relación que tengan. Lógicamente es difícil precisarlo porque puede que haya una antesala, que el matrimonio no estuviera del todo bien", asegura Pilar Fernández, psicóloga de la Liga Colombiana contra el Cáncer, y agrega: "Aunque muchos hombres acompañan y están al lado de sus parejas, la enfermedad puede agudizar una crisis". Eso le sucedió a Rosa. Su matrimonio muy pronto se disolvió y su compañero terminó por retirarse de la relación. "Yo en ese momento lo quería mucho, pero creo que él ya no", recuerda. Pero fue otro hombre el que le dio fuerza: su hijo. "Fue mi razón para dar la pelea; me dije que no podía dejarlo solo", cuenta.

Se transforma la visión misma de la vida: "Antes yo estaba pendiente del uno y del otro, menos de mí misma. Ahora estoy más pendiente de mí: primero yo, segundo yo, tercero yo y luego los demás. Estoy pendiente de mi salud, de mi hijo. Cuando me sale un viaje, lo hago", dice Rosa, que superó su enfermedad, aunque todavía está bajo supervisión médica periódica con el fin de prevenir el resurgimiento de la misma, pues "los pacientes necesitarán un control por varios años de su vida, y los riesgos reales, para considerarse curado, se pierden después de los 10 a 15 años de seguimiento", asegura el hemato-oncólogo Javier Pacheco.

Cáncer. Mastectomía. Quimioterapia. Lucha. Vida. Sobre todo vida. Son las palabras que Rosa Rodríguez repitió. Fue la historia que contó en su apartamento, al lado de su hijo, todo el tiempo sonriendo. Sonriendo por una razón poderosa: triunfó.

Redacción Carrusel

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