Piso 9 del Hospital Militar de Caracas, el refugio de Hugo Chávez

Piso 9 del Hospital Militar de Caracas, el refugio de Hugo Chávez

Las medidas de seguridad no parecen extremas, aunque a ese lugar nadie entra sin permiso.

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19 de febrero 2013 , 06:00 p. m.

Sí, en cada entrada han puesto detectores de metales y no puede subirse por las escaleras al piso 9, donde se supone que recibe tratamiento, en una de las alas del Hospital Militar de Caracas, el presidente Hugo Chávez.

Unas rejas nuevecitas –según cuenta una paciente que fue la semana pasada y dice que no estaban–, cerradas con llave, bloquean el acceso desde el piso 8, donde un guardia tiene la llave para abrir y subir. Sólo lo hace cuando a las escaleras se asoma un hombre pequeño, pero fornido, con cara de pocos amigos y vestido de civil.

Allí también hay un detector de metales y de pronto se asoman uno o dos efectivos del Ejército, no más. (Lea también: El regreso de Hugo Chávez a Caracas deja más dudas que respuestas).

La movilidad del centro asistencial solo puede hacerse a través de dos pares de ascensores, pues el tercer par está destinado únicamente a quienes puedan llegar al famoso piso 9. Una cinta amarilla de ‘No Pase’ y un militar de boina roja se aseguran que así sea.

Desde el lunes en la mañana el ingreso al hospital está restringido. A los pasajeros de los vehículos o Metrobús que quieran ingresar se les exige el comprobante de la cita médica o algún otro papel –o excusa– suficientemente convincente que justifique su necesidad de entrar.

Estas previsiones iniciales se corresponden con lo que puede verse adentro. La seguridad desplegada en el centro asistencial no luce frenética o excesiva, como podría pensarse tras su hermética convalecencia en el edificio del Cimeq, en La Habana. Desde allí lo poco que se sabía era que la entrada y salida del personal y el público estaba prácticamente restringido. No es el caso en este hospital de Caracas.

Lo que sí despunta allí es un silencio atronador cada vez que se nombra la palabra "Chávez", y no es que se nombre mucho. Informalmente, alguna enfermera del piso 8 –donde se encuentra el área de obstetricia, y las familias contentas esperan noticias del nacimiento de sus hijos o nietos– comenta que un par de seguidores del primer mandatario han llegado candorosamente y le pidieron al guardia entregarle una carta al mandatario.

"Una viejita le dijo al militar que ella era la esposa de Chávez y que quería darle un beso".

De resto, el personal médico se niega al más mínimo comentario, como si un ojo invisible estuviera sobre ellos.

A diferencia del lunes, el martes el silencio no lo cortaban las manifestaciones de amor y los gritos de decenas de simpatizantes del mandatario, un grupo que ayer estaba reducido en número y efusividad, limitándose a rezar y comentarle a la prensa –que tiene prohibido el paso– lo mucho que desean la recuperación de su 'comandante'.(Lea también: Evo Morales llegó a Venezuela para visitar a Chávez)

El hospital parece funcionar con total normalidad a pesar de la presencia del paciente que está dando que hablar a todos. Parece que nada estuviera sucediendo.

A simple vista, no se trata de un centro asistencial de primera línea. En los primeros pisos y la planta baja se divisan botes llenos de basura, paredes descascaradas, puertas clausuradas y rotas.

A medida que se suben los pisos se torna más 'exclusivo', con pabellones aislados y más individualizados. Un ala entera está dedicada a la atención de 'oficiales superiores'.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Caracas

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