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'Mi amigo el Papa': Darío Castrillón

'Mi amigo el Papa': Darío Castrillón

El Papa que acaba de renunciar ha venido dos veces a Colombia, un dato que muchos desconocen.

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Se conocieron en la década de los 50, cuando eran dos entusiastas sacerdotes. En un viaje a Alemania, al hoy cardenal colombiano en retiro Darío Castrillón le presentaron a uno de los más brillantes teólogos del momento: el obispo alemán Joseph Ratzinger. Y desde entonces empezaron a cultivar una entrañable relación de amigos y colegas. (Vea el especial multimedia de la renuncia de Benedicto XVI)

En 1971, cuando era secretario general de la Conferencia Episcopal, Castrillón lo invitó al país, y él aceptó. Durante un mes, en la sede del Episcopado en Bogotá, les dictó un taller sobre estudios teológicos a los sacerdotes y obispos colombianos, que hoy es recordado con orgullo y cariño. (Lea también: La guerra detrás de la renuncia)

Fueron a Monserrate y a Zipaquirá, y caminaron por el centro histórico de la ciudad. Años más tarde -no recuerda bien la fecha- le aceptó una nueva invitación. Sí. El Papa que acaba de renunciar ha venido dos veces a Colombia, un dato que muchos desconocen. (Lea también: Las revelaciones del 'vatileaks')

"Disfrutó mucho su estadía en nuestro país, le encantó", recuerda Castrillón, y evoca que la primera vez que el máximo jerarca de la Iglesia católica vio un computador fue en Bogotá. "Era un cacharrito, pero lo descubrió con asombro y hasta le preguntó jocosamente al aparato: ¿cómo te llamas?". (Lea también: El papado no será lo mismo)

Años más tarde se juntaron en Roma, cuando Juan Pablo II los nombró cardenales y les asignó importantes despachos en la Santa Sede. Castrillón fue elegido prefecto de la Sagrada Congregación para el Clero mientras que a Ratzinger le entregaron la Congregación para la Doctrina de la Fe. (Lea también: ‘Mi amigo el Papa': Darío Castrillón)

Vivieron 10 años en la misma casa; el colombiano en el segundo piso y el alemán en el cuarto. "Siempre ha habido un cariño y un entendimiento mutuo. Se ha dicho con certeza que es un amigo fiel y leal", comenta. La relación se hizo más estrecha cuando Juan Pablo II, seis meses antes de morir, les pidió que trabajaran juntos en un nuevo documento vaticano sobre el catecismo de la Iglesia que hoy es impartido en todo el mundo. (Lea también: 'La Iglesia hallará su senda si se hace más humilde': Leonardo Boff)

Y la amistad siguió después de que lo eligieron en el trono de San Pedro. "Es un hombre que siempre saluda, incluso primero que lo saluden a él, que conversa amablemente; nunca da la impresión de ser un hombre ocupado", comenta este antioqueño de 84 años. (Lea también: El hombre que empuñó la razón para defender la fe)

También lo describe como una persona tímida y 'contenida', sin afanes de figuración ni vanidades, que no habla de lo que no sabe pero que, cuando habla, llega a ser realmente profundo. "Su inteligencia es suprema y su nobleza es admirable". (Lea también: Balance de un corto papado)

La sensatez es otra de las virtudes que destaca del Santo Padre. Por eso admira y aplaude el valeroso gesto de haber renunciado, según él, a una posición de poder que muchos apetecen. (Lea también: 'No se inmiscuirá, pero tampoco va a sentarse a morir')

"No se bajó de la cruz, como se ha sugerido. Evitó, mejor, hacer un trabajo a medias en su pontificado. Su renuncia fue un acto de amor a Cristo y un sacrificio de humildad", reflexiona. Habla sobre las limitaciones que Benedicto ha argumentado en su retiro: el peso de los años en su cuerpo y en su salud. La falta de fuerzas. (Lea también: Secretos de un reinado de 2.000 años)

Castrillón fue uno de los 25 cardenales que estuvieron presentes en el momento en el que, de manera inesperada, sin sobresaltos, el papa anunció que renunciaba a su pontificado. Él, dice, quedó como congelado con semejante noticia. Por eso rechaza los señalamientos de algunos sectores que aseguran que habría renunciado por las presiones de las maquinarias y los hilos de poder que se mueven en la Santa Sede. Sabe que es un hombre lo necesariamente sensato como para que desconozca o se deje amedrentar por las sombras que hay en la Iglesia. (Lea también: Este sería el perfil del líder espiritual que necesitan los católicos)

"¿Por qué Jesús llamó a Judas o por qué aceptó a gente tan debilucha como San Pedro, antes de que recibiera la gracia de Dios?", analiza al comparar que el papa, como Cristo, no ha sido un ciego ante el comportamiento de quienes lo rodean. (Lea también: Benedicto, en 7 palabras)

No en vano, aunque sean representantes de Cristo en la Tierra -dice Castrillón-, los sacerdotes (los cardenales y hasta los papas) siguen siendo, ante todo, seres humanos.

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