'No se inmiscuirá, pero tampoco va a sentarse a morir'

'No se inmiscuirá, pero tampoco va a sentarse a morir'

Georg Ratzinger revela que el 18 de enero ya estaba decidida la fecha de la renuncia.

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16 de febrero 2013 , 10:19 p.m.

El sacerdote Georg Ratzinger, de 89 años recién cumplidos, no solo es el hermano mayor del papa Benedicto XVI, sino también su único pariente vivo y gran confidente desde la niñez. Más allá de los lazos de sangre, ambos están unidos por la vida sacerdotal desde comienzos de los años 50, cuando fueron ordenados sacerdotes en la Arquidiócesis de Múnich y compartieron presbiterado en la ciudad bávara de Ratisbona, donde Georg todavía vive, como capellán jubilado, y de la cual Joseph Ratzinger salió en 1993, como cardenal, durante el papado de Juan Pablo II. (Vea el especial multimedia de la renuncia de Benedicto XVI)

Desde el 2005, religiosamente, Georg Ratzinger ha sido huésped del Vaticano y de su hermano, el papa, 3 veces por año. Su última visita se produjo en Navidad y se prolongó hasta el 18 de enero, cuando el hermano mayor regresó a Ratisbona. Desde allí, contestó las preguntas de EL TIEMPO. (Lea también: Este sería el perfil del líder espiritual que necesitan los católicos)

¿Es verdad que el papa tomó la decisión de renunciar después de su viaje a México y Cuba, en marzo del año pasado?

No. El tema estaba latente en su conciencia desde hace más de tres años. Su compromiso era llevar adelante su misión papal por el mayor tiempo que le fuera posible, y ese tiempo llegó a su fin, espiritualmente, al comienzo de este año. (Lea también: Benedicto, en 7 palabras)

¿Qué precipitó la decisión?

La disminución de sus fuerzas. Nada más.

¿Así se lo dijo?

El 18 de enero regresé de mi visita de Navidad al Vaticano con la fecha exacta en que mi hermano renunciaría. (Lea también: Secretos de un reinado de 2.000 años)

¿Consultó con usted la decisión?

No. Simplemente me la comentó y estuve de acuerdo.

Expertos en el Vaticano dicen que el papa está muy enfermo...

Eso no es cierto. Sucede que la edad apremia. Cualquier persona que haya llegado a los 80 años sabe de lo qué él y yo estamos hablando.

Las fuerzas disminuyen y, no obstante, las inmensas tareas del compromiso papal siguen en aumento. Mi hermano es demasiado comprometido como para dejar que las circunstancias naturales de la vida fueran las que determinaran su porvenir en el apostolado.  (Lea también: Balance de un corto papado)

La decisión del papa sorprendió al mundo. Lo inédito del asunto ha suscitado mucho nerviosismo entre los católicos...

No lo crea. Los entendidos sabían, o por lo menos tenían que saberlo, que mi hermano ya había sugerido la posibilidad de su renuncia en el 2010. (Lea también: El hombre que empuñó la razón para defender la fe)

¿Cómo y cuándo lo dijo?

Lo expresó por escrito en el libro La luz del mundo (Peter Seewald). ¿No conoce el pasaje?: "Si un papa se da cuenta de que ya no es física, psicológica o espiritualmente capaz de ejercer el cargo que se le ha confiado, entonces tiene el derecho y (...) el deber de dimitir, lo cual podría darse en un minuto de intensa paz o cuando ya no pueda más". (Lea también: El papado no será lo mismo)

¿En la mañana del 11 de febrero se produjo el 'minuto de intensa paz' o el 'ya no puedo más'?

Él dijo que, en plena libertad, había examinado su conciencia y llegado a la certeza de que no podía más. Son palabras muy claras, que se refieren a lo que ya había expresado en el 2010 de forma racional y reposada, consciente de que con ello abría, desde el propio papado, un nuevo capítulo en el pensamiento sobre la vida papal. Pensar la Iglesia, vivir la Iglesia, dirigir la Iglesia de la mejor forma que le ha sido posible ha sido lo que ha hecho mi hermano desde el comienzo y hasta el fin de su pontificado. (Lea también: 'La Iglesia hallará su senda si se hace más humilde': Leonardo Boff)

La religión católica está llena de miedos y supersticiones. Muchos ven la renuncia del papa como un callejón repleto de incógnitas sobre cómo seguirá el curso de la Iglesia con dos papas vivos, una situación que no se da desde la Edad Media. ¿Cómo se lo imagina usted?

El papa en retiro, Joseph Ratzinger, se va a dedicar a la oración y a sus actividades intelectuales. No se va a inmiscuir en nada, pero tampoco va a sentarse a esperar la muerte. (Lea también: Las revelaciones del 'vatileaks')

¿Va a volver a visitarlo?

Sí. Por tarde, en abril, para su cumpleaños número 86. En su residencia va a haber una habitación para mí.

PATRICIA SALAZAR FIGUEROA
Para EL TIEMPO

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