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Balance de un corto papado

Balance de un corto papado

El gesto de su renuncia recuerda una historia casi olvidada de hace 600 años.

Al papa Ratzinger comenzaron a escribirle la 'columna del debe' el día de su elección. Los columnistas de la prensa europea recordaron, junto con la noticia del fin del cónclave, que un inquisidor había llegado al trono de Pedro; fue la manera de informar que, como presidente del dicasterio para la doctrina de la fe, cumplía las funciones del gran inquisidor en el Santo Oficio, evocación más llamativa y sensacional que real, en un artículo de prensa. (Vea el especial multimedia de la renuncia de Benedicto XVI)

Por el mismo camino una agencia de prensa desempolvó archivos de cuando, adolescente, Ratzinger hizo parte de un movimiento juvenil nazi que en su momento reunía a la juventud alemana en asuntos deportivos. (Lea también: Benedicto, en 7 palabras)

En la misma columna los medios le anotaron aquellos discursos académicos por los que musulmanes y judíos le reclamaron alusiones históricas que tomaron como ofensas. (Lea también: La guerra detrás de la renuncia)

Dejaron constancia detallada los medios sobre los movimientos de rechazo a sus visitas a Madrid y Londres y les hicieron eco a las víctimas de la pederastia clerical en Estados Unidos e Irlanda, especialmente. Con base en la carta del cardenal Castrillón, quien felicitaba al obispo que había encubierto a los autores de actos de pederastia, sobre los hombros de Benedicto XVI cayó la acusación de encubridor. También le endilgaron la responsabilidad por los manejos dudosos en el Banco Vaticano, que las autoridades bancarias europeas estuvieron a punto de sancionar por lavado de activos. (Lea también: ‘Mi amigo el Papa': Darío Castrillón)

Esa 'columna del debe' ha sido generosamente reproducida con motivo de su renuncia, les ha servido a columnistas y, de seguro, perseguirá al papa Ratzinger durante su retiro. (Lea también: Las revelaciones del 'vatileaks')

Pero al lado de esa lista negra está la 'columna del haber' que resulta de la mirada serena y desapasionada sobre un hombre tímido y sencillo que amó el silencio y el estudio. (Lea también: 'La Iglesia hallará su senda si se hace más humilde': Leonardo Boff)

Así lo vieron durante el Concilio Vaticano II, como consultor y proveedor de conocimiento. Esa condición no la perdió cuando presidió la Congregación para la Doctrina de la Fe. (Lea también: El papado no será lo mismo)

Los hombres de estudio, discretos y retraídos, suelen ser valientes porque creen en la verdad con todos sus poros y la defienden serenamente. (Lea también: El hombre que empuñó la razón para defender la fe)

En el ámbito académico fueron un aporte valioso sus estudios sobre las relaciones entre fe y razón, ciencia y religión, una parte mínima dentro de la gran obra teológica que ha sido calificada de la Summa Theologica del siglo XXI. Así figura en la 'columna del haber', en donde hay más.  (Lea también: Balance de un corto papado)

El sosiego del académico no ha opacado a ese hombre de gobierno que destruyó el imperio que pacientemente había construido de escándalo en escándalo el sacerdote mejicano Marcel Masiel. Sin ruido y discretamente sancionó y suspendió al pederasta, de la misma manera que destituyó al poderoso presidente del Instituto para las Obras Religiosas y a los altos eclesiásticos comprometidos en el escándalo financiero, como parte de la operación de saneamiento de esa institución. (Lea también: Secretos de un reinado de 2.000 años)

Con guante de seda y mano de hierro manejó el escándalo de las cartas robadas por su mayordomo. Cuando la prensa mundial pedía sangre, actuó con la justicia necesaria para que el hecho no quedara impune y la caridad suficiente para no destruir al culpable. Dejó para sí el sufrimiento y la desilusión de encontrar el mal en su entorno. (Lea también: 'No se inmiscuirá, pero tampoco va a sentarse a morir')

Y ante el doloroso escándalo de los casos de pederastia en el clero, la prensa de Nueva York lo vio afrontar el tema con la franqueza necesaria para develar la verdad del hecho y la energía requerida para sancionarlo y prevenirlo en el futuro. De sus disposiciones de entonces surgieron normas como las que el episcopado colombiano adoptará, de trabajo conjunto con la justicia penal para investigar y sancionar. (Lea también: Este sería el perfil del líder espiritual que necesitan los católicos)

Con la misma firmeza se enfrentó a las luchas por el poder, que dividen a la Iglesia y que denunció en este miércoles de ceniza; con lucidez orientó la pastoral de la Iglesia hacia los alejados y los sin Dios. Diseñó una pastoral de testimonio de vida, antes que de sermones y de ritos.

El lenguaje de la Nueva Evangelización, que revela una Iglesia cercana a los hombres de hoy, lleva el sello de un hombre que, como pocos, está marcando la historia eclesiástica.

El gesto de su renuncia recuerda una historia casi olvidada de hace 600 años con la misma fuerza con que su pontificado proyecta la Iglesia hacia el futuro, cuando su nombre será recordado -por la profundidad y fecundidad de su magisterio- como el papa que renunció para servir mejor a la Iglesia.

JAVIER DARÍO RESTREPO
Periodista desde hace 52 años, maestro de la FNPI, experto en ética periodística y catedrático de la U. de los Andes. Dirige la revista 'Vida Nueva'.

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