El demonio

El demonio

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16 de febrero 2013 , 08:24 p.m.

"En aquel tiempo, Jesús lleno del Espíritu Santo fue conducido al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por el demonio" (Lc. 4,1).

Las tentaciones que sufrió Jesús en el desierto nos ofrecen la ocasión para recordar algunos aspectos fundamentales sobre quién es el demonio, cómo actúa y cómo podemos protegernos de él. Para profundizar, aconsejo leer la 'Summa Daemoniaca', del padre Fortea.

¿Quiénes son los demonios? Son seres espirituales de naturaleza angelical condenados eternamente. Los demonios no fueron creados malos, pues Dios les dio la existencia para gozar de su amor, pero, al igual que nosotros, fueron puestos a prueba y hubo algunos que correspondieron al amor de Dios y otros que lo rechazaron. Antes de su gran decisión los ángeles veían a Dios, pero no su esencia divina. Solo los que optaron por Dios gozan de la visión beatífica, como también nosotros lo tenemos prometido. El demonio, por ser inteligencia, no puede hacernos daño físicamente, pero sí tentarnos, engañarnos, presentar lo malo como si fuera algo bueno.

¿Por qué el diablo tentó a Jesús sabiendo que era Dios? Porque no resistió la tentación de probar al mismo Dios hecho hombre. Esta sería la única ocasión en que ejerciera su acción con el mismísimo Dios. Sabía que era un error, pero lo asumió conscientemente. Cristo, por su parte, sufrió la humillación de verse tentado al mal para enseñarnos que ante las tentaciones debemos cortar de inmediato, no dialogar jamás con el diablo, porque es más inteligente que nosotros y es padre de la mentira. Si le hacemos caso, estamos perdidos. Recordemos cómo engañó a Eva y las consecuencias que nos trajo.

El demonio no tiene poder ilimitado, de lo contrario estaría provocando caos continuamente. Por permisión de Dios puede tentar al hombre, porque la prueba nos brinda la ocasión de crecer y madurar en la fe, en el amor y en la confianza en Dios. Nadie es probado por encima de sus propias fuerzas, como se lo hizo saber a san Pablo cuando estuvo azorado por tanta tentación. "Te basta mi gracia" (2 Cor. 12,9).

El poder del demonio está restringido por Dios y no puede hacer nada si no es por permisión de Dios. ¡Mucho menos puede adivinar el futuro! El futuro no lo conoce nadie, excepto Dios. Los ángeles o los demonios pueden deducir con su inteligencia lo que puede suceder, pero no conocen el futuro. La libertad del hombre en todo momento está garantizada.

¿Cómo defendernos ante las asechanzas del diablo? Con la oración, la vida de gracia, el agua bendita y la poderosa intercesión de la Virgen María.

José Manuel Otaolaurruchi, L. C.
twitter.com/jmotaolaurruchi

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