Editorial: Los males de las costas

Editorial: Los males de las costas

13 de febrero 2013 , 06:49 p. m.

El escándalo suscitado luego de conocerse el irresponsable proceder de la empresa minera Drummond al verter varias toneladas de carbón en la bahía de Santa Marta ha hecho que muchos se pregunten por las condiciones ambientales de las zonas costeras del país.

En el caso de la capital del Magdalena, ya son frecuentes los reclamos de turistas por la presencia del mineral en el agua y en la arena, un hecho grave, que deberá superarse el año entrante, cuando aquel llegue a los barcos mediante la modalidad de cargue directo, pero que, por lo pronto, obliga a las autoridades a intensificar su trabajo para mitigar tanto como sea posible el impacto de tal actividad.

Infortunadamente, esta no es la única amenaza. Un riguroso estudio reciente, a cargo del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, que cubrió buena parte de las costas Caribe y Pacífica, arrojó resultados preocupantes (Vea aquí el estudio).

En ellos se muestran índices altos de contaminación microbiológica por cuenta del vertimiento de aguas negras en algunas playas con actividad turística. También revelan cambios en la temperatura de los mares cercanos al litoral, variaciones que tienen impacto directo sobre los ecosistemas marinos, en particular los coralinos, que se han visto perjudicados también por los desechos procedentes de zonas agrícolas y ganaderas que aportan sedimentos y químicos. Los hidrocarburos tienen un lugar en la lista: en algunas partes se encontraron concentraciones superiores a las permitidas, según parámetros internacionales.

Llama la atención el asunto de las playas. De acuerdo con la investigación, en muchas de ellas la calidad de sus aguas no es "adecuada para actividades de contacto primario, según la legislación colombiana", situación que representa un riesgo para la salud de los bañistas.

A la luz de estos datos, preocupa saber que solo el 30 por ciento de los asentamientos costeros cuentan con alcantarillado y que la mayoría no tratan sus aguas residuales, campo en el cual es urgente avanzar generando los mismos consensos que hoy existen en torno a la necesidad de reciclar. Pues hay que entender, de una buena vez, que el mar no es la alcantarilla por excelencia.

editorial@eltiempo.com.co

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