Dabeiba: la tierra donde la madre Laura se hizo santa

Dabeiba: la tierra donde la madre Laura se hizo santa

Su principal misión la hizo con los indígenas de este municipio del occidente antioqueño.

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12 de febrero 2013 , 08:40 a.m.

Frankelina Montoya no es familiar de la madre Laura, pero sí es la única dabeibana que vive para compartir los recuerdos que conserva de la maestra "de voz suave y dulce" que llegó a su tierra en 1913, seis años antes de su nacimiento, a evangelizar y formar a los indígenas.

"No tuve clases con ella porque la Madre enseñaba en la escuela de niños que ella misma fundó, pero sí participé en sus grupos. Recuerdo mucho un diálogo que sostuvo con dos indios bravos, Zango y Aguadul, que como otros desconfiaron al inicio de su solidaridad", cuenta Frankelina.

Montoya, que en ese entonces tenía 39 años, tardó nueve días en bestia desde Medellín hasta Dabeiba acompañada de otro par de voluntarias. Había renunciado a la dirección del prestigioso colegio La Inmaculada, en la capital antioqueña.

Con el nombramiento de maestra, por parte del departamento, y pese a que a mitad de camino le advirtieron del peligro al que se exponían con los "salvajes indios", nada la detuvo para llegar al lugar que escogió por tener el mayor número de indígenas del departamento.

Sor Luisa Benítez, directora en Dabeiba de las Misioneras de la Madre Laura desde hace 13 años, sostiene que detrás del actual templo parroquial, -varias veces afectado en décadas pasadas por las tomas guerrilleras- Montoya levantó con tablas e iraca la primera sede de las voluntarias que luego serían las Misioneras de María Inmaculada, o lauritas, como las llama la gente. Hoy con presencia en 21 países.

"Debajo de este palo de mangos daba instrucciones a sus colaboradoras. Aquí reposa una placa antiquísima que lo reafirma. La Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia nos donó este solar y queremos que sea un centro pastoral y lugar de peregrinación", sostiene la religiosa.

En Dabeiba, por esa época adscrito al municipio de Frontino, pululaba la pobreza y las langostas azotaban los cultivos.Y, precisamente, implorar ante Dios para que sacara a la plaga de este pueblo fue de las primeras hazañas que los lugareños le reconocieron a la maestra de hábito blanco, escapulario y gorro que se convirtió en la defensora de los desvalidos.

En sus primeros días estuvo dedicada a la educación de varones y con cautela se fue acercando a los indígenas que se cubrían con taparrabos y preferían no desplazarse mucho al pueblo. Así que ella fue por ellos a sus comunidades y a la selva "para que Jesús fuera amado y conocido por todos".

La rectora de la Institución Educativa Madre Laura, sor Clara Esther Valencia, afirma que la primera 'ambulancia' o casa de paso que Montoya Upegui fundó en zona rural estuvo en la vereda El Pital -ubicado a 15 kilómetros de la cabecera- hogar de unos 150 indígenas del resguardo Narikisabi y donde hoy existe una escuela campesina.

"Luego fundó otra en Llano Gordo. Estaban allí 15 días con los indígenas, que según la Madre Laura, era la única forma de ganar su confianza, y luego regresaban a Dabeiba. Llegaron hasta lugares como Mico Grande, ubicado a dos días de camino a pie, con cruce de río en balso", agrega la rectora.

Álvaro Simicú, enlace de los indígenas con la Alcaldía, dice que de acuerdo con lo que le transmitieron sus abuelos, la beata no se limitó a lo catequético sino que le enseñó a los embera katíos a vivir en comunidad, prevenir enfermedades, trabajar por el bien común y a formar a sus hijos.

Unos metros cuesta a bajo de la escuela, antes de cruzar el río El Pital, Simicú limpia con un machete las enredaderas de maracuyá que rodean una roca inmensa donde, según la tradición oral, la futura santa se reunía con los nativos a orar. "Tenemos que limpiar bien esta zona porque mucha gente de todo el mundo vendrá a conocer la tierra donde La Madre se hizo santa", añade.

Aunque para muchos dabeibanos Laura Montoya es  solo el nombre del colegio más grande del pueblo, el alcalde, Toribio Girón, está empeñado junto con el Concejo, de poner una estatua de tamaño real de la primera santa colombiana en el parque principal, y que para esto convocarán a toda la comunidad.

Por su parte Frankelina, que a sus 93 años dice que 'no le duele una muela', saca de la parte trasera de su almohada, una estampa ajada de la santa.

Se la lleva al pecho y dice: "Gracias por interceder para que yo no partiera de este mundo sin verte subir al cielo de la mano de Dios".

Oscar Andrés Sánchez A.
Enviado Especial EL TIEMPO
Dabeiba (Antioquia)

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