Insomnio, la pesadilla que ataca a jóvenes

Insomnio, la pesadilla que ataca a jóvenes

En América Latina son escasos los estudios y en Colombia "no se conocen estadísticas".

11 de febrero 2013 , 10:22 p. m.

El insomnio siempre se relacionó con los adultos mayores, pero el incremento del número de consultas por parte de jóvenes que lo padecen comienza a preocupar a los especialistas en trastornos del sueño. Sin contar con estudios al respecto en América Latina ni en Colombia, expertos dan la alerta porque el número de jóvenes con problemas de insomnio se ha incrementado en consultorios.

El déficit de sueño entre los jóvenes es “precipitado, principalmente, por el trabajo, la vida social y la tecnología”, dice la doctora María Angélica Bazurto, neumóloga del Centro de Estudios de Sueño de la Fundación Neumológica Colombiana.

Uno de los factores que lo producen es la permanente y, a veces, obsesiva utilización de computadores, videojuegos, televisores o celulares por los jóvenes. “La presencia de esos aparatos en sus dormitorios y su mal uso pueden generar malos hábitos de sueño que se relacionan con el inicio del insomnio, que persistirá en la edad adulta si no se toman las medidas al respecto”, advierte.

La exposición, dos horas antes de dormir, a la luz blanca y brillante que emiten las pantallas de computadores, tabletas, celulares y televisores causa insomnio porque reduce en un 22 por ciento los niveles de melatonina, la hormona que regula el sueño, según los resultados de una investigación realizada por el centenario Instituto Politécnico Rensselaer (RPI, por sus siglas en inglés), de Nueva York, y divulgada a finales del año pasado.

La glándula pineal, que produce la melatonina en la noche y en la oscuridad, es muy sensible a las variaciones de luz, y la emitida por esos equipos electrónicos hace que se reduzca o se paralice la emisión de la hormona del sueño.
Este estudio del RPI reforzó otro de la Fundación Nacional del Sueño (NSF, por sus siglas en inglés) de EE. UU., divulgado en el 2011 y que también alertaba sobre los efectos del mal uso de la tecnología sobre el sueño.

A lo anterior se debe agregar “la relación que existe entre los trastornos del sueño y las adicciones” de muchos jóvenes a estimulantes, calmantes, alcohol, otras drogas y los videojuegos, etc., afirma el terapeuta Andrés Rueda, que hace parte del equipo de Intervención Colombia, un nuevo espacio del canal A&E, que presenta casos reales de adictos que buscan recuperarse.

“Al prolongarse los periodos de cualquier adicción puede asumirse que si el ‘adicto’ aún no padece un trastorno del sueño lo padecerá en algún momento, como resultado del desbalance químico de su cuerpo, de los precarios hábitos de autocuidado o de la ansiedad”, sostiene.

Uno de los casos presentados en Intervención Colombia, cuenta Rueda, fue el de Gustavo, de 21 años, adicto a los juegos de apuestas (ludopatía), cuya adicción se inició hace 10 años con las máquinas de monedas y que a los 15 lo llevó a pasar sin dormir hasta cuatro días seguidos, jugando en un casino.

‘No podía estudiar’

Gabriel Vázquez estudiante de arquitectura de 22 años, relata que, desesperado por el insomnio, se “daba golpes contra las paredes” para desmayarse y dormir.
“Perdí la concentración, no podía estudiar, me deprimí, empecé a beber y a drogarme, peleé con todos y me tiré el año”, relata.

El insomnio es, sin duda, la peor pesadilla de los múltiples trastornos del sueño, como la apnea y el sonambulismo, entre muchos otros. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo considera como un problema de salud pública.

Lo padece cerca del 40 por ciento de los adultos y entre el 10 y 15 por ciento en forma crónica, según el Centro Nacional de Desórdenes del Sueño (Cendes), de Estados Unidos, cuyas cifras usualmente se utilizan como referencia internacional.
Afecta drásticamente la calidad de vida en todos los aspectos y, a largo plazo, se lo asocia con un riesgo mayor de padecer trastornos cardiacos, respiratorios, gastrointestinales o diabetes, que son frecuentes en los insomnes crónicos, según la red latinoamericana de salud LatamSalud.

Es considerado, además, como el más prevalente en todos los trastornos de salud mental. Por ejemplo, puede ser causado por una depresión mayor o por un trastorno bipolar.

Aunque para la familia de Gabriel Vázquez su insomnio también fue una pesadilla, les permitió descubrir que padecía un trastorno bipolar que desconocían, pero que pudo tratar a tiempo y le permitió reincorporarse a su vida normal de estudiante.

Síntoma de anomalías

El insomnio no es considerado en sí mismo como una enfermedad, aunque, en ocasiones, pueda llegar a serlo. Sí es síntoma de otras anomalías físicas como la “fibromialgia, que causa fuertes dolores musculares, que pueden ser crónicos, y de fatiga. También puede ser síntoma de afecciones cardiacas o pulmonares cuyas manifestaciones se exacerban en la noche, como la apnea del sueño y algunas neurológicas, como el párkinson”, dice la doctora Bazurto, aunque aclara que también hay insomnios idiopáticos, es decir, “que no se relacionan con ninguna alteración orgánica”.

¿Qué sucede cuando una persona tiene el sueño fracturado y se despierta cada dos o tres horas en la noche? “Todos los humanos dormimos por lapsos cortos, de unos 90 minutos, pero no lo recordamos. Cuando esto ocurre, es porque puede haber un problema médico, como la apnea, o mental, como la depresión”, responde el neurólogo Miguel Dávila, especialista en sueño.

El insomnio es una anomalía que impide que se inicie, se mantenga o se logre el sueño y que se obtenga el descanso reparador que todos necesitamos tras la vigilia. Puede durar semanas o volverse crónico.

“Es el trastorno más prevalente en la población adulta, y especialmente en la población mayor; más escaso en niños, y tiende a aparecer ahora en algunos adolescentes”, afirma el doctor Dávila.

Hay varios tipos de insomnio: el agudo, si dura un mes, y el crónico, si supera los 6 meses. Quienes padecen el último corren mayor riesgo de sufrir desórdenes cardiacos, respiratorios, gastrointestinales, hipertensión y diabetes, según el Cendes.

Las causas principales que lo producen son diversas: van desde el estrés, las malas condiciones físicas en donde se duerme, los malos hábitos de sueño, los alimentarios, el consumo de drogas, alcohol, tabaco o estimulantes del sistema nervioso, y hasta por enfermedades físicas o mentales como las mencionadas más arriba.

Pero hay pocos estudios al respecto. En América Latina son escasos, y en Colombia “no se conocen estadísticas”, pero “no deben ser muy diferentes a los del resto del mundo”, dice el doctor Dávila.

“En un país como el nuestro, donde existen problemas socioeconómicos graves, mala nutrición, desempleo, violencia nacional con guerra abierta o soterrada y desplazamientos forzados hacia las urbes”, las causan más sobresalientes son “el estrés, la mala alimentación y la contaminación ambiental”, entre otras.
Menciona también el abuso de drogas, medicamentos o sustancias estimulantes como cafeína, cocaína, anfetaminas, depresores como el alcohol, alergias alimentarias o toxinas en el ambiente.

“La anemia por carencia de hierro puede ser un factor clave en mayores trastornos cerebrales en los niños colombianos, y de paso en el sueño y el aprendizaje que les permita desarrollarse mejor como personas”, añade.

El insomnio también puede estar relacionado con el sobrepeso. “Con la actual epidemia de obesidad, los trastornos respiratorios durante el sueño, como la apnea y la hipoxemia de sueño (disminución de la concentración de oxígeno en la sangre) son cada día más importantes y pueden llegar a afectar hasta a un 24% de los varones entre 30 y 60 años y hasta a un 9% de las mujeres en estas edades”, advierte el doctor Dávila.

“El sueño es parte integral de la vida de todos los seres animados, dialécticamente indisoluble de su opuesto, el estado de vigilia, y la proporción del tiempo dedicado a esta actividad es variable según la especie... Entre los seres humanos, es del 33% del tiempo vital”, añade.

Dormir es esencial para la conservación de la energía, la termorregulación del organismo y, en general, para tener una vigilia saludable y satisfactoria.
La falta del sueño o una pobre calidad del sueño, por lo tanto, puede no solo resentir nuestra calidad de vida, aportándonos cansancio, mal humor, somnolencia, fatiga, irritabilidad, falta de concentración y atención, entre otros, sino afectar integralmente nuestro organismo.

¿Se puede prevenir?

“Como los trastornos del sueño dependen de muchas causas, hay que distinguirlas antes de avanzar en una teoría general sobre cómo evitarlos”, responde el doctor Dávila.

Los expertos recomiendan, no obstante, aplicar reglas preventivas de higiene del sueño, como no tener aparatos electrónicos en el dormitorio, acostarse y levantarse a la misma hora, llevar una dieta saludable, hacer ejercicio y recurrir a un especialista en caso de que persista el insomnio.

“Si tiene dificultades para conciliar el sueño por 30 minutos, para permanecer dormido, si se despierta por más de 30 minutos en la noche, durante, por lo menos, 3 noches por semana en un mes y padece cansancio, fatiga, disminución del desempeño laboral o escolar, debe consultar al médico, idealmente a un especialista en medicina del sueño”, recomienda la doctora Bazurto.

GLORIA HELENA REY
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

 

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