'Envejecer es un privilegio': Laura Linney

'Envejecer es un privilegio': Laura Linney

A un año de cumplir 50, la actriz cuenta cómo ha sido su carrera y reflexiona sobre la muerte.

11 de febrero 2013 , 04:56 p. m.

Es un gran momento para entrevistar a Laura Linney. Acaba de terminar de grabar la cuarta y última temporada de ‘The Big C’ (‘Con C mayúscula’), la comedia negra de Showtime que HBO emite en Latinoamérica -por la que en 2011 ganó el Emmy como mejor Actriz de serie de TV- y está preparada para reflexionar ante un puñado de periodistas de distintas partes del mundo sobre el éxito internacional de un show con un tópico difícil, en el que interpreta a una mujer a quien se le ha diagnosticado un cáncer terminal, y que le ha permitido indagar las cuestiones existenciales que vienen acuciándola desde siempre, asegura, aunque ahora un poco más, cuando ya está a un año apenas de cumplir los 50, otra palabra con C mayúscula.

"Creo que envejecer es un privilegio. Y me parece que mi personaje, Cathy, lo dice en la primera temporada. Es una verdad profunda. Y me muevo en una industria como la de Hollywood que no siempre aprecia esto", dice con una gracia y una suavidad que calzan perfectamente con la personalidad introvertida que posee. Es una mujer de rasgos faciales casi perfectos, pero quizás lo que más la embellece es su inteligencia. Graduada de las Universidades de Brown y de Juilliard, donde se convirtió en actriz de teatro dramática que ya atesora tres nominaciones al Oscar, no existen en ella los manierismos propios de muchas de sus colegas. Tampoco pretende mantener una juventud eterna con procedimientos artificiales. Se muestra tal cual es, "dispuesta a vivir mi edad a pleno".

Entre sus planes inmediatos está el de descansar al menos por un par de meses, después de cuatro temporadas agotadoras de trabajo en su rol de protagonista y productora ejecutiva de la serie, con jornadas de 14 a 18 horas. "La TV se ha vuelto fascinante, aunque haya que dedicarle más tiempo. Me gusta especialmente la forma en que la gente la ve ahora. Ya no se trata de sentarse una vez por semana frente al televisor: ahora se compran todos los episodios juntos y uno se prepara cuando quiere para disfrutar de un maratón, eso la hace excitante", reflexiona.

La actriz neoyorquina, que vive en Connecticut junto a su esposo (un agente inmobiliario), entiende perfectamente que haya otras personas en el mundo dispuestas a entender el viaje de Cathy Jamison, esta profesora casada con un hombre inmaduro (Oliver Platt), llevando una rutinaria vida de suburbio hasta que le descubren un melanoma que le cambiará la vida. Le dirá adiós a su esposo si tiene que hacerlo, y volverá con él cuando lo necesite, se animará a tener algún ‘affaire’ fortuito, pero tratará sobre todo de acercarse a su hijo adolescente para dedicarle todo el tiempo que le resta. Y hasta soñará con una adopción que le permita ser madre nuevamente, como se verá en Chile en las próximas semanas.

Laura cree que tiene todo el sentido que Cathy no haya querido decirle a su familia que estaba enferma, una vez que lo descubrió en el primer episodio de la serie. "Se me ocurre que ella necesitó tomarse ese tiempo como forma de negación, para no tener que pasar por la quimioterapia. Los tratamientos suelen ser muy invasivos. Tarde o temprano entendió que tenía que compartir su nuevo momento en la vida. Y tirarlo todo por la borda si quería. ¿Cuándo lo iba a hacer?".

Aún en tono de comedia, la serie hace hincapié en la fragilidad de la vida. ¿Ha pensado en eso?

La muerte es la muerte, no se puede dar muchas vueltas alrededor de eso. Y por supuesto que le temo. Es una de las pocas cosas que compartimos todos. Siempre supe que tenemos un determinado tiempo para vivir. No me tomará de sorpresa.

¿Tuvo que investigar mucho sobre la enfermedad que tiene su protagonista?

Mi padre es dramaturgo y de él heredé mi pasión por el teatro, pero mi madre era enfermera en un hospital de Nueva York donde se trataban enfermos terminales. Estoy familiarizada con el cáncer, sólo que descubrí gracias a la serie que hay muchos tipos, y que es una enfermedad muy cruel. Pero también que muchas veces se puede prevenir con chequeos anuales. Y eso es lo que hago desde que empecé a filmar ‘The big C’.

¿Pensó que iban a durar en pantalla cuatro temporadas?

Eso es lo que queríamos desde el principio y tuvimos la fortuna de poder darle a la historia un principio y un final. No es algo que abunde mucho hoy en día con tantas cancelaciones anticipadas. Fue muy bueno haber podido filmar en Connecticut, donde vivo, cerca de Manhattan (en la ficción se trata de Minneapolis). Y haber tenido tantos invitados ilustres, como Alan Alda, al que verán volver en la cuarta temporada.

¿Qué le queda de esta experiencia, además del buen rating y los premios?

No estaba interesada en hacer TV, pero venía haciéndome preguntas existenciales y el guión me llegó justo a tiempo. Me gusta la idea de provocar conversaciones en la gente, y creo que logramos eso. A las mujeres, me parece, les gusta la forma impulsiva y honesta que tiene Cathy de manifestarse. Y la idea de cómo manejarse cuando uno se entera que tiene los días contados es un tema de exploración muy rico, tanto en el teatro como en la vida misma.

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