Editorial: En busca de Ricardo III

Editorial: En busca de Ricardo III

08 de febrero 2013 , 07:53 p. m.

El titular de prensa es insólito pero maravilloso: 'Esqueleto hallado bajo un estacionamiento es el de Ricardo III'. En efecto, según una extraordinaria investigación emprendida por la Universidad de Leicester (Inglaterra), se ha declarado al mundo esta misma semana que por fin ha terminado la búsqueda de los restos perdidos del último rey de Inglaterra de la Casa de York. Fueron hallados "en buenas condiciones aunque frágiles" en un parqueadero de Grey Friars (Leicester) en el punto que correspondería al coro de una iglesia derruida en 1538. Su autenticidad fue confirmada después de recoger el material genético de los huesos y de compararlo con el ADN de un par de descendientes de la hermana del monarca, Ana. 

Ricardo III vivió desde el 2 de octubre de 1452 hasta el 22 de agosto de 1485. No tuvo paz. Perdió a su padre en la batalla de Wakefield cuando apenas tenía 8 años, participó desde los 12 en los vericuetos y las batallas sangrientas de la llamada 'Guerra de las dos rosas', que enfrentó a la Casa de York con la Casa de Lancaster; ascendió al trono de Inglaterra a los 31 tras condenar a sus dos sobrinos -los siguientes en la línea de sucesión- a una reclusión en la Torre de Londres, de la que jamás volvieron, fue asesinado en el combate de Bosworth por las fuerzas de los Tudor y pasó a la historia como el hombre mezquino y despiadado, cojo y jorobado, que dio origen en 1591 a una de las tragedias más célebres de William Shakespeare.

La reconstrucción de su rostro en 3D, que los científicos divulgaron el pasado martes, recuerda la caracterización de Lawrence Olivier en su versión cinematográfica de 1955 de la obra shakesperiana. Pero, tal como notó la experta Philippa Langley, "no parece la cara de un tirano: es, de hecho, un hombre apuesto". Los análisis del esqueleto revelan, también, que Ricardo sí padeció una escoliosis fortísima que debió pesarle siempre, pero confirman que fue el largo reinado de los Tudor -el que el propio Shakespeare vivió- lo que impulsó su imagen como un tirano de una crueldad irrepetible. Y recuerdan, de paso, que las sociedades no pueden resignarse a las versiones oficiales, olvidar que la historia está aún pendiente de ser reconstruida y rendirse en la búsqueda de los hombres del pasado.

editorial@eltiempo.com.co

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