Juan Fernando Quintero, un pequeño genio de talla mundial

Juan Fernando Quintero, un pequeño genio de talla mundial

Fue la máxima figura de Colombia en la conquista del Suramericano Sub-20.

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07 de febrero 2013 , 12:03 a.m.

Juan Fernando Quintero no recuerda con certeza cuándo fue la primera vez que jugó fútbol en su vida. Debió ser antes de tener un juguete en la mano, pues luego de patear un balón ya no hubo carros, bicicletas o muñecos que lo enamoraran. "Juan nunca jugó con un carrito o nunca tuvo otro juguete que no fuera un balón", contó recientemente Lina Paniagua, su madre.

Cuando llegaba del colegio la primera tarea que hacía el pequeño era con la pelota. Así le hizo el quite a las dificultades propias del barrio El Socorro, en la comuna 13 de Medellín, donde creció.

Quintero sabe que su padre jugaba bien al fútbol, por lo que le cuentan sus tíos, pero esa herencia la tuvo que recibir en el ADN ya que la violencia le arrebató a su progenitor cuando él estaba muy pequeño y los recuerdos no son tan fuertes ni tan claros.

Gracias a que su tío Fredy Paniagua tenía una modesta escuela de fútbol, 'Quinterito', como lo apodan sus amigos, descrestó con sus habilidades desde los escasos seis años. Después, con la magia que define a los buenos jugadores y con la personalidad que caracteriza a los antioqueños, el zurdo no tardó en llamar la atención en el Pony Fútbol, el tradicional torneo que ha apadrinado a innumerables figuras en la región.

A los nueve años ya reclamaba con firmeza el balón, regaba rivales en la cancha Marte y demostraba mucho coraje para patear penaltis y tiros libres. "Él siempre se destacó. Era el mejor y de tiro libre no fallaba, por lo que hacía muchos goles", relata su tío.

Cuando ganar ya se convirtió en un lugar común, Juan Fernando sintió que estaba listo para cosas más grandes, para mayores retos y para levantar trofeos más pesados. "Los otros jugadores buenos se quedaron en el camino; y yo sí me siento el mejor", decía entonces, cuando le preguntaban por sus condiciones como futbolista.

A su papá también le heredó la baja estatura, algo que -dicen- lo privó de ser llamado a una selección Sub-17 que dirigía Eduardo Lara.

"Me sentí muy desilusionado al verme despreciado por el técnico Lara. Me dijo unas palabras muy malucas, que no deseo repetir, y que me hicieron sentir mal y hasta decepcionarme de mí mismo", anotó sobre el incidente.

Hay versiones según las cuales el estratega lo descartó, con la recomendación de que mejor se dedicara a otra profesión, "como
a ser vigilante, por ejemplo".

Pero en la vida del talentoso jugador, a falta de la figura paterna, resalta la imagen de su mamá, quien lo ha acompañado y animado durante toda su carrera, aunque -como él afirma-, ella no sepa de fútbol.

"Tengo fotos de ella en todas las canchas donde he jugado - recuerda-. Mi mamá siempre me exigió ser muy disciplinado. Ella no sabe de fútbol, pero como escuchaba que yo me destacaba en el campo, siempre estaba de primera para darme su aliento".

Luego de hacer todo el semillero con Envigado, le llegó la hora de debutar en el fútbol profesional de la mano del técnico Óscar Aristizábal. El 6 de marzo del 2009, en la victoria naranja 2-1 sobre Medellín en la Liga, jugó 21 minutos gracias a la desaparecida norma que obligaba a los equipos a alinear a un jugador sub-18 para incentivar las categorías menores.

Dicha norma solo fue una excusa en ese momento, porque después la sonrisa pícara del número 10 se volvió habitual en la formación titular. Cada vez sus pases eran más certeros y su remate más letal.

Sin embargo, y pese a su juventud (17 años), se daría cuenta muy rápido de que el fútbol no es un juego de niños y que la sonrisa que muestra cuando corre tras el balón puede ser desplazada por las lágrimas, que también hacen parte de la profesión.

Durante la serie de la promoción entre Envigado y Pasto del 2010, Quintero fue la figura al marcar el tanto de la victoria en el compromiso de ida, que se jugó en el estadio Libertad. Para la vuelta, que se anunciaba como una lucha sin cuartel por seguir en la A, el técnico Pedro Sarmiento se dejó llevar por las presiones que reclamaban al jugador en la cancha -como el mismo DT lo aceptó-, y metió al joven creativo faltando tan solo 13 minutos para el final.

El resultado: victoria 2-0 en el juego y salvada la categoría, pero con Quintero de baja por una fractura en la tibia de la pierna derecha, debido a una fuerte entrada de Germán Mera. Esa lesión también privó al mayor de los hermanos Quintero Paniagua de cumplir su primera cita con la Selección Colombia Sub-20. No poder llegar a la concentración nacional esa tarde agudizó el dolor.

"Me dio mucha 'piedra' porque la gente piensa que le tengo bronca a Juan Fernando. Empezaron a decir que tenía que meterlo, y yo de pendejo lo metí. Lo que hago es cuidarlo. Conozco los momentos y sé medir el termómetro. Soy el culpable que al 'pelao' lo tiraran a la jura. No puedo bailar al son de la tribuna", fue la reacción del momento de Sarmiento.

Tras ese trago amargo, Quintero regresó a las canchas cuatro meses después con una cuota de madurez aprendida a la fuerza y con mucho dolor de por medio. "Cuando me operaron sabía que iba a quedar bien. Tenía la fe intacta; le rezaba día a día a Dios y sabía que iba a volver igual y hasta mejor", dijo entonces, como anunciando su ánimo de revancha para recuperar el tiempo perdido.

En su regreso siguió destacándose con su club, al punto de ser transferido a Nacional. Su pierna zurda lo iba conduciendo por el camino que él quería recorrer.

"Cuando a Juan Fernando le dijeron que iba para Nacional fue el 28 de diciembre del 2011, Día de los Inocentes. Él me llamó y me pidió que lo acompañara a presentarse", recuerda Lina, y cuenta que su hijo no se movía para ningún lado sin ella.

Con la camiseta verde no demoró en hacerse notar. Suyos fueron cuatro goles y entre ellos uno muy recordado que le marcó de tiro libre a Millonarios en pleno estadio El Campín, durante un juego de la Liga.

Estando en el conjunto antioqueño, en mayo del 2012, recibió el llamado del técnico José Pékerman para integrar la Selección de mayores que disputa la eliminatoria a Brasil-2014. Esa vez no actuó, pero supo lo que era estar muy cerca de su sueño.

En el club verdolaga solo estuvo seis meses, pues en julio se dio su sorpresivo, pero no menos merecido paso a Pescara, equipo italiano que se armó para mantener la categoría.

Cuando viajó para unirse a la disciplina del club europeo se fue acompañado únicamente de su tío Fredy -a quien llama su 'mano derecha'-. En las maletas empacó la ilusión por triunfar en el exterior así como lo hicieron sus ídolos, a quienes veía por televisión cada vez que podía.

"Desde muy pequeño veía mucho a Rivaldo. Pasó el tiempo y seguía a Ronaldinho. Ahora a Messi es un futbolista al que admiro. Ojalá pueda hacer más adelante cosas que él muestra siempre en un campo de juego", confiesa.

En octubre del año pasado volvió a recibir el visto bueno de Pékerman, quien lo citó y lo usó en un partido amistoso contra Camerún, en Barranquilla. Su premio fueron 45 minutos en el campo.

Con el 2013 también llegaron nuevas metas, entre ellas conducir a la Selección Sub-20 en el suramericano de la categoría para buscar el cupo al Mundial de Turquía y el título del torneo. Y Quintero cumplió con creces: además de lograr los objetivos también marcó cinco goles y fue considerado el mejor jugador del evento.

"No soy solo yo. Sin ellos (sus compañeros) no podía hacer nada: lo más importante es que Colombia es campeón y hay que disfrutarlo", dijo aún con el sudor que costó conseguir la victoria 2-1 sobre Paraguay en la última fecha del hexagonal final.

Quintero siempre ha brillado a donde ha ido. Su camino lo va marcando a medida que va creciendo, porque, aunque le haya heredado la estatura a su papá, desde ya es un gigante del fútbol colombiano que tiene una zurda de talla mundial.

IVÁN ANDRÉS GUTIÉRREZ
REDACTOR DE EL TIEMPO

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