Unos comen bien y otros comen m...al

Unos comen bien y otros comen m...al

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04 de febrero 2013 , 12:55 p.m.

Nunca en mi vida había leído una declaración tan descarada de un altísimo dignatario. Se trata del expresidente del Consejo de Estado Gustavo Gómez. Así contestó cuando le preguntaron si no viola la Constitución el que unos pocos privilegiados reciban pensiones millonarias. Esto dijo: "Esos son problemas políticos que los jueces no podemos arreglar. Colombia es el país con más inequidad en Latinoamérica, tenemos una concentración de riqueza que desplaza a un 80 por ciento de los ciudadanos a la pobreza. O sea, 'la calentura no está en las sábanas'. Las pensiones extraordinarias obedecen a situaciones que la misma democracia ha generado".

Tratándose de un alto magistrado, cualquiera diría que sus declaraciones están ajustadas a derecho. Falso, están ajustadas al más detestable, repudiable, miserable (etcétera de adjetivos) cinismo. En el diccionario de etimologías encontré que 'cínico' viene del griego y significa perro. De esta etimología no tengo la culpa, simplemente la transcribo. Me tomo la inteligencia de traducir las palabras del magistrado. Esto fue lo que yo entendí: "Me importa un soberano c... el que 80 por ciento de los colombianos pasen hambre. Tontos ellos que pagan con sudor y sangre nuestras millonarias pensiones". Hasta aquí mi traducción. ¿Verdad que traduje bien?

Igualmente cínicas y faltas de la más simple humanidad suenan las palabras de los exfuncionarios y funcionarios que han dicho que esas pensiones millonarias las necesitan para vivir decentemente. ¡Miserables! Si ellos apenas viven decentemente con 20 millones mensuales, entonces ¿cómo vive la inmensa mayoría de colombianos que ganan el mínimo o no ganan nada? Simplemente comen... eso, palabra que no transcribo aquí. Como entenderán los lectores, me estoy limitando a reproducir la furia de los colombianos.

Las pensiones de los congresistas nos cuestan al mes 12.500 millones de pesos. ¿De dónde sale este dineronón? Por ejemplo, de la docena de policías que cuidan nuestra frontera con Venezuela en la punta de La Guajira, en Castilletes. De allá acabo de regresar. La estación está a orillas del mar Caribe. Los policías no tienen agua potable. ¿Me hice entender? No tienen agua potable. Para comer y lavar la ropita la piden regalada todos los días a la guardia venezolana, cuyas magníficas instalaciones están a 200 metros de distancia. Situación nada agradable, simplemente humillante. Nuestra estación es una construcción muy sencilla. En esas lejanías muy a menudo se les acaba la comida, no les llega a tiempo, o sea, pasan hambre. A orilla de ese espléndido mar y con una playa maravillosa no se pueden bañar, pues quedan empegotados por la falta de agua dulce. Etcétera. Con los dineros de estos policías y de millones de colombianos pagamos las mesadas ultrajantes de los exfuncionarios de marras. "Eso es problema de la democracia", dice el flamante magistrado Gustavo Gómez. Y que no nos amenacen con demandas ante la justicia internacional si les quitamos esas mesadas. Doy mi argumento. Dicen los muy cínicos que esas pensiones están ajustadas a derecho. ¿Será? Pero el derecho no se puede reñir con la justicia. Y esas pensiones son claramente injustas con los colombianos y con el país.

Dice el poeta cantor:

"Hay una cosa en el mundo
más importante que Dios,
y es que nadie escupa sangre
pa' que otro viva mejor".

* * * *

Nada que ver con lo anterior. Quiero saber cuál debe ser la actitud de la prensa y sobre todo de los periodistas radiales frente a fenómenos como la tontería de que el mundo se acababa el pasado 21 de diciembre. ¿Llevar la corriente a la gente que cree esos infundios, ganar audiencia con esas mismas tonterías, o más bien tratar de instruir al "pópulo"? ¿Alguien me explica?

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