Los secretos ocultos tras el rostro de las personas

Los secretos ocultos tras el rostro de las personas

Estudio desmiente que los hombres agresivos atraigan más a las mujeres o tengan más hijos.

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04 de febrero 2013 , 01:16 p. m.

Hay músculos de la cara que no son para comer ni para respirar, son solo para trasmitir emociones. Sin embargo, de acuerdo con un estudio que analizó restos de 5.000 personas, no existen rasgos específicos asociados a conductas como la agresividad.

En los últimos años han surgido teorías que vinculan rasgos físicos con determinados comportamientos. Al mismo tiempo, se han desarrollado y ampliado las técnicas y conocimientos acerca de la genética y lo que los genes pueden llegar a causar.

Ambos campos han crecido, pero de ahí a que puedan vincularse para llegar a conclusiones en conjunto, como que un rasgo heredable puede estar asociado con que alguien actúe de determinada manera es, cuando menos, discutible. Ese fue el punto de partida de la investigación liderada por Rolando González-José, bioantropólogo del Centro Nacional Patagónico (Argentina).

Junto a científicos de Brasil, España y México, González-José se propuso refutar una serie de publicaciones que establecen un vínculo específico entre el rostro y el comportamiento: que los hombres con cabezas más anchas son más agresivos. Desde esta teoría, las mujeres los preferirían porque estos hombres tendrían más capacidad reproductiva.

Para rebatirlo, González-José dijo a ‘El País’ que el estudio analizó restos óseos de 5.000 personas procedentes de 94 comunidades de seres humanos de los cinco continentes. Entre ellos hubo desde cazadores y recolectores hasta agricultores e integrantes de sociedades urbanas. La muestra cubrió un periodo de 600 años. No encontraron ningún vínculo entre cabezas más anchas y hombres agresivos.

¿Cómo pudieron averiguarlo? Buscaron hechos que se tendrían que haber dado si existía un vínculo entre el ancho de la cabeza y el carácter. Por ejemplo, que el tener cabeza más ancha se hubiera vuelto algo típico de los hombres.

¿Por qué podría haber pasado esto? Porque si las mujeres hubieran preferido durante años a las parejas de caras más anchas, a lo largo de los siglos deberían haber nacido cada vez más varones con ese rasgo y cada vez menos individuos con caras angostas.

Así, con el paso del tiempo se debería haber vuelto algo típico de los hombres. En las mujeres, por el contrario, debería haberse acumulado una proporción similar entre rostros anchos y angostos. Sin embargo, no aparecieron diferencias en cuanto a la presencia de ese rasgo entre grupos de mujeres y de hombres.

El segundo objetivo de los investigadores fue encontrar una población en la que los varones con las cabezas más anchas hubieran tenido más hijos. Para ello, estudiaron la comunidad de un pueblo de Austria y analizaron actas de nacimiento, matrimonio y defunción. Los hombres con la característica en cuestión no dejaron más descendencia.

El tercer objetivo fue encontrar una comunidad clasificada en niveles de agresividad, para poder analizar el vínculo entre la cara y la violencia. Para ello se focalizaron en una población carcelaria.

"Hay una muestra de Ciudad de México de comienzos del siglo XX que proviene de la penitenciaría general de la ciudad", contó González-José. "Cuando esa gente se moría en la cárcel el cráneo era preservado y esos fueron los que nosotros estudiamos", recordó.

La muestra permitió saber qué cráneos correspondían a muertos por homicidios, robo o faltas menores. Además, contaron con ejemplares de la población general mexicana y pudieron comparar los resultados.

"No encontramos diferencias significativas en los rasgos faciales de los presos y los que se habían portado bien", aseguró el investigador. Tampoco los hallaron en un tipo de tribu reconocida como un alto nivel de violencia interpersonal. Los resultados fueron publicados en la revista ‘PLoS ONE’.

No es lo mismo

¿Por qué dedicarle tanto tiempo, esfuerzo y hasta dinero al tema? Por que "si la hipótesis del vínculo entre la cara, la agresividad y la preferencia de las mujeres fuera verdadera estaríamos dando un argumento naturalístico a la violencia de género", respondió el científico. "Estaríamos diciendo que todas las mujeres tienen una tendencia innata a elegir tipos agresivos"; no hay salida entonces, cuestionó.

González-José dijo que no se trata de cuestionar si hay acciones del cuerpo asociadas con la emoción, el punto es diferenciarlo de lo genético. "Que una persona dubitativa se rasque la nariz cada dos segundos me parece lógico", admitió.

"La manera en que expresamos las emociones es de las más variadas del reino animal, la cantidad de músculos en la cara que no sirven para comer ni para respirar son para transmitir emociones", pero no tiene nada que ver con la herencia genética, enfatizó. Si se generaliza la idea de que características como la opción sexual, la orientación religiosa o el comportamiento tienen una explicación genética, se caerá en el error de buscar genes asociados a esas características.

Sin embargo, el 99.9% de la evidencia indica, dijo el experto, que son aspectos que tienen explicaciones socioculturales. Las dos lecturas definen formas distintas de plantarse frente al tema, he allí su importancia, concluyó el científico argentino.

LETICIA COSTA DELGADO
EL PAÍS (URUGUAY)/ GDA

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