Desempleo: ¿por qué baja tan poco?

Desempleo: ¿por qué baja tan poco?

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03 de febrero 2013 , 03:12 p.m.

A pesar de la euforia con que el Gobierno recibió las más recientes cifras de desempleo (9,6% en diciembre pasado, 10,4% como promedio para el 2012), la verdad es que, aunque las noticias no son malas, tampoco dan para destapar champaña. De diciembre a diciembre, la tasa de desocupación apenas bajó dos décimas (era 9,8% al final del 2011) y al comparar los promedios del 2011 con los del 2012, bajó de 10,8% a 10,4%. El número total de desocupados casi se mantuvo: pasó de 2'261.000, a 2'222.000, un descenso de menos de 40-000.

Bajas significativas del desempleo se dieron en Colombia entre 1990 y 1991, con una caída de 1,2 puntos porcentuales, o entre el 2006 y el 2007, cuando cayó de 12,1% a 9,8%. Lo de ahora está casi dentro del margen de error estadístico. Y es muy flojo frente a nuestros vecinos: Brasil, 4,6%; Perú, 6,7%; Chile, 6,4%, y Uruguay, 5,7%. Si a esto se suma que el subempleo en Colombia se sostuvo en el 30%, en vez de echar voladores habría que preguntarse por qué baja tan poco el desempleo, por qué Colombia tiene una de las tasas más altas de América latina.

El Gobierno dio un paso en la dirección correcta en la recién aprobada reforma tributaria, cuando alivió las sobrecargas parafiscales que castigan la nómina y desalientan a los empresarios a contratar. Ojalá los resultados de estas medidas se vean en el corto plazo.

¿Qué más hay que hacer? Brasil consiguió el año pasado el más bajo desempleo de toda su historia. Una de sus claves fue abrir las áreas rurales a la inversión extranjera en muchas regiones, sin limitación en la cantidad de hectáreas en poder de un solo propietario, mientras este desarrolle proyectos productivos que generen empleo. Y eso lo hizo el gobierno de izquierda de Lula da Silva. Perú también le ha roto el espinazo al desempleo, y ello gracias a un desarrollo minero rápido pero ordenado y con contratos dignos para los trabajadores. Más de 200.000 peruanos hallaron empleo decente en el primer semestre del año pasado en ese sector.

Un elemento en común en esos países, al igual que en Chile y Uruguay, ha sido la inversión pública en infraestructura, importante generadora de actividad económica y de empleo. Ya sabemos del descomunal atraso que vive Colombia en ese frente y del miedo que tiene atrapados a los funcionarios del Gobierno a la hora de contratar obras públicas, ante el riesgo de terminar en la cárcel por errores menores a la hora de poner un chulo en un papel.

En materia de carreteras, las grandes licitaciones de la administración Santos apenas están arrancando, después de dos años y medio de mandato. El caso del Fondo de Adaptación y de las obras para mitigar los efectos del cambio climático y evitar nuevos desastres invernales es bien conocido. A los atrasos en las casas para el sur del Atlántico y Gramalote se suman los líos de Útica, en Cundinamarca, del jarillón del río Cauca, de La Mojana y de muchos más, que siguen en el papel y aún lejos de realizarse. Un gobierno incapaz de ejecutar su presupuesto de obras es inevitablemente incapaz de bajar de modo significativo el desempleo. No hay que frotarse las manos y sonreír porque el desempleo haya bajado unas pocas décimas. Hay que hacer mucho más, pues 2'222.000 desempleados es una cifra aterradora.

* * * *

¿Salvamento? Me dice un confeccionista antioqueño que le dejan mal sabor las medidas proteccionistas del sector textil, recientemente adoptadas por el Gobierno. Esas medidas perjudican a muchos confeccionistas, pues su materia prima se encareció. Y ayudan, sobre todo, al duopolio textilero de Coltejer y Fabricato. Me pregunta el empresario: ¿Acaso esas medidas benefician a los accionistas de Fabricato vinculados al desastre de Interbolsa? Y agrega: ¿se trata de algún tipo de salvamento de esos cuestionados personajes? Me resisto a creerlo.

Mauricio Vargas
mvargaslina@hotmail.com

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