Las volquetas para el aseo / Voy y vuelvo

Las volquetas para el aseo / Voy y vuelvo

02 de febrero 2013 , 07:06 p.m.

Aún no se sabe en qué vaya a parar este lío de las basuras, los contratos, los arriendos, los camiones, las empresas, los operarios y demás. Las 'ías' andan recabando información acerca de los alcances que tuvieron las decisiones que tomaron en su momento los funcionarios de la Administración antes, durante y después del 18 de diciembre, cuando debía arrancar el nuevo esquema de recolección sin mayores traumatismos.

Mientras esos pronunciamientos llegan, hoy quiero referirme a un tema en particular que no deja de llamarme la atención desde que comenzó todo este embrollo. Me refiero a la recolección de desperdicios en volquetas.

Cuando el gerente del Acueducto, Diego Bravo, dijo que así fuera en camiones se iba a recoger la basura, jamás imaginé que tales declaraciones resultarían proféticas. Primero fueron unas 400, número que se ha venido reduciendo en las últimas semanas, y hoy quedan alrededor de 200, que desaparecerán cuando ingresen los camiones compactadores.

Cada volqueta tiene entre tres y cuatro operarios inexpertos haciendo la labor de recolección. Sí, inexpertos, porque tal oficio, por humilde que parezca, requiere de ciertas habilidades que no tuvieron los recién empleados por la empresa Aguas de Bogotá. Una de ellas, por ejemplo, es el levantamiento de las bolsas desde el piso o el manejo de escombros.

Esta semana, al filo de la medianoche, transitaba por la Autopista Norte con calle 94. Y fui testigo del esfuerzo que tres hombres hacían para subir un pesado cargamento de desechos a la famosa volqueta -cuya altura en el platón alcanza los tres metros, mientras el depósito de un camión compactador es de uno-. Me detuve a observar la faena. La basura se les devolvía una y otra vez a los operarios que intentaban por todos los medios elevarla. El otro, inútilmente, la esperaba arriba, pero la fuerza de sus brazos no le daba para jalarla hasta el depósito. Al final, la basura se regó y tuvieron que recogerla a 'puchos'.

Yo no sé si ustedes han visto las volquetas. Son monstruos enormes que dejan escapar el mal olor de los desechos, que no compactan las bolsas, que no almacenan la misma cantidad que un camión hecho para tal fin; que dejan regar el líquido de los lixiviados a la calle, con unos operarios que cuelgan de los estribos o guardan el equilibrio en la zona de carga. A algunas las he visto invadir la línea férrea de la calle 63, cuando abandonan el estacionamiento del complejo acuático.

Estamos en una coyuntura, es verdad, pero ojalá pase pronto, pues lo cierto es que la angustia con estos vehículos aumenta cuando se sabe que ya han dejado varios trabajadores heridos, lo que no quiere decir que en el compactador no suceda lo mismo. Pero son más seguros, en todo caso.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
@ernestocortes28
erncor@eltiempo.com

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