Un cosmos

La muestra de Rosemarie Trockel en el new museum incluye láminas de la expedición botánica.

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01 de febrero 2013 , 03:39 p. m.

Cosmos, para los griegos, fue sinónimo de orden. La exhibición con ese título de la ale­mana residente en Colonia, Rosemarie Trockel (Schwerte, Alemania Oriental, 1952) –que se presentó en el Museo Reina Sofía de Madrid y actualmente está en el New Museum de Nueva York, antes de seguir a la Serpentine Gallery de Londres– refleja un orden personal de cómo la artista organiza y representa un complejo uni­verso propio. Siendo una de las artistas euro­peas más destacadas de su generación y de las más respetadas de su país, Trockel optó por un tipo de retrospectiva imaginativa y original don­de yuxtapone obras de los diversos medios con los que ha trabajado más de 30 años al lado de gran cantidad de objetos y artefactos de diver­sas épocas y culturas y de obras de otros artistas con los que siente tener especial afinidad.

Probablemente con este tipo de retrospecti­va, menos egocéntrica que las que trazan una carrera y la ejemplifican con obras icónicas, la artista logra expresar con más cabalidad su pro­pio mundo y demuestra que la identidad per­sonal está construida por medio de conexiones dentro de un contexto espacial y temporal más amplio que uno mismo; que la vida hace par­te de una amplia red que tiene continuidad con el mundo natural, las identidades de otros y la historia. En definitiva esta artista cuenta con la inteligencia, belleza y profundidad de definirse, no como un ente aislado y centrado en sí mismo, sino en relación con los demás.

Si cada persona crea un mundo significativo de ideas, intereses e interconexiones propias; el de Trockel mantiene afinidades con las ciencias naturales, filosofía e historia del arte y además está conectado por nexos formales, temáticos o intelectuales con el de quienes considera sus almas gemelas. Desde los setenta ha producido un impresionante y prolífico trabajo en gran variedad de materiales, como dibujo, collage, instalaciones, películas, videos, pinturas tejidas, esculturas, cerámica, muebles, ropa y cuadernos, aunque ha evitado atarse a cualquier firma estilística reconocible. Esta exhibición ocupa tres pisos del museo; uno de ellos está destinado a su cerámica, donde asombra la versatilidad con la que maneja ese material; muchas de sus obras glaseadas y monumentales semejan materiales geológicos, especímenes minerales y grutas. Otras como ‘Grater’ (Rallador) parecen realizadas con materiales industriales metálicos, y su obra ‘Shutter’ (Postigo) a la vez alude a un elemento arquitectónico y a un costillar humano.

Otro piso incluye sus obras hechas de lana, considerado su material más personal y por el cual se le ha calificado como pionera en el desarrollo de un lenguaje femenino. En los setenta y ochenta fue innovador el relacionar una actividad relegada a la mujer, la textil y artesanal, con el canon del modernismo al realizar su propia versión de pinturas de geometría abstracta: la artista formaba líneas horizontales o verticales envolviendo hebras de lana alrededor de un lienzo o marco; daba la impresión que con ello también respondiera a la actitud condescendiente o despectiva del medio dominante masculino que parecía indicarles a las mujeres que se fueran a tejer. También utilizó máquinas de tejer industriales para crear imposibles prendas de ropa con series de logotipos para cuestionar poderosas corrientes ideológicas. En esta sección incluye, además, obras de Judith Scott (1943-2005), sorda y muda con síndrome de Down, quien después de estar institucionalizada hasta los 40 años se fue a California y se matriculó en un centro de arte para discapacitados. Allí desarrolló un proceso distintivo de envolver objetos encontrados con densas capas de fibras y telas; estas obras, cuya realización es intuitiva y primariamente emocional, parecen capullos y derivan sus formas amorfas del objeto interior.

Trockel, en su exhibición, explícitamente valora la expresividad genuina del considerado outsider art (arte marginal) con el que siente especial afinidad. También incluye a otros artistas autodidactas que trabajaron en aislamiento y oscuridad combinando imaginaciones fértiles con materiales humildes, como es el caso de James Castle (1899-1977), sordo de nacimiento, de familia rural de Idaho, quien sin ninguna educación formal realizaba pájaros de papel y hollín.

Trockel a menudo ha abordado temas no solo de la relación sino de los límites entre humano y animal, y de fronteras entre museos de historia natural y de arte, además de fijar su atención en los sistemas de representación y clasificación naturalista. Al recopilar e integrar objetos naturales y artificiales, buena parte de esta instalación evoca la tradición de los wonder kammer (gabinetes de curiosidades); en su show de diapositivas Park Avenue revela una inventiva naturalista al crear delicados e intrigantes especímenes combinando elementos vegetales. En esta sección también incluye imágenes de temas naturalistas realizadas por individuos no considerados tradicionalmente artistas; muchos provienen del ámbito de la historia de la ciencia natural –zoología y botánica– y sus obras realizadas originalmente con interés y valor científico se aprecian en términos estéticos al establecer afinidades formales con obras de Trockel. Entre ellas se incluye la minuciosa labor realizada por Leopold Blaschka y su hijo Rudolph, de Bohemia, quienes debido al entusiasmo por la taxonomía en el siglo XIX, fueron contratados por la Universidad de Harvard para producir en vidrio su colección de especímenes botánicos, hoy alojados en su museo de ciencias naturales; en sus delicadas representaciones de marinos invertebrados, lo efímero de estos organismos se expresa en la fragilidad del material y delicadeza del trabajo.

Se incluyen también maravillosas ediciones de libros de Merian Sybillas (1647 Frankfurt, Ámsterdam 1717) quien hizo gran contribución a la ilustración de especímenes zoológicos en el campo de la entomología; sus acuarelas, que representan los ciclos de metamorfosis de polillas y mariposas, las realizó una vez quedó viuda; entró a una comunidad religiosa y se fue a Suriname. Esta artista y científica también se considera dentro del ámbito de lo marginal y discriminado, ya que su obra magna, ‘Metamorphosis insectorum surinamensium’, fue desacreditada por naturalistas ingleses que consideraban que no tenía la formación académica suficiente para dar información científica confiable.

Es asombroso también encontrar entre las afinidades de Trockel láminas de la Expedición Botánica de José Celestino Mutis, a quien justamente da crédito por haber coleccionado y registrado 6.700 especímenes con su grupo local. A pesar del reconocimiento en su época, Mutis está en este contexto considerado como figura marginal tanto por su disciplina como por su producción en un país ‘periférico’ y a que su obra estuvo más de un siglo sin publicarse y en la oscuridad del Archivo del Jardín Botánico de Madrid. Los folios que se incluyen son esquemáticos detalles de hojas en forma de agujas formalmente parecidas a dibujos de Trockel.

Como si fuera poco, en esta exhibición lleva a un extremo su cuestionamiento acerca de qué es arte y quién puede considerarse artista, al incluir tres pinturas de estilo afín con el expresionismo abstracto realizadas por Tilda, una orangután del zoológico de Colonia en Alemania. La instalación desbarata esquemas y narrativas de historia del arte tradicional presentando una concepción porosa y abierta que hace caso omiso de jerarquías convencionales de las artes visuales, además de borrar fronteras entre disciplinas –ciencia y arte– y entre natural y artificial. Constituye una mirada excepcional a la mente de una mujer fascinante por su multiplicidad de facetas; de ella impresionan curiosidad y respeto por el mundo intelectual de otros y por la manera como se define a sí misma como parte de una constelación de personas y por su empatía con diversos tipos de marginalidades con que considera tener profundas afinidades. Presenta el lugar de cada uno en el cosmos, el orden de cada uno en relación con sus nexos con los otros. Un continuum de relaciones y afinidades.

Por Natalia Vega

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