Ficción dentro de la ficción

Ficción dentro de la ficción

La película sobre la toma de la embajada en Teherán y el drama de los rehenes.

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01 de febrero 2013 , 02:30 p. m.

Un director-productor de cine puede hacer lo que quiera con su película y manejar la realidad como le dé la gana para crear nuevas dimensiones, algunas veces estéticas y en otras esperpénticas.

Sin embargo, cuando se trata de hechos históricos y que aún sus protagonistas viven para contar lo que pasó, la realidad entra en conflicto con la ficción. Los hechos verídicos: un grupo de estudiantes militantes islámicos se tomó la embajada de EE.UU. en Teherán y puso en cautiverio 444 días a 52 ciudadanos americanos a cambio de la cabeza del Shah de Irán, quien estaba en Nueva York hospitalizado por un cáncer.

Desde el embajador encargado, Bruce Leingen, miembros de la planta administrativa, militares, agentes de la CIA, hasta civiles como un negociante que pasaba por Irán, fueron tomados como rehenes. Entre ellos estaba Barry

Rosen, judío de Brooklyn, agregado de prensa, que fue interrogado, torturado y acusado de espionaje.

6 americanos se escaparon y se refugiaron en las embajadas canadiense y suiza. Varios días 2 mujeres y 4 hombres se movilizaron por Teherán y, finalmente, Robert Sanders llamó a John Sheardown, diplomático canadiense, segundo en mando, con quien jugaba tenis, y le pidió que los escondiera en su casa.

Sheardown, quien murió el 30 de diciembre a los 88 años, protegió a 4 en su casa por 3 meses y los otros 2 permanecieron en la residencia de Ken Taylor, el embajador.

En un acto sin precedentes, el parlamento canadiense se reunió en secreto por primera vez desde la II Guerra para otorgar pasaporte a los diplomáticos americanos.

De los 66 rehenes americanos, 63 fueron detenidos en la embajada y 3 en el Ministerio del Exterior de Irán. Liberaron a 13 entre el 19 y 20 de noviembre de 1979 y Richard I. Queen, vicecónsul, fue puesto en libertad el 11 de julio de 1980 por serios problemas de salud; le diagnosticaron esclerosis múltiple y murió en 2002.

El grupo restante permaneció confinado en celdas por 15 meses, las víctimas distribuidas en la Embajada, el Ministerio y prisiones secretas de Teherán. La liberación se produjo el 20 de enero de 1981. No obstante, el gobierno americano había aprobado y ejecutado el plan Garra de Águila para rescatarlos, el cual fue fallido y terminó en un accidente fatal de aviación que les costó la vida a 8 militares y gran número de heridos.

Basada en estos hechos, la historia se desarrolla a partir de Antonio Méndez, agente de la CIA, quien propone el rescate de los 6 americanos con un plan que es ingenuo y descabellado: sacarlos de Irán como si fueran miembros de una comisión que visita al país para buscar lugares para filmar una cinta llamada ‘Argo’.

Con la complicidad de una productora ficticia de Hollywood arman el tinglado: director, guionista, camarógrafo, maquillador, dibujante, encargado de locaciones y un equipo bien entrenado para la preproducción. Affleck, director y protagonista, sigue fórmulas de Hollywood, que en este caso funcionan muy bien. El suspenso mantiene en vilo, aunque ya sepamos el resultado en la vida real.

La trama ocurre en 48 horas, aunque tomó varios meses planear la operación secreta. Affleck no enfatizó mucho el papel que desempeñaron el diplomático Sheardown y su esposa Zena Khan, ya que pusieron vidas en peligro para salvar a los americanos.

Sin embargo, el director y actor afirmó que por cuestiones de costos y el tiempo de la película omitió estos de-talles, aunque sabía de antemano la importancia que tuvieron en los acontecimientos.

Producción, actuación y adaptación merecen admiración y respeto, sobre todo porque hacen un homenaje a héroes invisibles, valientes y de carne y hueso que han imaginado lo imposible para salvar vidas.

Aunque hay un tono puritano y patriótico, principalmente en el personaje de Méndez, deprimido y alcohólico, quien finalmente vuelve a su familia y es condecorado en secreto por la CIA.

El rescate de los 6 estadounidenses, Canadian Caper, y que inspiró el filme es también un guiño a los servicios de inteligencia americanos. Más allá de la ficción, no debe olvidarse que algunos sobrevivientes todavía recuerdan con horror esos momentos, como Barry Rosen: “Fui uno de los primeros en ser capturado.

Los estudiantes saltaron por encima de las rejas y comenzaron a golpear la puerta. Cuando entraron a la fuerza me dijeron que estaba detenido porque era informante de la CIA. Me pusieron una pistola en la cabeza y pensé que me iban a matar. Fue una experiencia aterradora porque estuvimos 3 meses con los ojos vendados, nos aislaron por completo y a cada uno nos pusieron en distintos cuartos de la embajada con guardias.

A veces pienso que es muy difícil creer que estoy hablando de la misma persona y que eso me ocurrió a mí. Estaba en un cuarto oscuro, con ventilación en una esquina y que me permitía ver las sombras que se movían y se reflejaban en el techo. Por las tardes venía un pájaro y lo escuchaba a través de la ventanita hasta que se iba.

Fue horrendo porque continuamente unos hombres con pañoletas negras y uniformes entraban a las celdas a la madrugada, nos tiraban al suelo, nos ponían una pistola en la cabeza y disparaban. Las armas no tenían munición y solo escuchábamos el estallido del gatillo. Se reían y decían que era una broma, por supuesto era una tortura”.

Alister Ramírez Márquez

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