La historia de amor detrás de 'La cañaguatera' de Isaac Carrillo

La historia de amor detrás de 'La cañaguatera' de Isaac Carrillo

El pasado miércoles, en Riohacha, el compositor recibió el homenaje del Hay Festival.

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28 de enero 2013 , 09:01 p.m.

Una tarde de finales de 1967, cuando caminaba por las calles del barrio Cañaguate, de Valledupar, epicentro de los músicos vallenatos de la época, Isaac 'Tijito' Carrillo Vega quedó embrujado por el rostro de una mujer que estaba sentada cogiendo el fresco en la terraza de una casa.

Era Duvis Guillén, una morena nacida en Chimichagua (Cesar), de cabello largo y liso, ojos grandes, nariz respingada y labios provocativos. Su ímpetu de conquistador lo hizo acercarse a saludarla, y al presentarse supo que su fama de compositor se le había adelantado. La mujer aceptó gustosa sus galanteos, y cuando se levantó para ofrecerle un café quedó fulminado por el ancho de sus caderas, que se marcaban a través de su falda.

"Era una mujer hermosa, me gustó todo, hasta el modo de caminar", dice Carrillo, quien en esa época acababa de divorciarse de su esposa y tenía el corazón urgido de amor.

A los pocos días de conocerse se hicieron novios. Duvis tenía unos 25 años y era madre soltera de un niño, pero 'Tijito' quería que formaran un hogar. Se lo propuso varias veces, pero ella aplazaba la respuesta hasta que llegó el desengaño más temprano que tarde. Antes de cumplir un año juntos, se fue para Venezuela en busca de mejor fortuna y lo único que le dejó fue una nota.

El dolor por la pérdida hizo que escribiera La cañaguatera, un paseo que reafirmó el éxito de Alfredo Gutiérrez, quien decidió grabarla por recomendación del abogado Manuel Moscote, a quien 'Tijito' transportaba entre La Paz (Cesar) y Valledupar, y que hoy es suegro del tres veces rey del Festival de la Leyenda Vallenata.

Te juro que yo sin ti estoy acabao / Como estoy enamorao te alejas de mí /A pesar de que eres buena, me dejas por pobre / Como soy un hombre noble, yo sufro las penas.

No solo quedó con el corazón dolido sino que tenía que soportar las burlas de sus colegas y amigos en el Cañaguate, que cada vez que lo veían le echaban sal a la herida: "Duvis te dejó viendo un chispero", "Anda, te dejó la hembra, bonito que has quedao", le decían, mientras él pensaba que era mejor morirse que vivir sin ella.

A los dos años regresó casada, pero él ya se había consolado en los brazos de dos mujeres: Amelia Córdoba, a quien le compuso Negrita linda, y Cemida Esther Mieles, musa de Muchachita querida. Su romance era historia, pero quedó inmortalizado en la canción.

"Cuando nos volvimos a ver, la cañaguatera me dio las gracias por la popularidad, aunque el nombre de ella no aparece y yo se las di por haberme dejado por pobre. Porque la canción económicamente no me hizo rico, pero me compuso la cuchara", cuenta.

Desde pequeño, 'Tijito' Carrillo hacía versos. Cuando iba a buscar agua en el río Cesar se le venían melodías a la cabeza y luego les ponía letra. Como no sabía leer ni escribir, las repetía en voz alta para que no se le olvidaran, pero los adultos que lo escuchaban tararear esos versos sin mucha rima pensaban que estaba loco.

En San Juan del Cesar, tierra de compositores en el sur de La Guajira, nació Carrillo el 3 de junio de 1937. Era el mayor de los siete hijos de Ana Basilisa Vega Brito, modista, y Víctor Carrillo Pinto, albañil, quienes vivían en la famosa calle del Embudo.

Se ganó el remoquete de 'Tijito' porque su abuela materna, Nicasia Vega, al verlo tan chiquito se lamentaba: "¡Ay, mi pobre tijito (queriendo decir hijito) no va a crecer mucho!". Y no se equivocó.
Solo mide 1,56 metros. "Pero así, chiquito y maluquito, he conquistado a muchas mujeres", dice.

Como eran tantos en su casa, tuvo que trabajar desde los 12 años: ayudaba a su papá con la albañilería, cortaba leña y traía agua del río para venderla en el pueblo, porque en esos tiempos no había acueducto. Con lo que se ganaba de una carga de agua (50 centavos) compraba una libra de carne, una de arroz y unos plátanos.

Después trabajó en una cantina llamada El Sibonel, atendiendo a los hombres que iban a tomar cerveza y a jugar billar. En ese entonces, ya iba avanzado en sus clases con Aura Vega, madrina de su hermano Víctor, y Lucía Ariza, una vecina del barrio, quienes le enseñaron los primeros trazos, a leer y las operaciones matemáticas. Con su sueldo compró un atlas, libros de biología, geografía y una Biblia para instruirse en otras materias. "Me preparé para poder defenderme. Lo demás -la poesía y la melodía- nació conmigo", dice.

Estando en el billar, uno de los clientes le ofreció el cargo de chofer de un camión mixto, de carga y pasajeros, que viajaba entre San Juan y Limoncito. En esos recorridos conoció, en el caserío Guayabal, a Ligia Antonia Vega, quien inspiró La guayabalera, otra de sus canciones famosas, y después se convertiría en su esposa.

"Pa' la cordillera arriba /Más pa' cá de Limoncito /Vive la novia de 'Tijito' /A esa que la llaman Ligia".

Un martes de 1955 se subió al camión que conducía 'Tijito' el entonces desconocido acordeonero Nicolás Elías 'Colacho' Mendoza Daza, quien iba para el caserío El Hatico de los Indios.

En el trayecto, el dueño del vehículo le comentó a 'Colacho' de las composiciones de su empleado y él lo invitó a tocar el fin de semana una 'colita', fiesta improvisada con acordeón, redoblante, bongó y maraca, en casa de una enamorada en Los Cardones.

En la 'colita', Carrillo cantó El monarca, su primera composición, El desterrado, De hinojos y La guayabalera. Eran letras cargadas de poesía, y al oírlas 'Colacho' quedó impresionado. De repente cerró el acordeón y empezó a rascarse la cabeza.

-¿Esas canciones son tuyas?- le preguntó.

-Sí, son mías.

-Yo quiero hacer un conjunto contigo en Valledupar.

Para eso tuvieron que pasar 10 años. 'Tijito' ya estaba casado con Ligia y se fue a vivir un tiempo en Venezuela. A su regreso, se puso a manejar un bus, al que bautizó 'El monarca', en el que viajaba entre San Juan y Valledupar, donde empezó a darse a conocer como cantautor en el café La Bolsa.

"Manejando el bus hacía parrandas con 'Colacho', mientras se llenaba me iba una hora u hora y media para el café, echaba la cantadita y el ayudante iba a llamarme: 'patrón, van a despachar el bus' ", cuenta 'Tijito', quien finalmente, en julio de 1965, decidió radicarse en la capital del Cesar y conformó el conjunto con 'Colacho' Mendoza.

Luego se unió a Los Playoneros del Cesar, el conjunto de moda en el vallenato de los años setenta, fundado por el acordeonero Ovidio Granados, con quien grabó dos producciones, Vallenatos de fuego y La trampita. Con Los Playoneros estuvo ocho años y recorrió el país, pero se separaron por desavenencias. También cantó con Los Hermanos Zuleta, Poncho y Emilianito.

Posteriormente se dedicó a la composición. Aunque La cañaguatera es unas de sus canciones más conocidas y exitosas, su repertorio es variado. Otros de sus temas son Diez de enero, A lo tuyo tú, De flor en flor, Adelina y La sal de frutas, esta última una narración picaresca a manera de crónica, en la que cuenta lo sucedido en dos matrimonios, en los que ofrecieron comida enlatada y los invitados se intoxicaron.

A los 75 años, 'Tijito' Carrillo sigue teniendo la chispa y coquetería que cuando se subía a los escenarios con 'Colacho' y Los Playoneros del Cesar. El miércoles, mientras recordaba las historias de sus canciones, al lado de los cantautores Fonseca y Andrés Cepeda, en el Hay Festival, en Riohacha, se veía rejuvenecido. Los ojos le brillaban cada vez que interpretaba una estrofa de alguno de sus éxitos y el público le respondía con un sonoro aplauso.

Así como todavía no se ha jubilado de la música, desde el año pasado es la voz líder del conjunto vallenato conformado por la Alcaldía de Valledupar, con los juglares Chema Ramos, Rodolfo Castilla y Adán Montero, con quienes anda de correría desde diciembre. Y continúa siendo un enamorador empedernido. Tuvo 10 hijos con seis mujeres.

Sin embargo, asegura que hoy su corazón solo tiene una dueña: María Eugenia Vásquez, a quien le dice 'la Potranca', porque es alta y caderona. La conoció en el Festival de Arjona (Bolívar) hace tres años y comenzó a coquetearle desde la tarima cantándole versos. Después de tres visitas se fue a vivir con él a Valledupar.
"Estoy haciendo lo posible por hacerle una canción a 'la Potranca', que sea romántica y jocosa, ya le tengo la melodía y principios de la letra", dice.

Y es que las mujeres han sido la savia de su inspiración, no solo por el amor que le provocan sino por los desengaños cuando lo abandonan. "La mujer es el epicentro de las poesías y melodías del vallenato, de todos los románticos, porque este mundo sin ustedes no fuera mundo", dice el autor de Las mujeres, en la que asegura que "las quiere con el alma y el alma nunca se muere".

PAOLA BENJUMEA BRITO
ENVIADA ESPECIAL DE EL TIEMPO
RIOHACHA.

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