Cama sin fecha de vencimiento / Sexo con Esther

Cama sin fecha de vencimiento / Sexo con Esther

19 de enero 2013 , 04:37 p.m.

"Era la primera vez que hacía el amor en más de veinte años, y lo hacía embargada por la curiosidad de sentir cómo podía ser a su edad después de un receso tan prolongado. Pero él no le había dado tiempo de saber si su cuerpo también lo quería. Había sido rápido y triste y ella pensó: 'Ahora hemos jodido todo' ". Así relata Gabo el encuentro en la cama de Fermina Daza y Florentino Ariza, después de "cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches" de espera.

No fue el polvo épico adobado por el deseo reprimido que muchos esperaban al final de El amor en los tiempos del cólera, sino un encuentro añejo, enriquecido por la calma de los años, que les permitió hacer un amor tranquilo, que iba a fijarse en su memoria como el mejor recuerdo de aquel viaje.

Queda claro que en la cama las cosas pueden ir a cualquier edad y que lo único que se debe dejar fuera de ella es la falta de imaginación y la estúpida idea de que la satisfacción y los orgasmos salen del inventario con los años.

Nada más satisfactorio que una encamada, como dice el mismo Nobel, "sin las trampas de la pasión, más allá de las burlas brutales de las ilusiones y los espejismos de los de-sengaños: más allá del amor". Esta es, de lejos, una descripción del sentir bajo las sábanas más docta que la de cualquier sexólogo.

El mundo de hoy, dice un reciente estudio, reprime la sexualidad de los ancianos, a grado tal que ellos se autocensuran guardando su genitalidad en el cajón de sus vergüenzas. Qué estupidez.

Protesto y mando al cuerno a tanto teórico estólido que sale con cada cosa disfrazada de estudio. Si los viejos se avergüenzan es porque los medios prestan más atención a conclusiones como esas, que a su capacidad para disfrutar sobre el catre.

Hay que reivindicar el derecho al polvo vitalicio. La bragueta y sus contrapartes femeninas no se jubilan con los años. Hay que respetar y promover el derecho a los orgasmos en la vejez. Que vivan los Florentinos Ariza y las Ferminas Daza, que se atreven a embarcarse sin parar mientras se acuestan cuando les viene en gana. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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