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Alegría Fonseca y su lucha por mejorar el medio ambiente del país

Esta boyacense contribuyó, como congresista, a poner las bases de la legislación sobre el tema.

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17 de enero 2013 , 08:09 p.m.

En una casita rodeada de árboles y flores, en el Parque Nacional de Bogotá, funciona Alma, entidad sin ánimo de lucro fundada en 1985 por Alegría Fonseca y un grupo de profesionales, con el fin de mejorar, "con una visión ecológica del universo", las condiciones ambientales en ciudades y zonas rurales y la calidad de vida de la gente.

Conserva y restaura ecosistemas, monitorea la biodiversidad y con historietas, muñecos y marionetas, hace pedagogía ecológica. "Somos una ONG, de las pocas en su especie -dice Alegría-.  Acudimos a convocatorias y si ganamos buscamos profesionales. Trabajamos con la gente para que las cosas funcionen. Somos especialistas, tenemos el certificado ISO que quiere decir calidad. Nuestro fuerte es la experiencia".

Al país poco le interesaba el medio ambiente cuando Alegría Fonseca, representante a la Cámara por Bogotá, lo puso sobre el tapete. Sus estudios, debates, leyes, obras, su vida misma, han girado en función de los recursos naturales y del medio ambiente.

"Este trabajo nunca termina. Lo sé por experiencia -dice-. La lucha es dura porque afecta intereses económicos de corto plazo. Pero hay que seguir trabajando pues los desastres están a la vista. Hay cambio climático, deshielo de las zonas polares, agujeros negros en la atmósfera, debidos a graves errores cometidos por la humanidad. Los huracanes, la ola invernal, son medidas que toma la naturaleza. Todo esto nos da la razón a quienes desde hace décadas venimos hablando de prevención, de darle otra mirada al futuro de la humanidad, al enriquecimiento a corto plazo. No podemos acabar con el patrimonio del cual vivimos. Mantenerlo para los habitantes del futuro es una ética".

Alegre, como su nombre, positiva, acelerada, extrovrtida, hija de padre ateo y de madre devota, eligió la calle de en medio para practicar su fe.

Después 'armó las de Dios es Cristo' en el Colegio Boyacá, donde se graduó de bachiller. "Hice mi primera huelga porque no estaba de acuerdo con las clases de religión -dice-. Soy contestataria. A todo le busco peros. En la Nacional, donde me gradué en Derecho y en Filosofía y Letras, era de las primeras en salir a echar piedra cuando había manifestaciones. Así comenzó mi carrera política".

Antes fue juez de ejecuciones fiscales y concejal. Estudió Economía en la Universidad de los Andes, Gerencia de Proyectos de Medio Ambiente en Brasil y Desarrollo y Medio Ambiente en Bélgica.

En 1970, elegida Representante a la Cámara, el expresidente Carlos Lleras Restrepo fue su mentor político, más no su jefe.

"He sido independiente. Hago lo que quiero. Me casé, tuve tres hijos y después de ocho años de convivencia le sugerí a mi marido que cogiera su camino. Y yo tomé el mío." Como madre trabajadora, dividía su tiempo entre el cuidado de sus hijos y sus tareas en el Congreso, en donde su labor hizo historia. En poco tiempo esta miniboyacense, mide 1,50 metros, se creció.

"Mi primer gran debate fue evitar que construyeran hoteles de lujo en el parque Tayrona. Después, como el Gobierno no quiso recibirme, con quienes me apoyaron acudimos al BID y al Banco Mundial, presuntos financiadores del proyecto. Defendiendo el derecho público los convencimos de no financiarlo. Sin dinero no hubo hoteles. Quedó el decreto que prohíbe hoteles de 5 estrellas en los parques naturales. No obstante, el presidente Santos propuso un hotel de lujo en el Tayrona. Dos mil ambientalistas protestamos. Él retiró el proyecto, no por razones ecológicas , sino porque parientes suyos estaban interesados. Los parques naturales son para investigación, conservación, recreación. No pueden usarse de otra manera. Sus ecosistemas están protegidos por la ley".

Alegría estuvo 12 años en el Congreso. Trabajó en legislación ambiental, códigos sanitarios, contaminación de los ríos Cauca, Magdalena, Bogotá. Propuso crear parques recreativos en los cerros bogotanos y defendió la isla de Salamanca (hoy parque nacional), donde se propuso un complejo industrial.

Fue coautora de la Ley 23 de 1973, origen del Código Nacional de Recursos Naturales y Protección del Medio Ambiente y de la Ley 37 de 1989, conocida como la Ley Alegría, por medio de la cual se estructuró el Plan Nacional del Medio Ambiente y se creó la Comisión Revisora de la Legislación Ambiental.

Dice que contó con la asesoría del doctor Julio Carrizosa Umaña. "Era gerente del Inderena cuando comenzó a ocuparse de estos temas. Es el primer ambientalista del país y autor de importantes textos. Defiende como un guerrero los recursos naturales y el medio ambiente".

Es de Alegría el proyecto de ley por el cual "se reconoce y reorganiza el reciclaje de basuras, residuos sólidos y desperdicios, se actualiza su manejo, transporte y disposición final y crea estímulos para su desarrollo".

Otros logros

En un segundo periodo en el Congreso -1994 - 1997-, Alegría fue autora de la Ley 373 de 1997, que establece el uso eficiente y el ahorro del agua.

Hoy su dolor de cabeza es la minería. "Funciona de manera desastrosa y amenaza los recursos naturales. Los 8.000 títulos mineros expedidos por el gobierno Uribe, más unos derechos ya adquiridos, difíciles de echar para atrás, ponen en peligro los páramos, los recursos naturales, las tierra cultivables. La contaminación es tenaz. La minería ilegal es irresponsable en cuanto al medio ambiente y la legal no paga justas regalías y trabaja mal. Antes que locomotora minera, el Presidente debe organizar lo que queda razonable del medio ambiente. Es una locura desviar ríos, hacer hidroeléctricas por todas partes. Hay una pugna entre minería y ambientalismo. El Código Minero da garantías a los mineros para que hagan lo que quieran, sin exigir responsabilidades. El país está amenazado por la minería, sus parques están amenazados por el ecoturismo. En un nuevo zarpazo al parque Tayrona, la familia Dávila, la del AIS, propone hacer grandes hoteles".

Según Alegría, el Ministro de Medio Ambiente no suena, ni truena. "Pocos ministros del ramo conocen el tema. El primero, Manuel Rodríguez, fue ejemplar. Era gerente de Inderena y al ser nombrado Ministro tuvo la gentileza de hablar conmigo, pues yo tenía la memoria ambiental del país, por haber sido la primera en llevar ese tema al Congreso y luego ser autora de leyes y de códigos. Hoy Manuel Rodríguez defiende con valentía e independencia los recursos naturales y denuncia los constantes atropellos. El nuevo ministro no da señales de vida. Útil que sea periodista pues lee, analiza, tiene conciencia de lo que sucede. Pero ese ministerio necesita más fuerza, más presencia".

En 1973 fue escogida como una de las 10 mujeres más importantes de Colombia. Y en 1991 recibió en Estocolmo el Premio Mundial Global 500, de Naciones Unidas, por su extraordinaria labor en legislación ambiental y defensa de los recursos naturales.

Ahora, al frente de la Fundación Alma, impulsa la restauración de cuatro humedales en el Magdalena Medio y atiende la situación de los pescadores que han perdido su trabajo pues las obras, la contaminación, el dragado están acabando con la pesca, único medio de subsistencia de centenares de familias.

Su libro Protocolo, restauración ecológica participativa resume el estado de la región. "El río Magdalena no es solo una vía -dice Alegría-. En sus orillas hay habitantes, fauna, flora, ecosistemas frágiles. Dragar sin respeto por el contexto ambiental puede ser un desastre. Eso el país no lo sabe".

Lucy Nieto de Samper
Especial para EL TIEMPO