2013: la paz posible

2013: la paz posible

notitle
06 de enero 2013 , 07:00 p.m.

En las encuestas de fin de año se lee que la mayor inquietud de los colombianos es la suerte del proceso de diálogos por la paz que adelantan el gobierno y las Farc en La Habana.  Los voceros de la guerrilla se han quejado por el plazo máximo de noviembre de 2013 fijado por el presidente Santos para tener resultados en esas conversaciones, pero la realidad indica que si a esas alturas no hay resultados que indiquen el paso a una fase irreversible, ese proceso perderá credibilidad, entrará en crisis y la capacidad de maniobra para defenderlo será casi nula.

Con ese horizonte dictado por la cruda política y la apertura en el segundo semestre de las campañas electorales para Congreso y Presidencia de la República, es urgente que se revisen cronogramas y la metodología de la mesa de La Habana y del acompañamiento ciudadano.

La experiencia de la Asamblea Constituyente de 1991, que logró debatir y aprobar toda una Constitución Política en seis meses, indica que no hay imposibles si existen determinaciones de paz y mecanismos adecuados. Por eso, lo primero es saber si las partes están dispuestas a asumir las concesiones mutuas que requieren los acuerdos en los asuntos críticos de tierras, participación política y justicia transicional post-cese definitivo de hostilidades; y lo segundo, definir, si es necesario modificar la agenda de tratamiento sucesivo de temas para adoptar un itinerario que incluya subcomisiones que avancen simultáneamente, y desde ahora, en los complejos asuntos que incluyen: el cese de hostilidades y la dejación de las armas; tierras y política antidrogas; derechos de las víctimas y comisiones de la verdad; presencia en política y en cargos públicos de los jefes guerrilleros de primera y segunda línea; ampliación de la democracia y garantías para nuevos partidos o movimientos; justicia transicional aplicable a todos los implicados, directa o indirectamente, en acciones violentas atroces e infracciones de las normas del DIH durante el conflicto armado.

Si se define un procedimiento de simultaneidad en temas, se pueden también ajustar los mecanismos de participación ciudadana para dar oportunidad a los aportes desde todos los sectores, teniendo en cuenta las experiencias realizadas por las comisiones de paz del Congreso de la República y las ya promovidas por la Mesa de La Habana. Puede funcionar un congreso, o encuentro permanente de la sociedad civil por la paz, que tenga vida propia y acompañe las convocatorias que haga la Mesa de conversaciones.

Y no menos importante es la concreción de un acuerdo político que abarque a todos los partidos y sectores de poder, incluidos el uribismo, los ganaderos y neomineros criollos; a los guerreros de uno y otro lado, comprendidos los aliados y cómplices de parapolíticos y paramilitares y todos aquellos que hoy se oponen al "Acuerdo General" que orienta las conversaciones entre el gobierno y las Farc.

En la fractura de la Unidad Nacional ante las negociaciones está el talón de Aquiles del proceso en curso y los últimos hechos indican que tiende a agravarse por las grandes discrepancias e intereses contrapuestos, y por el pésimo tratamiento que el Gobierno ha dado a la contradicción con sus antiguos socios. (Si Santos no tiene el apoyo de Estados Unidos para llevar a Uribe y su combo íntimo a la puerta de la cárcel, pues le toca buscar formas de entendimiento con ellos).

La concreción de ese acuerdo político requiere un escenario distinto al de La Habana, que permita una negociación interna en el bloque de poder, en las entrañas del régimen, de modo que lo que se pacte con la guerrilla no esté condenado al sabotaje o al fracaso a los pocos meses.

Si se quiere llegar este año a un punto de no retorno hacia la terminación del conflicto armado y, de paso, a la fase 3 de trámite de acuerdos, Gobierno y guerrillas deben partir de la base de que a estas alturas nada se modifica esencialmente desde las ofensivas o contraofensivas militares; en ese terreno ya la correlación de fuerzas es un hecho cumplido y favorece estratégicamente al actual sistema. El desenlace definitivo depende ahora de la política y el eslabón inmediato está en la sincronización de La Habana con el Pacto Político intrarrégimen. A esta sincronización deberían atarse las iniciativas legislativas del 2013, en todos los temas que estén conectados con la agenda de negociación para que no se desfasen. Esto es válido para la implementación del 'marco legal para la paz', la reglamentación de las amnistías sui géneris e indultos condicionados comentados por el Fiscal, el nuevo estatuto de partidos, fuero militar, la reforma de justicia y paz aplicable a exparas, parapolíticos y aliados y la reforma rural, entre otros.

Definitivamente, el 2013 es el año de la paz, de la oportunidad de construir lo que falta para esa paz que, con todas las dificultades, ahora parece  posible.

Camilo González Posso

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.