¿Hasta dónde crecerá el desempleo?

¿Hasta dónde crecerá el desempleo?

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28 de diciembre 2012 , 10:33 p. m.

Hace poco una sobrina en Miami necesitó someterse con premura, aunque no de urgencia, a una intervención quirúrgica. El factor determinante para la programación de la operación no fue ni la agenda del cirujano ni el horario de la sala de cirugía sino, sorpréndase, la disponibilidad del robot que ejecutaría la cirugía. ¿Hasta dónde los adelantos científicos podrán seguir desplazando manos y cerebros? Parece que la respuesta habrá que dejársela a la imaginación.

En las décadas recientes los extraordinarios desarrollos de la tecnología han conllevado aumentos dramáticos de productividad en la fabricación de bienes y la prestación de servicios. Aunque la generación de empleos en la creación, distribución e instalación de las tecnologías innovadoras es importante, la eliminación de puestos de trabajo en las áreas automatizadas es bastante mayor. El desempleo mundial, por consiguiente, va en aumento y podría alcanzar niveles hasta ahora desconocidos.

A medida que las empresas optimizan sus procesos, los trabajos repetitivos, tanto de destreza física como mental, son reemplazados por admirables combinaciones de ‘software’ y ‘hardware’. No solo las funciones de las empresas se hacen más eficientes con mínima intervención humana sino que las tareas que antes eran ejecutadas por su personal son ahora efectuadas directamente por los propios compradores. La necesidad de intermediarios entre el comienzo y el final de la antes larga cadena de suministro –fábricas y consumidores, proveedores de servicios y usuarios, escritores y lectores, productores de cine y espectadores, transportadores y viajeros, intérpretes musicales y audiencias– se está reduciendo, cuando no eliminando por completo.

La hora de tolerar cierto grado de ineficiencia y de desacelerar la optimización de procesos empresariales parece estarse aproximando como una necesidad social. Por supuesto que es mil veces más fácil escribir esto que ponerlo en práctica. ¿Quién se atreve a defender la ineficiencia? No obstante, si la productividad sigue en alza, los niveles exagerados de desempleo podrían poner en jaque a la sociedad.

Con el desempleo aumenta la delincuencia, que exige medidas preventivas y correctivas, que las autoridades deben prestar, que cuestan dinero, que exigen impuestos adicionales, que demandan nuevos contribuyentes… Que nos los habrá pues los desempleados en vez de pagar tributos necesitan subsidios. Las empresas de tecnología, para complicar el panorama, se mueven hacia aquellos países que ofrezcan mejores incentivos tributarios y laborales. Sí, allí en estos pocos países privilegiados no habrá desempleo.

La economía mundial parece estarse moviendo hacia un escenario en el cual quienes tienen un cargo deberán considerarse privilegiados. El artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1948, establece que toda persona tiene derecho al trabajo y a la protección contra el desempleo. Esta prerrogativa, civilizada y superbien intencionada por lo demás, podrá convertirse eventualmente en una especie de lotería, cuando las tasas de desempleo planetario superen el treinta por ciento. Si queremos evitar el caos, las sociedades tendrán que aprender desde ya a subsistir con tan inaceptable situación.

Recientemente comenté con un par de amigos médicos la inconveniente paradoja entre productividad y empleo, y les puse como ejemplo la exitosa cirugía de mi sobrina. Entre chiste y chanza, redireccioné mi pesimismo social hacia su profesión con una pregunta: “¿Cuál va a ser el oficio de ustedes, doctores, si los diagnósticos los generan los exámenes clínicos, las drogas las recetan las farmacéuticas, los médicos ni siquiera tocan a los pacientes, y ahora las cirugías las van a ejecutar los robots?”

Un tanto incómodo uno de los galenos me explicó que los robots necesitan ser manejados por cirujanos expertos en el órgano intervenido. Le respondí que, si el paciente fuera yo, exigiría que el doctor de mi robot estuviera apoyado por un experto en sistemas. Aunque mi desconfianza en las habilidades computacionales de sus colegas no le gustó, mi amigo y yo estuvimos de acuerdo en que los técnicos en informática, los creadores del progreso y del desempleo, difícilmente se quedarán sin puesto.

* Autor de ‘Hacia el Buda desde el occidente’

*Gustavo Estrada
gustrada1@gmail.com

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