Espiritualidad y convivencia

Espiritualidad y convivencia

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26 de diciembre 2012 , 07:11 p. m.

Vida de Pi –como debería llamarse–, dirigida y producida por el consagrado artista taiwanés Ang Lee, adapta en imágenes visuales las aventuras fantásticas ideadas por el viajero canadiense Yann Martel. Nos deslumbra con el estilo propio de un realismo maravilloso, de corte asiático e indio, en plenos albores del siglo XXI. Más allá de una fábula orientalista, con hartas significaciones religiosas, se pretende fusionar las teologías del hinduismo, el cristianismo y el islam, sin descartar los principios del judaísmo. Un manual de autoayuda, con la coctelera de creencias o no creencias universales.

Pi, joven náufrago de afrancesada familia de Pondicherry (bahía de Bengala), criado en un zoológico y sensible ante la sicología animal, comparte vivencias inesperadas con bestias salvajes en situaciones extremas: hiena enfurecida, cebra herida y orangután apesadumbrado. Domina en tiempo la regulación de los instintos primarios del soberbio tigre llamado Richard Parker, y sus dos espacios centrales: bote a la deriva en altamar y balsa de flotadores –esta última conectada con el espacio donde acecha la fiera en riesgo–.

Intervienen el azar y otras prodigiosas circunstancias de naturaleza sobrenatural, con persistencia en matar el tiempo gracias al recurso narrativo de relatos fabulosos inventados pero creíbles. Pi, el hombre-ecuación, fragua pactos improbables que obedecen a reacciones mutuas de no-agresión, metas pacientes de alimentar y finalmente hallar una comunicación. Es el desafío de sobrevivir y compartir experiencias o penurias del otro, según principios que rigen la naturaleza animal en concordancia con los instintos humanos.

Más sorprendidos aún, por cuanto la magia del relato novelesco en varias décadas trae la estética propia de Bollywood y recurre a las tecnologías de punta o necesarios trucajes reales. Es que Ang Lee nos interesa desde El banquete de bodas –recreación sentimental que suscita una pareja homosexual entre Taipéi y Nueva York–, Comer, beber, hombre, mujer –comedia familiar del padre chef tradicional y sus hijas disfuncionales–, Sensatez y sentimientos –melodrama victoriano de Jane Austen–, El tigre y el dragón –fusión de artes marciales y efectos aéreos de combate–, Secreto en la montaña –romance entre vaqueros con la revelación de Heath Ledger–, y, como si lo anterior fuera poco, Lujuria y traición –o la cama como arma estratégica del espionaje en plena Revolución Cultural–.

laurens@etb.net.co

 

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