Bogotá, ¿socialismo siglo XXI?

Bogotá, ¿socialismo siglo XXI?

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18 de diciembre 2012 , 01:04 a. m.

La semejanza caudillista del alcalde Gustavo Petro con el presidente de los venezolanos Hugo Chávez, nos hace pensar, o de pronto exagerar, ojalá así sea, que el título del artículo es una alerta temprana de lo que podría ocurrir en la actual administración   de Bogotá en el caso de que se siga polarizando a la sociedad, no por estratos, sino entre ricos y pobres como así lo viene señalando Petro. Para sustentar esta apreciación, un breve paralelo entre Chávez y Petro podría darle validez, a la presunción de que sí podríamos estar en dirección hacia esa aventura socialista tal vez distante en el tiempo: Petro al igual que Chávez fueron encarcelados por diferencias ideológicas y políticas con sus gobiernos. Ambos accedieron al poder, que hoy detentan, por la vía democrática, y en el ejercicio de sus funciones, aplican el intervencionismo estatal en sus decisiones administrativas, característica peculiar de los países socialistas. De igual manera, para ganarse la población civil desvalida, sendos líderes dan soluciones contingentes y no estructurales;  ejemplos: misiones barrio adentro en Venezuela y suministro gratuito de agua en Bogotá. Ahora, en cuanto a nuestro alcalde, lo que sí se evidencia claramente al analizar el problema de las basuras creado por él mismo, es una intención política, con la cual busca proyectarse a la primera magistratura del Estado.

Históricamente, la estrategia principal de los dictadores socialistas, tanto para acceder al poder como para perpetuarse en el mismo, es la de apoyarse en las clases menos favorecidas y desde luego mayoritarias, para lo cual polarizan la sociedad entre  pobres y ricos. Eso es justamente lo que Petro está haciendo al desafiar la normalidad institucional, promoviendo manifestaciones públicas en la sede del Acueducto con fines evidentemente políticos y al expresar públicamente que le dará  prioridad al arreglo de las vías de la capital  que favorezcan a los pobres. De otro lado, su tono desafiante a la revocatoria del mandato que se viene preparando en su contra, al expresar que de esa consulta popular saldrá fortalecido, y su táctica de reiterar que lo quieren sacar del poder, deja entrever que desea ser un mártir y por esto beneficiará a la clase pobre y se apoyará en ella, como plataforma en sus futuros planes políticos. De todas maneras, su cálculo político podría verse truncado por  el aspecto mas negativo  de su administración, que lo constituye su improvisación, y en este sentido, fue notoria  su terca y ambivalente  posición en cuanto a la definición de los planes de desarrollo de la ciudad, entre los cuales se destaca el metro, el tranvía  ligero, el Transmilenio y la Avenida Longitudinal del Occidente (ALO), razón por la cual el retraso de las obras ha perjudicado sensiblemente el desarrollo de la capital; y para rematar, la renuncia de más de una decena de sus colaboradores, materializan la inestabilidad de sus gestión  por su actitud improvisadora.

Si bien los pasos que está dando el Alcalde se asemejan a las intenciones de Chávez de llevar su supuesta revolución hasta la instalación del socialismo del siglo XXI son mínimos, por razón de la entidad y magnitud de los alcances de su encargo administrativo,  no deja de causar preocupación  el hecho de que culmine indemne su gestión con un apoyo masivo de esa mayoritaria clase pobre, que lo podría catapultar al primer cargo de la Nación, y así las cosas, la posibilidad de un socialismo al estilo Chávez y los hermanos Castro estaría mas cerca de ocurrir en nuestra nación. Frente a una futura situación de esta naturaleza y para su neutralización podrían plantearse dos escenarios: en primer término, se precisa de una vigilancia y seguimiento  a su administración por parte de los altos entes de control del Estado; en segundo lugar, desistir, por ahora, de una revocatoria del mandato, por cuanto a un año de gobierno no tiene fundamento esta intención y, por el contrario, le daría mas popularidad dentro de una clase social marginal numerosa y beneficiada por su acción de gobierno. Quedan pues al examen de la opinión pública estas inquietudes que las formula un demócrata al considerar que se debe defender nuestro sistema, como el menos imperfecto para conducir las sociedades.

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