Ahora, Luis Delgado es inmortal

Ahora, Luis Delgado es inmortal

Entró en la historia de Millos al marcar un penalti y atajar otro en la definición contra el DIM.

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16 de diciembre 2012 , 10:14 p. m.

Este domingo, Luis Delgado entró en la historia de Millonarios: se volvió inmortal al anotar un penalti y tapar otro en los tiros desde los 12 pasos que le entregaron la estrella 14 al conjunto azul.

La cita histórica de Delgado empezó antes de pisar el campo del estadio El Campín. Su mujer y sus hijos lo esperaban a un lado del túnel que unía el bus con el escenario deportivo. Allí, un beso, una caricia y, sin duda, muchas palabras de amor hicieron que los ojos del portero se vieran medio cerrados para no dejar escapar las lágrimas que se asomaban con la emoción.

Fue una despedida como cuando a un gladiador lo mandan a la guerra con la promesa de volver. Debía ser un retorno victorioso.

Su imagen se perdió y, cuando se lo volvió a ver, ya estaba con su armadura de algodón y sus guantes, que parecían de acero. Listo para la batalla en el escenario azul.

Durante los 90 minutos de la lucha final no fueron muchas las proezas que el portero, nacido hace 32 años en Bucaramanga, dejó para contar. Al contrario, en el minuto 7 del segundo tiempo se refundió entre los villanos al soltar un disparo y permitir que su fortín fuera vulnerado. Un silencio desolador asaltó el lugar.

Sin embargo, cuando la multitud agónica reclamaba a un héroe, Delgado apareció. Y no una vez. Fueron dos las históricas estocadas que dejaron moribundo al Medellín, primero, y que luego lo enterraron.

Tras el 1-1 en el encuentro cuerpo a cuerpo llegó el paredón de los penaltis y, de paso, la oportunidad del guardameta para volverse inmortal. En el sexto turno él se hizo presente y con un derechazo certero anotó y golpeó las esperanzas de título del 'poderoso'.

Pero eso no era suficiente. Ahora tenía la misión de hacer lo que le enseñaron, para lo que fue entrenado casi que toda la vida, para lo que nació: tapar. Y no le quedó grande el vestido ni tampoco pesados los guantes, que fueron de acero para detener la ejecución de Andrés Correa.

En ese momento finalizaron 24 años de sed y hambre de títulos, de ansia de gloria. Delgado llegó y con sus mismísimas manos bajó del cielo una estrella esquiva y la acomodó junto a las otras 13, que generaciones pasadas de guerreros habían conquistado.

Al final, sus ojos, bien abiertos, anhelaban encontrar a su mujer y a sus hijos para darles el parte de victoria: ¡campeones!

IVÁN ANDRÉS GUTIÉRREZ
REDACTOR DE EL TIEMPO
En Twitter: @ivagut

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