Falcao García, personaje del año: el símbolo de una nueva era

Falcao García, personaje del año: el símbolo de una nueva era

El delantero colombiano le devolvió la esperanza a la Selección Colombia. El 2012 fue su año dorado.

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15 de diciembre 2012 , 11:19 p.m.

Lo inconcebible de Radamel Falcao García, más allá de los goles y los goles, es que no va a perder la cabeza por ahí. No va a ser soberbio en la victoria ni va a volverse mezquino en la derrota ni va a bajar la guardia cuando ya no sea un maduro goleador de 26 años a la vista del mundo, sino otro viejo crac de 37 con otra vida por delante. (Lea: 'Su mentalidad es avasallante': Diego Simeone)

Seguir viviendo es seguir concluyendo que nadie es extraordinario. Pero que hay personas que se vuelven personajes –personajes del año, por ejemplo–, pues su forma de ser es una gesta: pues enfrente de todos, de una forma que, como un milagro, resulta mejor describir que explicar, han alcanzado todo lo que se han propuesto. Y García, que pertenece a una generación de colombianos que no le tiene miedo a ningún sitio del planeta, que no ha acusado recibo de ese “aquí nada se puede”, que ha sido la verdadera marca del país, es una historia que tiende a ser contada porque ha hecho lo que ha hecho a su manera.

En ese escenario verde que es el campo de juego, de los parques de Colombia a los estadios de Europa, Falcao García ha sido siempre el protagonista del drama. Pero después de alguna proeza como la del domingo 9 de diciembre del 2012, después de, por ejemplo, meter cinco de los seis goles que le dieron la victoria a su Atlético de Madrid frente al Deportivo La Coruña (después del balón cruzado, del taponazo al ángulo, del penalti puesto en un la esquina de abajo, del cabezazo en la línea y del disparo al fondo que ese domingo confirmaron su estatura de estrella del fútbol), García ha sabido reaccionar con la cordura de un piloto que ha traído a los seguidores de su equipo sanos y salvos y extasiados hasta el minuto 90.

El ‘Tigre’ Falcao García, que se llama así en la cancha desde sus mejores días en el River Plate, se porta como su apodo mientras dura el partido. Pero apenas pone un pie fuera del campo de batalla va por ahí como un tipo tímido –con una vocecita que apenas se escucha– orgullosamente resignado a sí mismo.

Nació el 10 de febrero de 1986, en Santa Marta. Ha vivido en Medellín, en Táchira, en Bogotá, en Buenos Aires, en Oporto y en Madrid. Pero lo más importante, a la hora de hacer su retrato, es decir que su nombre completo es Radamel Falcao García Zárate. Pues su papá, un reconocido jugador samario llamado Radamel García, lo bautizó así para que fuera “un hijo tan disciplinado como el padre”, pero tan talentoso como ese Carlos Roberto Falcão que era el espíritu de la Selección Brasilera del Mundial 82. Su papá le dio asimismo el apellido para la cancha, pero su mamá –que lo puso a leer la Biblia, a ver El Zorro, a ser su apoyo– le dio el apellido para la vida. Desde los ocho años supo que era un futbolista. Desde los ocho años dio “el paso de seguir a Jesucristo”.

En la Bogotá de 1993, feliz de dejar atrás un colegio que más bien parecía una correccional, Falcao García entró a estudiar al Nuevo Gimnasio Cristiano, que fundó la iglesia cristiana evangélica a la que iba siempre con su madre: la Casa sobre la Roca. Fue en ese lugar en donde, en un equipo de fútbol llamado Club Deportivo Fair Play, se encontró con un pastor argentino que, en verdad, creyó en él: Silvano Espíndola.

Espíndola, aquel exjugador del Millonarios de los ochenta que hoy es llamado por sus fieles “un reverendo con un estilo dinámico y sencillo”, en el 2002 llevó a García al Buenos Aires que tanto soñaba. Y el jugador de 16 años, que no tenía vida más allá del fútbol, que apenas dormía y comía entre partido y partido, fue vendido entonces al icónico River Plate por la nada despreciable suma de 350.000 dólares.

A García poco le gusta hablar de esos primeros años: poco habla del hambre y del frío que llegó a sentir en las divisiones inferiores de River, de la lesión de ligamentos que casi lo saca del fútbol, de cómo su padre acusó a Espíndola de hacer negocios a espaldas de la familia, de todos los precios que tuvo que pagar, en fin, por jugar en la liga de Riquelme, de Palermo, de Gallardo. Pero, porque “fue en esos años difíciles que comencé a descansar en serio en Dios” y conoció a una esposa cantante justamente llamada Lorelei, no niega que valió la pena debutar herido y triste en una liga que pronto se rindió a sus pies ampollados. Fue el domingo 2 de octubre del 2005, cuando ‘Mostaza’ Merlo, el técnico de River, le preguntó: “¿Vos te asustás si yo te meto contra Independiente?”. Y García le respondió: “Si tuviera miedo, no estaría acá”.

Y de la pregunta “¿quién es este?” el mundo del fútbol pasó a la pregunta “¿cómo lo hace?”. Y así empezó esta gesta que cumple ya seis años. En el River, en donde del 2006 al 2009 se volvió un dios menor, Falcao García alcanzó a hacer 45 goles. En su estruendoso paso por el Porto, en Portugal, que en 2011 lo llevó a ser considerado “el quinto mejor futbolista en Europa”, anotó 72 veces en 84 partidos. Y en el Atlético de Madrid, que desde que pagó 40 millones de euros por su pase lo empujó a la liga de los geniales Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, ha marcado en 55 ocasiones en 65 encuentros. Este 2012 ha sido su año definitivo: su instinto se ha inventado todos los goles; su camiseta número 9 ha estado en todas partes; su nombre no ha faltado en ninguna lista de “los mejores del planeta”. Pero, aun cuando los niños le rueguen a la salida del estadio Vicente Calderón “Falcao, no te vayas del Atleti”, aun cuando decir que “Falcao es uno de los principales jugadores del mundo” hoy sea simplemente pronunciar un hecho, García nunca va a evanecerse. Y, porque su humildad convive con sus ganas de ganar, no se va a ir del fútbol sin haber disputado un mundial.

Así es. Resulta increíble, pero así es: el nombre Falcao hoy no solo significa el espíritu de la Selección Brasil de 1982, sino, sobre todo, el alma de la Selección Colombia del 2012.

Colombia se había acostumbrado a que su equipo de fútbol, en las manos regordetas de unos dirigentes a la altura de los peores políticos, estaba más que condenado a llegar a la última fecha de las eliminatorias del mundial con la inútil esperanza de clasificar en el último segundo por obra y gracia del Espíritu Santo. Y sin embargo, después de un comienzo errático por cuenta de las mismas mañas de siempre, ahora todo parece indicar que en lo que queda de la ronda clasificatoria la nueva Selección Colombia podrá conseguir los puntos que le hagan falta para ir al campeonato del 2014. Según García, ha sido José Pékerman, el técnico argentino que asumió la conducción del equipo a principios de este año, quien “dio un vuelco al fútbol, los resultados y la confianza que hoy tenemos”, pero, para ser justos, habría que decir que el coraje y el talento –y los cinco goles– del propio García también han sido fundamentales en el renacer de Colombia en la eliminatoria.

Así es: el 2012 será recordado como el año en el que, mientras tantos y tantos politiqueros terminaban de perder el territorio, la representación y el respeto del país, una generación encarnada en el campo de juego por García nos enseñaba a todos que Colombia tendrá un futuro a pesar de sus dirigentes, que cada quien tiene su manera de no ser extraordinario, y que se puede ganar, sí, sin perder de paso la cabeza.

Ricardo silva
Escritor bogotano.
Es autor de novelas como ‘Autogol’, ‘Tic’ y ‘Parece que va a llover’. Acaba de presentar ‘ Érase una vez en Colombia’.

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