El 'amansalocos' de las artes marciales mixtas

El 'amansalocos' de las artes marciales mixtas

El luchador se gana la vida entre puños, patadas y llaves, aunque el deporte no le deje dinero.

14 de diciembre 2012 , 07:15 a. m.

Carlos Oviedo pudo haber sido, fácilmente, un destacado en los deportes extremos, por su pasión por la adrenalina; un excelente policía o militar, por su coraje ante la vida, e incluso un dedicado profesor, por la paciencia con la que les explica a sus compañeros; sin embargo, lo que le gusta a Carlos es pelear. Lo hizo en el colegio durante los años que estudió, lo practicó en su hogar cuando se fue de la casa, lo necesitó en la calle para sobrevivir, y ahora, incluso, vive de eso.

Hace seis años se fundó en el país la Federación Colombiana de Artes Marciales Mixtas, un deporte que mezcla diferentes técnicas de combate cuerpo a cuerpo, para enfrentar a dos luchadores en un escenario octogonal encerrado en mallas metálicas: una ‘jaula’.

Aunque aún se busca su constitución oficial como liga, ya se han desarrollado varios torneos de este deporte en el país, reconocido mundialmente por su máxima liga: La UFC (Ultimate Fighter Championship).

Durante una sesión de entrenamiento, Oviedo sometió uno a uno a cuatro de sus compañeros. No hubo golpes, solo técnica, sudor y fuerza, y luego del combate, con la respiración acelerada por el entrenamiento, está tranquilo.

No mira a los ojos mientras habla y, en cambio, desvía su cabeza hacia una pared, intenta recordar cada vez que se le pregunta por su vida pasada, peleando en la calle, pero parece evitarlo.

¿Qué son las artes marciales mixtas para usted?

Para mí es algo que me ha ayudado mucho en mi personalidad. Yo soy una persona, no agresiva, pero sí caliente, y esto me ha ayudado a quitarme el estrés. Entreno, peleo y salgo mansito.

¿Se considera un buscapleitos?

La sociedad es peleadora. Todo el mundo es ‘alzado’ y si uno sale a no pedir disculpas pues encuentra problema. No es que yo busque los problemas, simplemente, los encuentro. Todo mundo, manejando, en los negocios, por todo lado uno se encuentra que la gente está salida de los cabales y con este entreno he podido aprender a controlarme.

Pero además de pelear, ¿qué hace?

Trabajo en un bar como ‘amansalocos’, es decir, calmando peleas en un bar en la 170 con autopista. Caben cerca de 700 personas y ese número de gente, con trago, siempre da para que se armen peleas. De todas formas yo no me las doy de ‘sayayín’ a pegarle a la gente ni nada. Siempre hago una llave, los someto y van para afuera.

¿Cómo fue su paso de las peleas callejeras a las artes marciales mixtas?

Hace unos cuatro años vi en las noticias ‘la jaula’, yo siempre veía en televisión las peleas de la Ultimate Fighting Championship (UFC) y cuando vi que acá estaban haciendo eso los contacté y a los ocho días estaba teniendo mi primera pelea, desde ahí he peleado bastante (ríe).

¿Y cuál es la diferencia entre las dos?

Yo venía era de pelea de calle y cuando llegué a esto no me sirvió para nada porque me di cuenta de que un pelado de 60 o de 58 kilos podía hacer fiesta conmigo. Entonces ahí fue cuando decidí que quería aprender. A mi me vio el potencial Iván Galindo ‘La Bestia’ en una de las peleas, se me acercó y me dijo que me quería entrenar y ahí fue cuando me demostró que yo no sabía nada.

Empecé a entrenar técnicas como jiu jitsu, judo, kick boxing y otras… cosas que para mi, con lo que a mi me gusta la pelea, pues imagínese, fue como hacer mi especialización en Harvard. (Ríe).

¿Siempre ha peleado?

Desde pequeño, en el colegio me daban en la jeta unas veces, otras ganaba, normal. Ya cuando empecé el entrenamiento vi la diferencia. La técnica levanta a un tipo de 120 kilos, la técnica somete a un tipo de 20 o 30 kilos más que uno, la técnica rompe paredes porque uno aprende a pegar bien. Por ejemplo: a mi me fascinaba pegar patadas, soy muy elástico, pero pegaba como futbolista. Cuando llegué acá me dijeron, ¡no!, hay que pegar con la canilla, así que me tocó empezar de ceros a golpear y a matar los nervios de la canilla para que fuera indoloro.

¿Cómo es una pelea?

Cada cual sale con su plan de pelea. El mío, por ejemplo, es salir a pegar. Pero el que sale a agarrar y a someter lo hace. Ambas formas son muy efectivas pero en la pelea si se ve eso que llaman el corazón, ablandar al otro… si a uno le pegan dos o tres puños de entrada, se ablanda. Hay gente que sabe mucho pero le falta corazón o hay quienes no saben mucho pero a punta de corazón ganan unas peleas tenaces.

¿Qué se siente en esa jaula?

Pues imagínese, yo con 38 años ya he pasado cualquier cantidad de luchas en la vida y no soy un niño chiquito para decir que me siento vivo o algo así, pero la adrenalina es impresionante y cuando me bajo de ahí (la jaula) puedo quedar unas dos semana en una paz. Se vuelve algo adictiva esa emoción.

¿Cuál es su récord?

He noqueado a 14. No me han noqueado ni una sola vez. Me derrotaron una vez con jiu jitsu en Ecuador y ya.

***

Al moverse, mientras habla, ‘El Loco’ revela algunas cicatrices en su pecho, estómago y brazos. Son marcas de lo que alguna vez fueron heridas abiertas, de cuchillos, de esas que hay que coser y dejan un zigzag en la piel. La del estómago sobrepasa a lado y lado del ombligo unos dos centímetros; la del brazo, es arrugada y de unos tres centímetros.

Al preguntarle por las heridas me revela unas seis más. En sus piernas, espalda y cuello.

“Eso era cuando la calle, y son hartas cicatrices. Todas son de peleas callejeras, puñaladas, tiros, todo lo que trae la calle. De esa calle llegué al deporte y ahí estoy”, dice.

¿Se siente cómodo pelando?, digo, ahora que es su deporte…

Las calle era un asunto de sobrevivencia y ahora ya puedo tomar la vida con calma y descargar la euforia, la rabia y los malos recuerdos en esto.

Luego ¿cómo era su vida antes?

Normal, un hombre trabajador como cualquiera. Pero así como hay manes que son bonitos y atraen viejas, hay otros que atraen plata y hay otros que atraen problemas. Yo veía que atraía problemas, yo salía y empezaban a buscarme -¿Qué, muy grande?, ¿qué, no cabe?-, me decían y yo nunca me eché para atrás y tuve muchos problemas en la calle, pero desafortunadamente la gente no pelea a mano limpia y se arman de fierros o de cuchillos y entonces en las peleas me dieron tiros, en peleas me dieron puñaladas y en peleas me mataron un hermano.

¿Así no más?, ¿cómo fue eso?

Eso fue en el centro, en el [Centro Comercial] Terraza Pasteur. Nos fuimos disque a bailar en el segundo piso a los sitios de salsa. Nos tomamos dos medias de ron y salimos, y afuera nos abordaron los de una bandita a buscarnos pelea. En la pelea sacaron cuchillos y así tan rápido como se lo cuento me mataron a mi hermano.

Usted que ya lo vivió, ¿qué piensa de los que pelean en la calle?

Ahorita cualquiera puede cometer una brutalidad. Todo mundo se cree ‘Superman’ o asesino y con los tragos lo hace realidad. El problema es que al otro día se cogen la cabeza.

El tipo que mató a mi hermano, uno lo ve y dice: este ‘hijueputa’ de verdad no sabía lo que estaba haciendo. El tipo tenía dos hijas en la casa, un hogar y uno dice, bueno, yo esperaba que fuera un ‘chirrete’ o un man paila, pero ni si quiera por eso se respeta la vida.

Yo tengo tres hijos y digo: bueno, yo no voy a llegar a abrazar a mis hijos con las manos llenas de sangre. No sé, me doy cuenta que la noche es muy peligrosa y yo mismo soy peligroso. Lo que veo es una mano de demonios enloquecidos por el trago o por las drogas. Yo tengo mis hijos y los voy a cuidar de esas ‘rumbitas’.

¿A cuáles rumbitas se refiere?

El que se echa un cuchillo al bolsillo lo hace para verse en una pelea, para defenderse. Es salir con un pensamiento negativo. Imagínese alguien que sale con fierro, dicen que salen a rumbear pero salen es a hacer daño.

Yo requiso en mi trabajo unas 600 personas en una noche y entre ellas encuentro unos 40 cuchillos. Eso es un porcentaje muy alto. ¡Claro!, uno ve caras y dice, este chinito salió con un cuchillo y con ese mismo le dan, este sí es capaz de hacer daño. Eso se ve y se siente en la energía de la gente.

Si eso es lo que yo veo en una rumba y en una noche, imagínese como es en toda la ciudad y en este país… Es muy triste ver una cantidad de ‘culicagados’ con cuchillos, con botellas, tirándose a matar. Mire, ese caso de la 85 [Caso Colmenares], muchachos universitarios, buena familia y tome su botellazo. Ese botellazo lo veo yo cada ocho días.

A usted ¿por qué le tocó la calle?

No me gustó el estudio y me fui de la casa a los 16 años. No por que me echaran ni nada ni porque me faltara algo, simplemente me fui. A los 19 años tenía un hijo y de ahí imagínese la vida para un pelado que no terminó el bachillerato, que no está preparado para la vida y con un hijo y una mujer.

Me tocó ‘tirarme al tres’. A vender a en la calle, a jugar y a apostarle a cualquier cosa y en ese juego llevo muchos años. Con lo de mi hermano, por ejemplo, me tocó a mí buscar a los manes y llevarlos a la justicia porque la policía no hace un ‘culo’. Y le dieron nueve años, ¡Nueve años! por un asesinato. Y con rebajas terminará pagando por ahí cinco años…

Pero eso cambió con el deporte ¿no?, ¿ahora vive de esto?

Si y no. Yo entreno por el deporte y no me pagan por esto, pero lo que entreno me sirve para trabajar en el bar en donde tengo que pelear, así que todo es a nivel de puños. (Risas).

Carlos, que entrena en el barrio San Rafael, no recibe un sueldo por pelear cada tres meses. Con el apoyo de la Federación Colombiana de Artes Marciales Mixtas participa en torneos amateur para clasificarse y, de ese modo, empezar a pelear en ligas internacionales donde reciba patrocinio y dinero. Cómo él, más de30 peleadores que compitieron en el Colombian Fighting Championship, lo hicieron con el único objetivo de dejar de ser aficionados en el deporte.

¿Qué es lo mejor de pelear?

Ver el público, esa emoción, sentir que lo reconocen a uno.

¿Se siente grande dentro de la jaula?

No, cuando uno está adentro ya no se siente nada de eso, solo unos ‘hijuemadres’ nervios y esperar que comience. La emoción es cuando uno va hacia la jaula y ve toda esa gente.

¿Siente miedo?

¡Claro!, yo siempre me subo con nervios y con miedo, pero eso es mientras espero que arranque. A mi me dicen ‘loco’ porque siempre he sido loco e impulsivo. También me dicen: usted ya está viejo, tiene hijos, no tiene necesidad de estar haciendo esto; y pienso todo eso, pero cuando ya va a arrancar el combate es donde viene lo bonito de esto y es que me lleno ánimo y se me va todo.Se acaba la pelea y ya, uno queda tranquilo.

***

Oviedo es un animal, un tigre, dice él, y esa pasión por la pelea, esas ganas de enfrentarse y esa impulsividad que lo han caracterizado desde siempre, hoy hacen que este ‘amansalocos’ esté entre los favoritos de su grupo en la práctica de artes marciales mixtas y sea visto como un deportista y no como un demente, como: ‘El Loco’.

ALEJANDRO BORRÁEZ

Redacción

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