La trata de personas

La trata de personas

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13 de diciembre 2012 , 04:50 p. m.

 Una ola gigante de indignación y de ira ha sacudido a la Argentina. En Buenos Aires, y en las demás capitales, se han efectuado marchas multitudinarias de rechazo a la decisión de la justicia argentina que absolvió a los trece acusados en el juicio por el secuestro y desaparición de Marita Verón. Tanto el gobierno de la presidenta Cristina Kirchner como la oposición, y todos los estamentos decentes de la sociedad, expresaron su repudio enérgico por el fallo judicial que deja libre a la pandilla de criminales, primer hilo de una inmensa red de trata de personas con extensión en el mundo entero.
 
María de los Ángeles Verón, llamada Marita, tenía 23 años cuando en el 2002, después de salir de su casa, desapareció. Las pesquisas incesantes por encontrarla a lo largo de los diez años transcurridos hasta hoy han sido inútiles. Cada pista que encontraban sus familiares, o la policía, se borraba misteriosamente. Sin embargo, tras el rastro de Marita, fueron rescatadas otras jóvenes víctimas de la red de trata de personas que las obligaba a prestar servicios de prostitución, bajo un régimen de esclavitud y de oprobio. Algunas de ellas testimoniaron haber visto a Marita, en distintas ocasiones y lugares, y en condiciones anímicas deplorables. Una de las jóvenes rescatadas declaró que Marita lloraba con frecuencia y suplicaba que no la separaran de sus tres hijos. Otra testigo dijo que cuando los investigadores estaban cerca del lugar donde se hallaba Marita, los traficantes de personas eran avisados por contactos dentro de la policía, por lo que de inmediato procedían a trasladar a Marita a otro sitio.
 
Se regaron cientos de pistas falsas. Miembros de la pandilla, capturados por las autoridades, declaraban que Marita no estaba en Argentina sino en España. En España la situaban en Shanghái. Marita Verón sigue desaparecida.
 
La madre de Marita, Susana Trimarco, que no ha descansado un solo día en estos diez años, en busca de su hija, ha desenmarañado en su largo calvario, y revelado en su dramático testimonio, la trama que conforma esa red tupida de corrupción y de crimen en que se desenvuelve el tráfico de personas (mujeres, niñas, niños, principalmente, son las víctimas de tal horror) y en la que participan políticos, altas autoridades, policías, enfermeras, jueces... Como para una novela de Dostoievski o de Henning Mankel.
 
La acción de la madre de Marita Verón no ha conseguido su fin primordial, el reencuentro con su hija, o por lo menos saber con certeza qué fue de ella; pero ha logrado el rescate de veintiuna jóvenes argentinas víctimas de la trata de personas, y llevar a juicio a trece implicados en el secuestro de Marita. El 9 de febrero del presente año se inició el juicio contra los trece. El 16, Susana Trimarco dio inicio a su testimonio y aportó pruebas archisuficientes para condenar a los imputados. El 11 de diciembre pasado la Sala II Cámara Penal de Tucumán absolvió y dejó libre a la totalidad de la pandilla de traficantes de personas acusados del secuestro y sometimiento a esclavitud sexual de María de los Ángeles Verón, Marita.
 
¿Tendrán esos jueces, que produjeron un fallo a todas luces contraevidente, algún nexo con la mafia? Uno de los pandilleros absueltos por la Cámara Penal de Tucumán se apuró a declarar que demandará a Susana Trimarco, la madre de Marita. No dudemos de que, si los jueces que acogen la demanda del sujeto José Fernando Gómez, alias el 'Chenga', son los mismos que lo absolvieron, o semejantes, la madre de Marita será condenada. En una sociedad lumpenizada, el victimario se convierte en víctima, y la víctima pasa a ocupar el rol de malvada.

La trata de personas es uno de los negocios criminales más aberrantes de todos los tiempos. Pensaríamos que en el civilizado siglo XXI esa lacra pertenecía a la historia. Resulta que no. La trata de personas es de los peores cancros que azotan a las Sodomas y las Gomorras de nuestros días. En Colombia desaparecen a diario niñas y mujeres jóvenes, de las que nada se vuelve a saber. ¿Qué fue, por ejemplo, de Yesenia Chacón? ¿A nadie volvió a interesarle su suerte? Los criminales siempre cuentan con dos aliados poderosos (aparte de la complicidad de ciertas autoridades): la indiferencia o el miedo de los ciudadanos.
 
El fallo inicuo de la Cámara Penal de Tucumán, Sala II, ha suscitado en la presidenta Cristina Kirchner, con el apoyo unánime de la sociedad argentina, un llamado contundente a reformar la justicia, a democratizarla. Y eso vale para los demás países de nuestra América Latina, donde la justicia se confunde y se refunde con el sistema legal. No existe la justicia en estos países, y mientras no exista, negocios horrendos, crímenes de lesa humanidad como la trata de personas, seguirán campantes. Los jueces están para absolver a sus autores. Y si es necesario, para condenar a las víctimas.

Yo invito a las madres colombianas a manifestar su solidaridad con la madre de Marita Verón.

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