La virginidad de María

La virginidad de María

notitle
08 de diciembre 2012 , 08:25 p. m.

A raíz del tercer libro del papa Benedicto XVI sobre la persona de Jesucristo, algunos atrevidos se han aventurado a hacer afirmaciones sacando de contexto las palabras del Papa. La primera que dio la vuelta al mundo fue una referencia sobre la mula y el buey en el portal de Belén. Provoca hilaridad que le hayan dado tanta importancia al buey en un libro que sin duda rebosa teología y espiritualidad. Anón nos diría al respecto: "Ex auricula asinum" ('Por las orejas se reconoce al asno').  La segunda tiene que ver precisamente con la virginidad de María, pues ya comenzaron a saltar los que niegan la concepción virginal de María, madre de Dios, y su permanente virginidad corporal.  Tres o cuatro referencias nos pueden ilustrar acerca de la pureza espiritual y física de María.

En la larga genealogía del Evangelio de San Mateo se dice siempre: fulano engendró a zutano. Y al llegar a José, no dice que engendró a Jesús, como en los casos anteriores, sino que dice: "Jacob engendró a José, esposo de María, de la que nació Jesús", dando a entender que José no engendró a Jesús, sino que su concepción fue virginal.

Las mismas dudas de José confirman la concepción virginal de María, pues cuando él vio las señales externas del embarazo de su mujer, sabiendo que aquello no era suyo, pues él no había hecho nada para dejarla embarazada, le entraron tremendas dudas ante lo que sus ojos le evidenciaban y de la virtud que él conocía de María. Al no poder armonizar las dos cosas, estaba en una duda angustiosa hasta que el ángel le tranquilizó afirmándole que lo de su mujer era obra del Espíritu Santo.

La Virgen María tuvo un solo hijo, que fue Jesucristo. Cuando el Evangelio habla de los hermanos de Jesús, se refiere a los primos hermanos y parientes, que, entre los judíos, también se llamaban hermanos. En hebreo no había palabra para decir primo. La palabra 'hermano' abarcaba varios grados de parentesco.

Si la Virgen María hubiera tenido otros hijos, Jesús en la cruz no se la hubiera encargado a Juan, sino a ellos.

En resumen: pertenece al tesoro de nuestra fe el que María Santísima fue concebida libre del pecado original y que permaneció siempre virgen. La Iglesia, como buena madre y maestra, nos lo enseñó como verdad dogmática en la bula Ineffabilis Deus, del 8 de diciembre de 1854. Y sobre la virginidad perpetua de María tenemos la declaración del Concilio de Letrán (649) y el Catecismo de la Iglesia Católica que afirma en el número 499: "La liturgia de la Iglesia celebra a María como la 'siempre-virgen' ".

José Manuel Otaolaurruchi, L. C.
twitter.com/jmotaolaurruchi

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.