Editorial: El control de Internet

Editorial: El control de Internet

07 de diciembre 2012 , 08:08 p.m.

Hasta el próximo viernes tiene lugar, en Dubái, la Conferencia Mundial de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT), el ente de la ONU encargado de dictar las normas y regulaciones sobre los servicios de comunicaciones en el mundo.

Desde hace 24 años, la UIT no se reunía para revisar aspectos relacionados con el tratado internacional que hoy regula el control y gobierno de la red de redes: sus políticas de uso responsable, la seguridad, el control de contenidos y los niveles de calidad de servicio y acceso masivo, entre otros puntos. El objetivo era poner a los 193 países asistentes de acuerdo en torno a un tratado amplio que garantice el acceso a la Red de muchas más personas.

Más allá de que, en efecto, haya sido una reunión a puerta cerrada, sin la opinión de los usuarios, la gran preocupación esta semana giró alrededor del riesgo de que en el documento final se incluyeran normas que conminaran a las naciones a imponer medidas de control que desdibujaran a Internet, que le hicieran perder su sentido abierto y libertario.

La puja fuerte se vivió entre los Estados Unidos y la misma UIT. Para el gobierno de Obama, la UIT pretende concentrar el control y la gestión, en manos hoy de entidades sin ánimo de lucro, como la Icaan, que se encarga de distribuir las direcciones web y que está adscrita al Departamento de Comercio de Estados Unidos.
Como era de esperarse, no se logró un consenso total. Para EE. UU. y Europa, Internet "ya funciona bien y no debe ser regulada", ni mucho menos controlada o limitada con propuestas como la de cobrar por la transmisión de videos, o la de limitar el acceso a contenidos que, según la óptica política o religiosa de un gobierno, puedan ser bloqueados.

No obstante, en la práctica, cada país impone regulaciones y controles a su libre albedrío. Rusia, China e Irán, entre otros, ya han implementado, sin respetar norma internacional alguna, vetos y mordazas contra contenidos y servicios.

También es claro que Estados Unidos está en defensa de los intereses comerciales de compañías como Google, Facebook y Twitter, que basan sus modelos de negocios en la información privada de sus usuarios, algo que la UIT pretendía limitar.

En un inmenso y duro hueso de roer se ha convertido Internet para los dientes de la UIT. No se vislumbra cómo, de manera consensuada, EE. UU. ceda algún día el control comercial y tecnológico de la Red; que Europa no siga adelante con su idea de castigar duramente los comentarios ofensivos de usuarios en contra de los gobiernos; que China no siga monitoreando y bloqueando abiertamente opiniones contrarias a sus políticas, o que el acceso a la autopista de la información aún siga siendo limitado a unos pocos.

Buen intento, pero fallido, el de la UIT por invitar a avanzar en un escenario en donde nadie soltará el poder que ostenta o su capacidad de controlar el medio de comunicación, comercio y socialización más poderoso de la historia.

Sea como sea, cabe el momento de recordar lo que era el mundo antes de la llegada de la web, la información que se quedaba oculta en los archivadores de los malos gobiernos, las creaciones -las obras de arte, las películas, las canciones- que no encontraban su lugar en la estrechez de los mercados, las opiniones que se guardaban, para mal, de puertas para adentro.

Hoy en día lo damos por sentado. Pero no se nos puede olvidar que, con sus fallas, estamos ante una verdadera conquista de la humanidad. Por eso, solo los más de 2.500 millones de personas que a diario la usan, disfrutan y aprovechan tienen el poder de velar por su libertad.

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