El espía

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07 de diciembre 2012 , 07:27 p. m.

"¿Cuánto vale?" Benjamín Villegas cerró el trato con el sobrino bisnieto de don José María Gutiérrez de Alba y en un abrir y cerrar de ojos se apoderó de uno de los mayores tesoros visuales colombianos de todos los tiempos: los 13 tomos de los diarios del mayor espía que ha estado en territorio nacional.

En 1870, Gutiérrez de Alba fue enviado por el gobierno de España en calidad de "agente confidencial" para tratar de restablecer relaciones entre la madre patria y los Estados Unidos de Colombia. Su trabajo era observar el clima político y darles una mirada rigurosa a las riquezas y a las costumbres de la antigua colonia. Gutiérrez de Alba, más que espía o diplomático, era escritor y poeta y no tenía ni idea de dibujar, pero decidió "acudir a las reminiscencias de mi niñez en el colegio, donde mal o bien se reciben lecciones de dibujo". La fotografía tampoco era un recurso con el que contaba, no solo porque era un arte supremamente novedoso, sino porque los dos únicos fotógrafos que había en Bogotá se negaron de lleno a acompañarlo en sus demenciales recorridos. Pero él no se dio por vencido.

Recorrió el país con sus acuarelas y sus cajas de colores y en 11 años consiguió, en palabras del historiador Efraín Sánchez, "el mayor esfuerzo individual en el siglo XIX por lograr una síntesis pictórica de la nación... un álbum del Nuevo Mundo". Benjamín Villegas tuvo la generosidad de mostrarme los álbumes originales, con su caligrafía perfecta y sus más de 400 dibujos, y la experiencia fue asombrosa. Gutiérrez de Alba comenzó como un dibujante torpe y desprolijo, pero, año tras año, fue adquiriendo más y más habilidades como artista. Sin embargo, más allá de la calidad de sus imágenes, su mirada es francamente conmovedora; en sus láminas está la belleza más luminosa de Colombia: paisajes majestuosos, chirimoyas, mangos y flores de tierra caliente que parecen sacados de los cuadernos de José Celestino Mutis; una variedad de pájaros alucinante, restos arqueológicos y escenas pintorescas, como la de un indígena que pelea contra una garza gigante o una máquina para exterminar hormigas.

(Vea galería gráfica del libro)

Los cuadernos, aparentemente, nunca le sirvieron de nada al gobierno español; Colombia restableció relaciones con España y Gutiérrez de Alba regresó a su país luego de 11 años de viajes, relaciones públicas y aventuras literarias, como la fundación de un periódico. Durante más de un siglo, los diarios permanecieron en poder de su familia. Villegas los encontró y ahora acaba de presentar un libro con sus mejores reproducciones, con el patrocinio de Ospina y Cía. Vale la pena mirarlo para gozar con el país que tenemos y que -como San Andrés- todavía no hemos perdido.

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