La paradoja

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07 de diciembre 2012 , 07:05 p. m.

  El mundo se pregunta si el crecimiento económico tiene límite, si se está agotando o entrando en un ciclo distinto, si la rentabilidad va a seguir descontrolada y descontrolando y si la economía tiene que ver con orden social como dice su nombre. Hace cuarenta años el famoso y desatendido informe 'Los límites del crecimiento' del Club de Roma propuso la cuestión. Uno de sus autores distingue hoy entre límites físicos y dinámica; unos, demografía, energía, ambiente; la otra, lo social como causas y consecuencias de un crecimiento bruto. Ha predominado que el mercado resuelva cómos y cuántos; los chinos por ejemplo son un laboratorio sobre crecimiento, su durabilidad, su control, su influjo.

Un diagnóstico es que los gobiernos hacen cada día menos caso de pronósticos, presos de la inmediatez que les impide mediatez. Si elecciones, reelecciones y encuestas dependen del crecimiento, ningún político propondrá limitarlo. Además, no se considera viable perspectiva mundial diferente del crecimiento, por lo que no hay voluntad para desvirtuarlo en nombre de argumentos sociales, ecológicos o de la productividad misma, la economía real averiada por la especulación. Para un banquero francés el crecimiento es "la madre de todas las batallas" porque debe calmar la crisis de deuda. Es indicativo que la lista nueva de índices de "vivir bien" de la Ocde no preocupe a la política económica. No es así misterio quién maneja la economía, si rentabilidad o política, esta cargando culpas más empresariales o financieras, de paso inocua también la ciudadanía que siente ahondarse el abismo entre ella y los "de arriba" que deciden por todos y no con propósito altruista. Aumenta por eso la desconfianza pública, añadida la percepción de 'deslocalización' de la productividad nacional a merced de agentes transnacionales anónimos.

En EE. UU. este fue el mejor para los bancos en ocho años; "los bancos están más poderosos que nunca," dice 'Le Monde', al señalar que nada ha cambiado en la finanza mundial luego de la quiebra de Lehmann en el 2008: "Gobiernos, reguladores, ciudadanos más impotentes que nunca frente a un 'lobby' financiero más eficaz en cuanto menos resistencia". La lista de abusos crece y los tolerados están intactos, uno, el 'shadow banking', el paraíso fiscal, no obstante intentos tibios de un control social de la finanza, por ejemplo el impuesto a las transacciones o el control de capitales especulativos; mientras, "sin un nuevo orden financiero... podría haber de nuevo fuertes turbulencias". Se insiste en que el mercado mismo resiente la falta de política, como se ve con la descoordinación europea y el desacuerdo de republicanos y demócratas en EE. UU. El sentimiento de impunidad viene con el de impotencia, dice alguien. Es el duelo entre democracia y mercado, entre inteligencia y codicia. Colombia vive un caso para demostrarlo.

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