En Nochebuena de la Primera Guerra Mundial hubo 'tregua navideña'

En Nochebuena de la Primera Guerra Mundial hubo 'tregua navideña'

El cese al fuego entre soldados de bandos rivales en 1914 ha inspirado varias películas.

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05 de diciembre 2012 , 05:44 p. m.

En la Nochebuena de 1914, en medio del horror de las trincheras de la Primera Guerra Mundial, soldados de bandos rivales cesaron los combates, intercambiaron cigarrillos y enterraron a los muertos que yacían en el 'No man’s land', la “tierra de nadie”.

Las denominadas “confraternizaciones” entre soldados franceses, alemanes y británicos es un episodio difícil de creer. Su veracidad ha sido comprobada gracias, entre otras razones, al hecho de que los altos mandos militares británicos, a diferencia de los franceses y alemanes, no acostumbraban leer el correo de sus hombres para dejar de lado todo aquello que pudiera socavar el ánimo de las tropas.

La prensa inglesa publicó los testimonios que mandaban los soldados de su Majestad desde el frente a sus familiares. Los diarios transcribieron los relatos de primera mano ilustrados con fotos. Hoy se conservan seis de esas imágenes. En Francia, en cambio, existen menos documentos visuales. Se sabe que un general francés ordenaba decomisarlas y destruirlas.

Gracias a ese material y al trabajo posterior de historiadores en los archivos militares, hoy se dispone de un mayor conocimiento de lo ocurrido. Ese episodio histórico, conocido también bajo el nombre de “treguas de Navidad”, ha inspirado recientemente varias producciones. La más conocida es Feliz Navidad, película de Christian Carion que representó a Francia en los premios Oscar 2006.

También se ha publicado un libro, Batalla de Flandres y de Artois (1914-1918) de Yves Buffetau, y se ha realizado un documental para la televisión francesa France 3, La trinchera de la esperanza de Jean-Louis Lorenzi, entre otros.

Las confraternizaciones fueron “múltiples y variadas” a lo largo de los 700 kilómetros de línea de frente que se extendían de Ostende en Bélgica hasta Basilea en Suiza, según explica Christian Carion (1). Las confraternizaciones incluyen desde “meros saludos y treguas tácitas hasta encuentros cara a cara”, agrega.

En la película, esos encuentros adquieren varias formas, ya que los enemigos no sólo se encuentran para enterrar a los muertos de cada bando sino también para jugar fútbol y celebrar una misa. Especialistas consultados en el momento del estreno de la película, se muestran reservados sobre algunas de las secuencias filmadas por Carion.

La profesora de historia de la Universidad París X Annette Becker estima que la estrechada de manos y las idas y venidas de un lado a otro del frente son una “caricatura". Pero sí confirma que hubo “acuerdos hombre a hombre, treguas tácitas, una gran variedad de posibilidades para evitar matar al enemigo, inclusive ayudarlo”.

El historiador Jean-Jacques Becker, otro especialista francés de la Gran Guerra, confirma que se registraron confraternizaciones pero subraya que fueron “muy marginales y se limitaron a algunos centenares de soldados en cada bando; sólo duraron un par de horas y se debieron en particular al gran significado que tiene la Nochebuena en Alemania. Ese día, los soldados alemanes cantaban en su trinchera, los otros respondían y la idea de una tregua de Navidad iba tomando forma”.

Esto es lo que muestra justamente Carion en la película. La trama gira en torno al tenor alemán Walter Kirchhoff, famoso cantante de ópera de la época, quien da un concierto en la Nochebuena de 1914. Su interpretación es aplaudida por un capitán francés y luego por numerosos soldados. Al escuchar los aplausos en medio de la noche, Kirchhhoff sale de la trinchera y se interna en la “tierra de nadie”. El capitán francés hace igual y los dos se encuentran y se estrechan la mano. Al ver la escena, numerosos soldados de ambos bandos salen de sus trincheras y confraternizan.

El punto de partida de la película fue esta comunicación que crea la música entre quienes llevan varios meses matándose. “Históricamente, todas las confraternizaciones vinieron del bando alemán, de las trincheras alemanas, y ocurrieron porque los alemanes se pusieron a cantar o a tocar música. Cantaban Stille Natch, una canción muy conocida en la época, que es la misma Douce nuit para los franceses y Silent night para los británicos. Las canciones, la música, interpelaron a los soldados rivales, los cuales escucharon y aplaudieron. Incluso acompañaron con gaitas como se muestra en la película. Se creó una especie de puente musical entre las filas que me emocionó e inspiró”.

Las confraternizaciones no cambiaron el rumbo de la historia. Durante esas efímeras treguas, los soldados olvidaban la guerra pero ésta no los olvidaba a ellos. La guerra en las trincheras continuó hasta convertirse en una de las mayores matanzas del siglo XX.

Por eso las treguas de navidad pueden parecer utópicas, una gota en un océano de sangre. Pero éstas tienen también una gran importancia simbólica. Hay un espíritu visionario innegable en el gesto de quienes fueron capaces de mirar al enemigo también como un ser humano.

La paz que vive Europa desde 1945, tras otra espantosa guerra, está contenida en ese gesto premonitorio. Aquellos que se saludaban desde trincheras rivales hace un siglo, así hayan sido un puñado, estaban mostrando el camino que tomaría después el Viejo Continente: primero la reconstrucción tras el desastre y luego la construcción de la Unión Europea, galardona este año, con justa razón, con el Premio Nobel de paz.

ÁSBEL LÓPEZ
COLABORADOR DE EL TIEMPO EN PARÍS

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