Aguas mayores

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27 de noviembre 2012 , 12:06 p. m.

Se ha armado un mierdero en Colombia (y perdóneseme el lenguaje de congresista) con dos temas que afectan segmentos minoritarios de nuestra población, merecedores de solidaridad y respeto, los isleños del archipiélago y los integrantes de la orden del pétalo, esperando que este tradicional y cariñoso eufemismo no sea desconsiderado por los ultrasensibles elegetebeístas. Se trata del recorte de las fronteras marinas alrededor de nuestro archipiélago de San Andrés, Providencia, Santa Catalina, Serrana, Serranilla, Bajo Nuevo, Roncador y Quitasueño por cuenta de la Corte Internacional de Justicia; y las mefíticas declaraciones respecto del amor entre varones, con el ánimo de encochinarlos antes que darles el pase hacia el matrimonio, emitidas por el decano de los senadores de la república.

Pocos nacionales como los nadaístas hicimos a través de los años de San Andrés nuestro paraíso terráqueo. Desde cuando bajo el alcalde Jácome Gonzalo Arango nos llevó en grupo en 1967, a hacer de chicos playeros que terminaríamos por "vender el cupo", hasta las temporadas de Gobernador de las Islas de nuestro "brujo" Simón González, inspirador de la "luna verde" y de la barracuda de ojos verdes y lágrimas azules. En San Andrés y en Providencia murieron nuestros amados aliados el pintor Samuel Ceballos y el escritor de anticipación y aprendiz de mago René Rebetez. Allí "el profeta" se reconcilió con Dios, encontró el amor y escribió Providencia. Allí pintó Kat sus mil y un Johnnykys, y encontró la muerte en motocicleta Daniel Jueves, su hijo con Alicia la maga. Allí tratamos de establecer nuestro Nadasterio. Por eso, tanto nos duele que se vaya a pique por una determinación que preveíamos "salomónica", pero no "cuántica" de ultramar.
La culpa es nuestra, primero la descuidamos por dentro y luego la descuidamos por fuera y sopló el huracán y se llevó el mar. Y ahora, ¿qué va a hacer San Andrés sin agua para pescar, sin cacharros para vender? Hay un movimiento separatista, el mismo con que se amenazaba al continente cada vez que las islas se sentían con el agua al cuello (es un decir). Así les poníamos un poquito más de bolas.

Pero, ¿de qué sirve una isla a la que le quitan el agua que es su atmósfera y su riqueza? ¿Que le queda el soberano honor de ser colombiana? ¡Valiente chiste! Sería discernible avenirnos a que San Andrés fuera un archipiélago independiente pero con agua, que colombiano seco. No les sería mal negocio cambiar la bandera tricolor por toneladas de océano. Y por el derecho sobre los hidrocarburos de la plataforma y sobre los 300 encallados barcos llenos de doblones de la conquista. Antes de que prospere el sentimiento de que es preferible asumir la nacionalidad nica para recuperar el mar confiscado, cual puede haber sido el oculto veneno del tribunal. El golpe bajo de los países bajos. Casi todos los nuestros, como la pintora Fanny Salazar y Mercurio, abandonaron la zona. Quedan grandes amigos, salud Dina Merlini, Simonetta, Patricia Archbold, el indomeñable Kent Francis.
Respecto del excrementicio apotegma del ilustre varón de Indias, habría que sacarle del refranero que "cada quien tiene el derecho de hacer de su c... un candelero", cosa que hacen los ciudadanos aludidos, dada la permisividad de sus terminaciones nerviosas. Y no se puede encacar en forma tan excluyente el sexo entre machos, cuando con las hembras suele sucedernos lo propio. Para eso existen las toallitas prehumedecidas.

Al brinco de los isleños por el despojo habría que agregar el de los ciudadanos lgtb por el indebido piropo del troglodita a través de sus proclives columnistas de prensa. Marianne Ponsford se derramó en verso frente al oprobio, Héctor Abad aprovechó para comparar el fist-fucking con la vanguardia, William Ospina sacó a lucir el florido árbol genealógico de la retaguardia, Felipe Zuleta no ha demandado y a Álvarez Gardezábal todavía no lo hemos oído.

jmarioster@gmail.com

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